Autor: Santiago Canto Sosa

En la intemperie

 

“Tío Lex” (Andrés Mijangos Herrera) fue abastecedor, y para expender carne tenía que matar al animal y llevarlo al mercado a temprana hora; contaba con el auxilio de “Ibarra”, quien se pasaba el día en la calle, buscando qué hacer para ganarse el sustento, transportando agua de aljibes o tanques en latas vacías de galletas, colocadas en los extremos de un palo que ponía sobre sus hombros, o cumpliendo encargos de algunas personas de la población.

A veces, la noche sorprendía a "Ibarra" deambulando, pero buscaba un lugar seguro para acostarse a mirar las estrellas o recibir gotas de lluvia de la temporada. Siempre encontró refugio en el único parque (en la década de 1950) y dormitaba, esperando que a “tío Lex” le llegara la hora de ir a su faena, ya que aquél jugaba dominó en una cafetería o conversaba con sus amigos en el parque, hasta la madrugada.

“Tío Lex”, óleo de Manuel Mijangos Uribe. 2004.
     

Una de esas noches, “Ibarra” se entercó en absorber plenamente el aire fresco de los árboles, la migaja de las nubes pasajeras y la indiferencia de la gente en el regreso a sus casas.

“Tío Lex” notó que habían dado las tres de la mañana y, según la versión de algunas personas, fue a avisar a su ayudante, que dormía plácidamente, recostado sobre una banca de madera con herraje. Hacía frío, pero a éste la intemperie le había fortalecido los pulmones y el pellejo; reposaba allí con la camisa abierta, como solía usarla.

Una voz enérgica lo sacó del trance: ¡”Ibis”, despierta, hay que matar ese cochino, ya es tarde!

“Ibarra”, estirándose, trató de sacudirse el sueño que traía encima; se levantó a duras penas y suplicó: “¡Espera un rato, mientras me refresco!”.

 
Volver