Autor: Santiago Canto Sosa

Llanto por la música

 

En los comienzos de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil, que funcionó de 1990 a 2002, se vio un inusitado movimiento de padres de familia que visitaban a sus hijos, durante los ensayos en la Casa de Cultura. Se notaba el entusiasmo de chiquitines y muchachos al ejecutar piezas musicales con su violín, corno, oboe, timbal y otros instrumentos de su predilección.

Mientras el viento revoloteaba en el interior de aquel recinto, algunos señores dejaban caer sinceras lágrimas sobre sus mejillas, como producto de una emoción desbordada. En ese tiempo, asistían 65 elementos que corroboraban el renaciente ánimo por el arte de Euterpe.

Orquesta Sinfónica Juvenil de Calkiní, dirigida por Álvaro Alonzo Blanqueto. 1994.
Foto: Archivo de Santiago Canto Sosa.
     

Cada vez que el director de la orquesta miraba hacia el vestíbulo, un progenitor bajaba la cabeza para no dejar ver el torrente de sollozos que manaba de sus ojos. Al no poder reprimir su llanto, un tutor se vio obligado a aceptar, ante la pregunta de un espectador, que lloraba de felicidad por la suerte de ver a tantos niños y jóvenes en conjunción de notas y compases, lo que nunca se había visto en esta ciudad.

Pasó el tiempo, y como pasa la ilusión de quien sueña despierto, se fue perdiendo el entusiasmo de autoridades, sociedad y hasta de los propios integrantes de la Sinfónica por seguir promoviendo esa actividad recreativa y forjadora de vocaciones.

En la entrada de la Casa de Cultura, el mismo señor de los sollozos, padre de uno de los escasos integrantes de la orquesta, dejaba caer sus lágrimas espesas, como si un río encauzara su fuente en aquel lugar.

Con curiosidad, otro espectador se atrevió a interrumpirlo.

-¿Llora usted de felicidad?

-No lloro de felicidad, sino de tristeza... ¡porque a la Sinfónica se la está llevando el carajo!

 
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