Inicio de la página
   
Santiago Canto Sosa

LOS OJOS DE AH-CANUL

(Poemas)

1988

 

A. VISIONES DEL ORIGEN

 

CAL-KIN(1)

Antes de entrar al nuevo paraíso
abre tus ojos, caracol humano,
silba silencio
y desata los nudos terrenales
que enredó la Conquista.
Toma el hechizo
que te dio Montejo cuando el crimen,
viértelo en las venas de la historia,
sacude la raíz del nombre
para que crezca en el futuro
y adonde vayas lleva el mestizaje
como también collares de tu origen.
El corazón del maya, reencarnado en ti,
será testigo.

 

PRINCIPIO

1441(2). Despedazado,
cercenante, como su nombre palindrómico.
Gutural vocablo cruza la tierra
y calla el ojo de cercanos árboles
al escuchar la sombra de algún día.
Luz fugitiva que salió del pecho
y se desgrana desde entonces
junto a la tarde
que pronunciara Tzab Canul a sus hermanos,
a los ancestros
y a los que vienen a silbar
el siglo veintiuno.

 

INFORMACIÓN DEL INFINITO

Llegaron los Canul a nuestra selva.
Alguien les dijo que los árboles
buscaban fruto,
y se quedaron estos nueve corazones
en la verde plaza del silencio.
Venían de la fuerza,
del fuego añil que da la sangre entre los hombres,
de Mayapán la última;
trajeron al camino estacionario
su polvo y la verdad nativa.
La sed fundó su lumbre en una ceiba.
Los brazos de la calma
y el encono, que las manos dieron,
levantaron techos en los corredores.
Comenzó la sal a saturar heridas;
el agua desenvainó otros vientres
para poblar el cielo.
Tzab Canul, el mayor de los batabes,
despertó al amor y quiso juramentos,
el matrimonio arrodilló a la sangre
en el altar de sus dominios.
Los ojos de Ahkinpech y Potonchán
vieron la luz de aquella noche;
brujos de orejas centenarias
pueden contar los hechos.
Así multiplicó a la tierra el horizonte.
Los otros hombres consanguíneos
repartieron sus venas por todos los espacios,
hasta que las flores de sus númenes
aromaron los cuerpos de la vecina aurora.
En este pequeño roble de hojas deletreadas
quiero dejar constancia de aquella ciudad sin calles,
ciudad donde el silencio hablaba con nosotros
desde lo más alto de su genealogía.
Dieran testimonio de su canto
la yuya y el tunkul
si no durmieran presos en jaulas fotográficas.


LA CONQUISTA

Antes del fuego,
la mano indígena vibró en la tierra;
aún la oscuridad era su casa,
de techo y ventanales padecía
como el rebaño que perdiera Adán
cuando el delito de su hembra lo alejó del reino.
Ni el páramo tejió rebozos
en la piel del bosque azul de nuestro llanto.
Ni el ojo triste visitó a la chaya;
ni el cardenal sufría de racismos;
ni el pavo se dejaba coger plumas de oro.
Eran el silencio y el ruido.
Era la noche ciega de mil párpados
en cada hormiga.
Y así llovió luceros en todas las selvas.

Pero el hechizo de la carne,
la maldad del hueso, de su espuma,
y la razón del cráneo que relincha
abrieron su caudal de seres junto al paraíso.
Y brotó la sangre,
nació el capricho de los órganos,
el azufre decoró la sala de viejos cuerpos...
Así, comenzó la vida y terminó la muerte
y viceversa.
Quiso quedarse el hombre en su castillo
y otro hombre le quebró la puerta.
No pudo entrar el huech a su morada;
y al hacerlo,
el invasor, víbora de bronce,
ya no dejó salir la risa de su concha.
Labró su espalda el viento;
con punta de joyas minerales
la fortuna cinceló templos de sacrificios.
Y el corazón adoncellado,
entre raíces consumido,
pidió licencia a los cenotes
y lanzó su estatua
allí donde la lluvia navegó durante la cosecha.

