Autor: Santiago Canto Sosa

Pancha

 

A Francisca Medina Matos nunca le importó más equipo de béisbol que los aguerridos “Cafés”, que durante muchos años buscaron el trofeo de la Liga Sureña, y de la Campechana, hasta ponerlo en sus vitrinas en la temporada 1997-98 del campeonato estatal.

Pancha siempre acudió a juegos del conjunto de peloteros que adquirió nombre por el color del traje, y bautizado así por un yucateco.

También asistía frecuentemente a encuentros municipales.

Francisca recibió un reconocimiento en marzo de 1998, en el local “Kucab”. Foto proporcionada por Rafael Castillo.
     

Su figura delgada y morena fue de las primeras en llegar al campo de béisbol de la Unidad Deportiva “20 de noviembre”, en donde vio jugar a Raúl “Policía” Osorio, Armando “Torito” Muñoz, Miguel Pereyra, Crescencio Park, Celestino “Dango” Collí, Miguel Ángel Herrera, José Becerra, Juan José Pacho, Justino Delfín, Milton “Tico” González, Matías Baruch, familia Sánchez, Braulio Neri, Nelson Barrera, Jaime Orozco, y otros que vistieron la casaca local.

Como recompensa a su constante apoyo, los directivos “Cafés” le otorgaron el derecho de lanzar la primera bola en el comienzo de la temporada 1998-99. Antes, el 21 de marzo de 1998, había recibido un diploma de reconocimiento por ser la aficionada número uno.

Panchita, nacida el 4 de octubre de 1921, y mayor de nueve hermanos, fue protagonista de momentos anecdóticos.

El día en que sufrió un derrame cerebral, sus parientes la llevaron a Mérida, donde el doctor que la atendió, luego de verla recuperarse, le preguntó sobre su preferencia entre “Leones” y “Piratas”, acérrimos rivales, cuyo favoritismo aún pelean muchos habitantes de Calkiní, situada entre las ciudades que alojan a dichas novenas. Su respuesta, aunque ilógica para el galeno, resultó clara y definitoria para ella: ¡Yo le voy a los “Cafés”!

Meses antes de su fallecimiento (el 9 de marzo de 2000), su corazón había sido lastimado por el deceso de Juan Castillo, uno de sus tres hijos, a los 34 años de edad.

Otra muestra de su predilección por “el rey de los deportes”, se manifestó cuando Rafael, su hijo mediano, organizaba alguna fiesta infantil, en domingo al mediodía, por el cumpleaños de sus retoños.

Se comprometía a ayudar a preparar los “platillos” que se repartirían. Sin embargo, la señora lo hacía demasiado tarde, después de lanzar porras al equipo de sus amores y maldiciones a las huestes contrarias.

 
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