Autor: Santiago Canto Sosa

Un millar de palmas

 

Carlos Escobar Centurión, corresponsal y voceador de periódicos, fue muy ocurrente; a cualquier pregunta le daba una respuesta ingeniosa, motivado por su juego de palabras o por las circunstancias del ambiente.

Carlos, mejor conocido como “Mandolina” o “Bandolina”, hacía gala de chascarrillos y otras “puntadas”. Si el doctor Pimentel le aconsejaba que el alcohol era malo para el hígado, respondía con sorna: “qué bueno que me lo dijiste, ya no vuelvo a comer hígado”. Ese estilo empleaba en cualquier lugar.

Casa, ubicada en la calle 11, donde residió y murió Carlos Escobar Centurión. Foto: Santiago Canto Sosa; 2004.
     

Cierta vez, fue a visitar al comerciante “Choyo” (Víctor Alpuche Herrera), a quien le preguntó el precio de un millar de palmas de huano. Aquél le dijo que costaba 100 pesos, pero que con 500 pesos le daba 5000 palmas puestas en su casa; Carlos aceptó y se comprometió a pagarlas al recibir el servicio.

Una semana después se encontraron en el bar “Monte Carlo”, y “Choyo” le reclamó a “Bandolina” el incumplimiento del trato, pues le había llevado el encargo a la puerta de su casa, sin recibir lo acordado. Éste argumentó que no podía pagar, porque no se había hecho lo que el otro prometió: “500 pesos por 5000 palmas puestas en su casa”, es decir, en la imaginación de “Bandolina”, puestas en el techo de su casa.

 
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