De pronto apareció una barda ante la historia
y nadie sabe desde entonces
en qué solar del mundo vive Chac.
Ya no habla de tonos la ixcoquita;
de dientes de tunkul el niño desconoce paraderos.
¿A qué lugar del sol se mudó la raza de inmortales profetas?
Es el silencio.
Hoy nadie busca el sabukán para llenarlo de aluxes.
Gotas de pozol nutren el vientre del olvido.
La tierra amaneció en la sala de un hospital.
La cola de Kukulkán sólo aprisiona estrellas lejanas.

Y será el silencio
desde aquí hasta el pasado.

 

OTRA VEZ EL PRINCIPIO

1541(3). Años de lumbre,
siglo XVI,
por aquí pasó la lengua,
la extraña lengua de otra boca.
Por aquí pasó la sangre
con su raíz el polvo.
Y por aquí han de pasar las nuevas leyes
que regirán el cielo, al amor
y a la nación del alba.


INICIO DE LA MUERTE

Navich Canché(4) fue la primera víctima,
después llegó el motivo de la sangre
y el veneno;
y luego el nuevo ataque;
y otro, ningún indio latía.
Así quedó trunca el alma de Dios,
también se consumió la piel del esclavo.
Como una cerbatana de criptas,
la espada que rompió cráneos y pueblos
aún vive en la silueta del mundo
esperando el polvo de aquella victoria.
Y nadie beberá la luz,
vitamina de futuras piedras,
nuevas patrias de caliza,
porque Halim ni cicatriza,
ni la famosa realidad de este planeta
dejará que se enraíce el agua del origen.


LAS NUEVE IMÁGENES

Los nueve hermanos Canul(5)

Un día clausuramos la terraza,
tomamos nuestra luz original
para soltarla sobre el llanto.
Soñamos, en la sombra de Tucc-Caan,
combates contra el polvo y las estrellas
que Dios quiso prestarnos.
Como ningún sol de ceniza
quemó los corazones,
anidamos nuestra piel entre los huesos
del nuevo siglo.

Aquí, tomo arqueológico de antiguas páginas,
la sangre se renueva.
Ritual de imágenes la noche aclara
frente al espejo de la historia
donde la carne de otra hoguera fundó su lumbre.
El trueno de los cráneos fornicó a la muerte.
Detrás del aire fue el relincho,
jinetes contra un sol desnudo.

Rezamos; volvimos a la fragua,cansamos nuestro alivio,
hasta que el oro de la tarde antecesora
vino a brillar en el presagio.
Y sin alguna pared ante los ojos,
nos dejamos caer sobre las ramas
de ajenos horizontes.

 

B. TESTIMONIO DE LAS SOMBRAS

 

TUCC-CAAN(6)

Un árbol de verdosa luz,
de luz celeste,
de roja llama que la tarde urgía,
quiere contar estrellas,
quiere soñar humanos ruiseñores
en esta casa,
en este campo de quimeras.
Y nadie acepta su llamado,
y nadie quiere consumir su ruego.
La tierna voz de algunos niños
se diseca junto a las orillas
de este viejo tronco,
sin venas, abandonado.
Por qué vinieron los machetes
a corta la espiga?
Por qué las manos de la tierra
no levantaron muros ante el criminal?
Algún día,
cuando la vergüenza ya no aguante los celos,
los ojos de los astros
tendrán que hablar de antiguas aves
y la edad del hombre
no podrá rendir cuentas al hijo,
y el mundo quedará sin historia,
sin páginas, sin vida...


EL POZO HALIM(7)

Arco de blanca arquitectura,
la luna yergue al pozo donde bebió la España
cuando el destello de la muerte
quiso juntar hogueras de cadáveres
y sólo pudo arder más
aquel murmullo de valientes mayas.

