Autor: Santiago Canto Sosa

Circo

 

En la carpa del mundo imperan los apodos de animales, y otros apelativos para nombrar a los seres humanos.

Para muchos hombres y mujeres, los objetos y el tiempo son pasajeros y les divierte el lenguaje usado por algunos que miran la vida como un circo, en el cual ríen y aplauden ante la capciosidad de artistas cotidianos, aunque algunos sobrenombres causan molestia en personas con ánimos diferentes.

Cierta vez, el profesor “Delo” (Fidel Canto Carrillo) tuvo la necesidad de hacer un viaje, por lo que un día antes de la fecha programada fue a comprar un boleto en la terminal de ADO (Autobuses de Oriente), que atendía “Tina” (Florentina Pinto).

Justo Estrada Sosa, "tío Justo", en febrero de 1989. Foto proporcionada por Ismael Estrada
     

Como temía perder el camión por culpa del sueño, le pidió a “Tina” el favor de mandar muy temprano a “Payaso” (Eduardo Cauich), encargado del servicio y mantenimiento de aquella oficina, a “levantarlo” de su hamaca, ya que sus diálogos con Morfeo se hacían muy profundos.

Pero a “Payaso” le surgió un caso imprevisto y no fue a trabajar al día siguiente. Sin embargo, pasaba por allí “tío Justo”, como cariñosamente le llamaban los amigos a Justo Estrada Sosa, y “Tina” lo envió al domicilio de Fidel, quien dormía plácidamente cerca de una ventana -protegida con barrotes de fierro- que daba a la calle. Justo se asomó por ella y exclamó el nombre requerido. Al ver que nadie daba muestras de escucharlo, se colgó de las barras de metal y gritó con mayor fuerza.

“Delo”, despabilándose, ante la silueta suspendida en férreo equilibrio, preguntó: –¿Eres tú, “Payaso”?

“Tío Justo” respondió con ironía: ¡No soy payaso, soy trapecista!

 
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