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Santiago Canto Sosa

LOS CANTOS DE UNO

1994

 

1
La manera más sensata
de apagar el pensamiento de Uno
es darse un tiro en la sien derecha.
Si la bala penetrara el lado izquierdo
Yo le llamaría comunista a Uno.
Uno es inteligente
a pesar del capitalismo,
utiliza cualquier medio para hablar:
una pistola en el cerebro.

Por qué la explosión en la cabeza?
Por qué no en la nariz
para taponar la sangre, la corriente?

A Uno "le da la gana"
sentirse famoso en otro mundo.

 

2
Intenta Uno cortarse las venas.
Un río de miedo culebrea en sus poros.
Después de repensarlo mucho
coge la navaja
y la penetra en la raíz de su miedo,
desata con el filo su temor,
deja correr su vergüenza en la tierra.
Uno cae, se desangra.
No hay gritos:
la ventaja de quitarse los huesos con alevosía.
Nadie sabe que Uno vivió;
algunos conocerán la mejor forma
de alejarse de los vecinos,
de entristecer los espejos con sangre.

 

3
Arrojarse al paso de un camión.
El ferrocarril
además de quitar los huesos de Uno
le crujiría el sentimiento.
Nadie ha visto que Uno se lance al paso de un avión.
Si a Uno le cuentan que el niágara
es eficaz para estos casos,
que pida informes a la agencia de viajes más próxima.
El viaje más corto hacia la muerte
es el que nunca se hace,
aunque a Uno le sobre el deseo
de pasar sus vacaciones en lo más alto del día.

De todos modos,
una llanta, la defensa de un auto, etc.,
muelen las vísceras de la flor,
destruyen los pétalos con el menor ruido posible.

 

4
El juego del ahorcado le gusta a más de Uno.
En un madero de la casa
o sobre el lomo de su mujer,
Uno puede sentar las reglas del juego.

Hacer mil agachadillas
o cien lagartijas a punto de colgar el bulto
entume el cuerpo de la soga,
anestesia los sentidos temerosos.

Si Uno cree que lucir el esqueleto como una piñata
denigra el espíritu,
que busque otra manera de sacar la lengua
a los testigos.

 

5
(Breve arrepentimiento)

No teme quitarse los huesos
porque el prójimo diga: ¡loco!

No teme quitarse los huesos
porque el médico diga: ¡sordo!

No teme quitarse los huesos
porque el sacerdote diga: ¡polvo!

No teme quitarse los huesos
porque los gusanos digan: ¡otro!

Uno teme quitarse la ropa, los ojos,
la luz y los poros,
porque le duelen la autopsia y el odio.

 

6
Inhalar gas butano, pesticida
o cualquier otro antiperfume
convierte a Uno en aficionado a los musgos.
En Uno están el oxígeno y el ánimo,
el retorcimiento...

Llamar a los vecinos
a compartir este evento social
divierte al anfitrión que "tira la casa por la ventana"
o por la estufa mejor dicho.

Si Uno busca olores para cerrar los ojos
no tiene más que abrir la llave
de la soledad.

 

7
Ingerir barbitúricos.
No sabe Uno qué significa esa palabra
pero pone un frasco de insomnio
y de dolor en el estómago.
La esperanza de dormir la eternidad
le cuesta a Uno despedirse de sus huesos,
hurtarse la vejiga, los testículos...

Tomar veneno es otra cosa.
Requiere vomitivos escupir la muerte.
A Uno le queda la vergüenza en la mirada,
esconderse abajo de su sombra
al salir de la iglesia en su cadáver puesto.

Cuando Uno sienta amarga la boca
que enjuague sus dientes con suspiros
y ejercite con gárgaras su corazón.

 

8
Ahogado al anochecer.
Meter el pulso al agua
es cosa de alfonsinas y pelícanos.
Uno aprende a soportar el hielo de las olas,
aunque los muertos digan lo contrario.
Lo que no tolera Uno, nadie,
son el agua salada
y los sargazos que estrangulan el sol a la deriva.

Si Uno entra al des(a)mar
con hambre y con lujuria,
sabrá asfixiarse como Dios manda:
desnudo,
con los latidos en sus piernas.

El rumbo a seguir: la oscuridad.

 

9
Prenderse fuego a quemarropa
con un cigarro canceroso,
no sólo es un acto de mala fe
sino la salida que le resta a Uno.

Inmolarse el pellejo
asusta al más "pintado" de América;
el mismo olor a chamuscado
da sabor al caldo de los nervios.

Con la piel no se juega
pero la segunda piel de Uno
se consume con el deseo de las llamas,
con la leña que la muerte recoge
en la selva y en los sueños.

 

10
Aquí se despide Uno.
Que no se culpe a Nadie de su culpa.

Al quitarse los huesos,
aquí se despide Uno de su televisor
como se quita el mundo los zapatos.

 

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Fuente: CANTO SOSA, Santiago. Los cantos de Uno. Ayuntamiento de Calkiní, Campeche, Ed. Nave de Papel, 1997, 52 p.