Quién destiló su llanto en esta ofrenda?
Quién desató su pecho para el rayo
que vino desde un rifle y se anidó en las piedras?
De qué humano lucero brotó la fuente?


CHE'EN-NORIA(8)

Arriba de tu sombra
un arco de llovizna muerde al cielo,
chen noria encadenada,
chen noria pusilánime,
flor de llanto y fuego en el brocal.

Debajo de tu luz de piedra,
la noche cae, viene,
y ahoga con silencio
a quienes buscan su caudal sonoro.
Chen noria el viento
chen noria muerta en el olvido.

Entre la mano que desangra ocasos
y la otra mano amiga de la aurora
(el creador de todas las esferas)
sol inmediato al tiempo,
llega un rumor de hechizosque la ciudad y el monte
bebieron poco a poco a latigazos de agua.
Che noria vive en el recuerdo,
chen noria el ojo de la tierra.

 

ALGUNAS LEYENDAS

Un hombre pasa entre la luz en pena,
ante la cruz del diablo y los aluxes
que atisban la ciudad
con sus tesoros: la cosecha,
hierbas de chivobrujo, hanlicol...
Un hombre pasa entre la luz del miedo
y mira su esperanza
derretida en el candor de la X'tabay.
Esa mano mueve al horizonte
(negra línea de la muerte)
y el bokebán(9) deslíe su corteza
para dársela a beber a los futuros hombres.

 

DIOS(10)

(El del Viejo Mundo)

De la noche a la ceniza del alba
tu mágico poder cursa la vida
y nos adentra al mundo,
círculo de barcos y fogatas,
plétora de vigas y azoteas,
tesón de brazos en la espalda, musgo.
Soñando, la consigna del delirio,
el hombre que desgrana rezos,
perlas de sonido,
alcanza el mástil de la fe, construye,
azota cráneos con su pecho,
corazón de ortiga.
Y tú, Señor bendito,
descubierto en la esperanza nos acechas,
permites nuestra voz, el llanto,
cuantas los ojos que entregamos a la plegaria;
un rito das a cambio de la tarde.
Tenaz, cordial con el silencio,
tu floración divina
premia la devota consunción del alma
entre los muros de la piel;
tu planta etérea ramifica en nuestra sangre.

Dios archibuscado,
amigo de antiguas soledades
destierra de esta vieja colmena de luz
aquellas sombras de infiernos futuros.
Destruye el mal de ojo,
otorga soplos a la estirpe
para que el súbdito de tu imagen se levante y diga:
¡Yum, Señor...
... escúchame!

 

TEMPLO DE SAN LUIS OBISPO(11)

Puño de fe,
palacio de oración que permanece
cobijante,
lleno de cánticos, abierto en letanía.
Aquí abandona su fiebre el cierzo,
aquí deja el espíritu llanto de hamaca.
En este breve paraíso
el alma pliega su razón y vive eterna.

Atrio de cálices,
aquí reina la calma
y brota el aire franciscano
en busca de su plétora.
Aquí luce la hiel y luego al extinguirse
curte a la imagen del dolor.
Y aquí también, tendido sin faroles
Cristo regala estrellas
para el vástago del hambre religiosa.

 

DÍA DE MUERTOS(12)

Incienso. Humo de ruda. Tos de albahaca.
El viento asoma en el recinto
y cala entre los huesos y la sangre
una silueta, un rosario de luto cósmico,
terrenamente universal, sudor de piedra.
La luz viene a la sombra,
el canto de los ojos que vomitan fuego
tiende garabatos de lluvia en la plegaria.

El copal hiende su espuma,
la noche abanicó al silencio. La ofrenda.
Alguien busca la piel de su difunto
y un sopor de muerte vaga entre los cánticos.
Hoy, día de muertos y de velas,
dormirá junto a la vida el sueño.
Mañana, el día de la casa entre los árboles,
tendrá su nuevo nido la esperanza.

