Autor: Santiago Canto Sosa

La lucha

 

A mediados del siglo pasado, las actividades en honor de los santos patronos se manifestaban con nobleza, con el acercamiento de los devotos a iglesias, capillas y oratorios.

Alrededor de esos centros de fiesta espiritual, se ubicaban –como aún lo hacen- puestos de antojitos, refrescos, y juegos mecánicos.

En Dzitbalché, “Cuco” Santini preparó sus enseres y se trasladó a Santa Cruz (Pueblo), con la finalidad de levantar un tinglado, en ocasión de la fiesta tradicional.

     

Al concluir la tiendecilla le puso el nombre de “La gran lucha”; en ella ofrecía panuchos y aguas de frutas de la temporada.

La celebración religiosa no reunió a la gente esperada. Por lo mismo, muy pocos visitantes acudieron al changarro a consumir alguna vianda o bebida natural.

Ese fracaso no lo desanimó; a los ocho días, asistió a los festejos de San Antonio Sahcabchén, a expender sus productos. Al puesto le llamó “La lucha”.

El clima no fue benéfico para nadie. Para “Cuco” fue otro mal fin de semana. Sin embargo, la batalla continuó.

Poco tiempo después se le vio ambular por calles de Dzitbalché, pregonando la venta de granizados, a través de una carretilla de madera a la que le puso el título de “La luchita”.

 
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