Autor: Santiago Canto Sosa

La gallina

 

En su juventud, “Ibarra” practicó el básquetbol en el equipo representativo del Centro de Higiene. Se afanó en actividades que le permitieron costear sus borracheras. Cuando lo llamaban a trajinar, acudía deseando ser recompensado.

Una de las famosas acciones de “Ibarra” sucedió en la casa de Abraham Canul Vivas, quien trabajaba en su sastrería por las mañanas; al mediodía daba posada a algunos muchachos de Dzitbalché que llegaban -en sus bicicletas- a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios del Colegio Superior, ya que durante el receso de clases lo visitaban; y en las noches se reunía con amigos –en el parque- a platicar.

“La casa alta”, ubicada en la confluencia de las calles 20 y 25. Foto: Santiago Canto Sosa; 2003.
     

En el patio de “La casa alta”, como le llaman al edificio mandado a construir por Genaro Alpuche Sierra en los inicios del siglo XX, y que actualmente es propiedad de Romeo Canul Bolívar, hay un pozo que era merodeado por aves de corral en busca del agua recién salida en cubos de lata.

Una gallina, en su añejo paso por el lugar, tropezó sobre el brocal y sus alas no fueron suficientemente ágiles para alejarla de ahí. Sus dolorosos cacareos provocaron la urgente intervención del dueño, que buscó a “Ibarra”. Éste acudió “al grano”; fácilmente -por su “esbelta” figura- se introdujo al pozo y sacó viva a la gallina; la cara que pondría el patrón si aquélla hubiera muerto dentro del agua.

A cambio del rescate pidió 10 pesos, que don Abraham negó y renegó, con el pretexto de que el ave costaba tres pesos. Entonces, “Ibarra”, quien repetía constantemente la palabra x’bok’ (mariposa), presumió sus dotes de basquetbolista: “¡Mira: x’bok’, sin topar arillo!”, y arrojó al animalito al interior del pozo, sin rozar parte alguna.

Después de todo, don Abraham tuvo que desembolsar 20 pesos por el favor, ya que “Ibarra”, viendo la desesperación de aquél por recuperar a su gallina, volvió a entrar al pozo.

 
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