 

ESTACIÓN DE LOS DORMIDOS

Bullicio compra el alma
cuando percibe a la estación del sueño.
El humo de la mente
descansa entre los rieles de las venas.
Aquí termina el viaje.

Vuelve a partir la sangre hacia la noche.
El hierro de la sierpe
tiende a marcar aquel dolor
(de quien prosigue el rumbo de la vida).

Nadie conoce la estación del hombre,
el cruce de vías,
que va del cuerpo a la ceniza;

sólo quien vuelve narra los paisajes.

 

VELETA

Flor del viento,
no dejes que la zarza cunda tu cintura de metal;
no dejes que el ocaso brote en tus espaldas;
abre tus ojos de aire y mueve tu osamenta;
cierra tu ventana de hélices ante el olvido.

La nostalgia lloró sangre de tierra.

La tubería trituró tu vientre;
mangueras de petróleo bañan modernas cumbres,
y tú sigues allí
vieja y distante,
rota y cercana,
veleta gris.

Pero has de ventilar la sed de mis difuntos.

 

C. LOS OJOS DE AH-CANUL

 

ESTA ES LA NOCHE

Esta es la noche,
donde el alba duerme a su gorjeo
y despluma estrellas,
ojos de la edad,
rayos de luz bajo el silencio.
Esta es la noche roja,
bosque de ovejas que llueven
cuando renace Halim,
cuando busco la ceiba y no la encuentro.
Y esta es la concha de oscura guitarra,
cuerpo de mujer dormida entre los árboles,
espejo de X'tabay
que atormenta ojeras de chiquillos.

Esta es la noche
guardada bajo llave de leyendas,
negro sabor de madres en la casa;
nadie asoma y bebe
la canción de viejas tradiciones.
De qué manera el sol vendrá
con su lisonja a la milpa?
De qué forma comerá la noche a su negrura?

Esta es la noche
y seguirá el murmullo en Ah-Canul.


X'TABAY

La X'tabay
ya no persigue al hombre,
ya no columpia niños en su pelo;
es la verdad del aire y el olvido
la causa de su eterna pesadumbre.

Era su cuerpo un sol de noche,
era su llanto una sonrisa de muerto,
era su rostro un pájaro sin alas
que nos dormía cuando el sueño no llegaba.

Dónde quedó esta sombra,
dónde se apaga el fuego
que chispeó todos los siglos
antes del humo,
antes de la conquista del farol?

X'tabay,
ay X'tabay,
duerme su ropa en un viejo campanario,
timbra su voz el corazón del viento.

Una canción de llanto y de responso
pide la sangre de una ceiba.

Por su fragancia,
dé la celeste noche una lisonja.

 

CÓDICE

Chilam Balam florece en mi librero,
diseca el ojo que violenta un comején;
la voz del aire duerme.
Viene la noche a la portada,
voy hacia el polen de antiguos huesos:
la raíz del hombre
quiere salirse de las hojas, de las letras.
Y sigue el alba...

Popolvuh tendrá mi casa,
su alfabeto dormirá en el sótano
que inventé bajo mis cejas.
Miraré la forma de su cólera,
tendré maíz con mis viejas palabras.

Cantar de Dzitbalché,
recibe el diezmo de mi plumafuente,
sangre de vena lírica.
Pondré lectura sobre la pared
que diviso entre la luz de un códice,
de un piélago de polvo,
del testamento que Canul puso en mis manos.

Será Chumayel prueba de búsqueda;
Mayapán caminará junto a mis ojos;
Dzitbalché y otros bosques de raíces
refrescarán mi lengua maya.
Y aquí, dentro del pecho,
la casa de AhCanul tiende su alfombra
de miríficos luceros,
hasta quedarse en la ciudad del corazón
iluminando el parque de la entraña.

Mis párpados despliegan su cortina
en la página celeste de este libro: Códice del aura,
Códice del sol,
Códice Calkiní.

