Autor: Santiago Canto Sosa

"Locura de amor"

 

“La uixona” contaba a quien quisiera oírle, al tomar los primeros tragos, que estaba enamorado de una muchacha del centro de la ciudad, integrante de una familia de la “élite”.

–Es mi locura. Lo que más deseo en la vida es hacerla mi esposa. Un día me voy a decidir –sentenciaba, dirigiéndose a quien lo miraba con extremada paciencia.

Comenzaba a soñar; quizá el alcohol lo envalentonaba y sacaba de su interior los pensamientos reprimidos.

A “La uixona” sólo le importaba beber y seguir bebiendo con su amigo; entonces, el cuento venía a meterse en las orejas del escuchante:

Claudio, su tía Hortensia y una sobrina.
Foto proporcionada por Restituto Ceh Pan.
     

–Un día de éstos me voy a animar a pedir su mano; pero tengo que prepararme. Hum... –empezaba el relato–, tengo una “escuadra” con cinco tiros. Me acerco a la casa; llamo, se abre la puerta y sale la muchacha. Y le digo lo que le tengo que decir. Ella va a despreciarme, naturalmente. Va a decir que no: “en primer lugar, no eres de mi categoría”. ¡Ay! me está doliendo antes de que me lo diga.

–Saco el arma –proseguía–, y se la “pongo” en el pecho. Le digo: ya que no eres mía, no serás de nadie. Le disparo tres veces y luego, al verla caer, me “pego” los dos últimos tiros.

Al escuchar los disparos la gente se arremolinará en la puerta. Los policías llegarán y nos verán muertos en el mismo lugar. A ella la introducirán en su casa; a mí me llevarán a la Colonia (un sector de la ciudad); vendrán las averiguaciones y la gente irá al velorio. Ya estoy viendo esta escena...

–Al otro día nos llevarán juntos a la iglesia, pues el cura no va a hacer dos misas al mismo tiempo –aclaraba–. En la esquina de don “Pinos” (calles 20 y 15) se encontrarán los dos féretros, uno cargado por la “gentuza” y el otro por la “élite”. Ambos sepelios se unirán y nos encaminaremos todos al cementerio.

Después de sorber un trago, “La uixona” remarcaba:

–“¡Qué liinndo!”.

 
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