Autor: Santiago Canto Sosa

De padres a hijos

 

Orquestas y coros mostraban el esplendor artístico en Calkiní. Había vocación, hasta el punto en que Liborio Balmes pagara por tocar su armónica en algunas fiestas. Entre los personajes que tenían a su cargo “moloches” o bandas musicales, estaban Gerónimo Blanqueto, llamado cariñosamente Gerón, y su hijo Ponciano.

En busca de mejores oportunidades para desenvolverse, Ponciano emigró hacia Yucatán. Gerón se quedó a interpretar jaranas, mazurcas, danzones, valses y otras melodías de la época, en festividades religiosas y paganas de esta ciudad y de pueblos circunvecinos.

Orquesta de Ponciano Blanqueto. Década de 1960. Foto proporcionada por Margarita Blanqueto Avilés
     

Se cuenta que Gerón y su grupo fueron contratados para amenizar un baile en la hacienda Santa Rosa, ubicada entre Halachó y Maxcanú.

Al llegar a dicho lugar, después de un corto viaje en ferrocarril de vía angosta, Gerón se entrevistó con el patrón, quien le dio la noticia de que iba a participar en el mismo jolgorio una banda populosa de Mérida, expresándolo de la siguiente manera:

-¡Gerón tienes que pulirte hoy, vas a alternar con la gran banda de Ponciano Blanqueto, de Mérida!

Sin asombro, Gerón respondió:

-“¡Pues dígale usted a Ponciano, que será muy ching... pero que aquí está su padre!”.

 
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