 

INVITACIÓN

Quien tenga insomnio,
anemia de paraíso,
mal de ojo,
que salte nueve veces
y diga: sol, garganta.

Quien padezca de egoísmo,
pereza multiforme,
piel de tierra sin canastos,
estómago de polvo,
pose la tierna estatua de su tiempo
en el reloj silente de AhCanul
y los jilgueros le darán su trino
y el campo y la ciudad
darán calma a su espíritu.


CANTO

Para extender tu aliento pólvico
en la palabra de la tierra
no es necesario un himno de mil versos
ni el canto de cien guitarras;
con sólo un pensamiento de tunkul
las flores de tu almendro
y el llanto de tus montes
tendrían gozo y tesitura.

(En el campo pergeñé mi casa,
correspondía la azucena
con los hálitos del surco).

Ante la tibia ensoñación de esta homilía
quiero anotar las letras de tu cielo
en la página reciente de mi sangre,
aserrín de ceiba progenitora
que ningún torpe bullicio
habrá de detener en la zarza
de otras latitudes.

 

NOCTURNA CIUDAD

Clavos de luz sobre tu piel de asfalto.
Los caminos silban contra el polvo.
La tarde busca el agua dulce
y el viento acecha junto al ocaso.
En la casa de un almendro
algunos pájaros ensayan vuelo
detrás del aire consabido.
El silencio pasa con sombreros.
La luz de la sonrisa lunar
quiere fugarse del paisaje.
Ciudad,
por verte salgo con mi lámpara.
Oscureció.
La sombra del vacío
enjuga páramos de cedros; tiembla el frío.
La hojarasca, lejos de ti, revienta.
Libre de la sangre,
el claro espejo de la risa trasluce cantos,
disipa crudas realidades,
y el humo culpa a los luceros de su esfumación.
Ahora el viejo sol vendrá
con su disfraz de crepúsculo,
a contener mis versos y mi ligera página
en cápsulas de estrellas.

 

LA FERIA(13)

La feria de los silbos en el cielo;
la feria del tiro al blanco,
carrusel de luz, misericordia.
La feria de los churros, mazapán;
la feria que algún niño no soñaba.
La feria del incendio, los toritos,
ciprés del alma urdido en las tinieblas.
La feria de los ojos revolcándose,
estrellas cabizbajas ante nuevas luces.
La feria de los siglos, tradiciones,
distintos rostros de la gente, máscaras,
manos iguales en el pecho, Cristo arriba.
La feria de los globos en la piel, azúcar;
la feria de los clavos, tamazucas divirtiéndose.
La feria desangrando a la fortuna,
los coches presumiendo gritos de retoño;
la feria en lluvia y despejada,
la feria desferiando dedos de azufre.
La feria bendecida por el cura de la noche,
el rato milagroso entre la feria;
el mes de octubre presagiando día de muertos;
el mes de fuego en las entrañas de los parques.
La feria que volvió de su letargo,
la feria de Dios y la del hombre.

 

LOS OJOS DE AH-CANUL

Me han visto los ojos de Ah-Canul.
Al entrar al sueño
quise escapar de cajas electrónicas,
de globos que la ciencia lanzó desde el futuro.
Traté de hallar la historia de mis pasos,
relato del origen,
mi raíz, el cáliz de la primera vena,
y una pared borró la entrada.
Tuve vergüenza de andar entre las piedras;
un muro de piel destruyó a mi sombra;
rojos cabellos incendió el copal
que consagraron viejos sacerdotes en el alba.
Sin embargo, pude tomar lanza y tunkul,(14)
arma de indígena ancestral,
y busqué sendero en la quimera,
y entré al recinto, biblioteca,
y vi la sangre que los códices juntaron
para dársela a beber a sus retoños.
Y antes de abrir la puerta matinal
los ojos de Ah-Canul me despertaron
con su mirada lloviendo espíritus.

 

GLOSARIO

(1). Cal-kín (Garganta de sol), frase que pronunció Tzab Canul cuando vio por vez primera la luz del día, al llegar al bosque donde fundó, junto con sus ocho hermanos, el cacicazgo AH-CANUL.

(2). 1441 fue el año en que se estableció el cacicazgo; esto, según Manuel Herrera Pech (1903-86), debe ser tomado como un apunte primordial para la historia de Calkiní. Algunos investigadores señalan como principio el año de 1443.

(3). 1541. La historia dice que los españoles llegaron a Kinpech un año antes de llegar a nuestros lares, es decir, en 1540, y "tomaron plaza de Ahcanul en 1541, con Montejo al frente de un grupo de colaboradores recién llegados de España, entre ellos Don Gaspar de Pacheco, quien quedó como primer encomendero".

(4). Navich Canché Canul, jefe muerto por los españoles; fue el primero en caer ante los arcabuces de los extranjeros.

(5). Los nueve hermanos Canul fueron: Akin Canul quien fundó Dzitbalché; Appal Canul, quien dejó su mandó en Nunkiní; Azulin Canul, se estableció en Tepakán para emanar frutos nuevos; Nau Canul Xopan en Pakanteque buscó la raíz y el fuego; Dzun Canul fundó Mopilá; Navich Canul fundó Sihó; A Chacal Canul fundó Kukab, hoy Cepeda; Dzun Canul puso la sangre en Maxcanú; y Tzab Canul, el mayor, dejó constancia de la tierra en Calkiní.

(6). TUCC-CAAN (Rincón del cielo), lugar donde se reunieron los Canules al fundar su pueblo. Bajo de una ceiba fue el hallazgo y de aquí partieron hacia otros rumbos los ocho hermanos menores de Tzab Canul.

(7). El pozo Halim es un pequeño mar de luz para la sed donde nadaron los primeros peces de la ansiedad. Aquí también, a pocos metros de su arco de piedra, la sangre forjó un océano que surca desde entonces por las venas de dos estirpes: maya y española.

(8). Che'en noria, "palabra híbrida que significa pie de pozo. Hoy, sin uso, constituye un testimonio de cómo se abastecían los calkinienses del agua".

(9). Bo-keban, costumbre maya. "Cuando muere uno de los nuestros, se lava su cadáver, el agua del baño se conserva, y con ella se hacen la comida y el atole que se reparten en los rosarios que se rezan tres y ocho días después".

(10). A pesar de la ignominia, vino el hombre extraño a dejar su herencia en las venas de los nuevos hijos de la religión cristiana, que caló en la piel del individuo la imagen de Cristo y de sus formas varias.

(11). El templo de San Luis Obispo fue comenzado en 1548 ante los ojos de Fray Luis de Villalpando. En 1561 ya se decía misa en esta iglesia. La conquista trajo beneficios para el Nuevo Mundo y así queda manifestado en aquella obra de valiosa magnitud.

(12). En esta región se celebra el 2 de noviembre de cada año con una ofrenda en la casa, para que el ánima del difunto vuelva a su mesa a mitigar el hambre de los días perdidos.

(13). La feria se celebra en este pueblo durante el mes de octubre, en honor del SANTO CRISTO DE LA MISERICORDIA. Gremios de distintas clases sociales y ocupacionales, entran al templo parroquial con estandartes, flores y banderolas, mientras el timbal y las trompetas alzan a vuelo su profana musicalidad, como también su libre algarabía durante el recorrido de la gente por las calles principales de la ciudad. Por las noches se queman diversos "fuegos artificiales" frente a los puestos de golosinas y los juegos mecánicos y de azar.

(14). Así como la lanza fue el arma para defensa y caza, el tunkul fue un instrumento de madera útil para preservar el espíritu con su música que acompañaba el caracol.

 

Fuente: CANTO SOSA, Santiago. Los ojos de Ah-Canul. Ayuntamiento de Calkiní, Campeche, 1988, 64 p.

Volver