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Opinión de Gumercindo Tun Ku
 
(4 de septiembre de 2012)

Justo Sierra Méndez

 
 

"Más allá de la ley, más allá del honor, más allá de la patria, está la verdad que debe prevalecer por encima de todo".

La universalidad del hombre se logra con la tenacidad de las acciones que realiza durante su estadía en esta vida, éstas, con la responsabilidad, la vocación y la visión humanista que le imponga; en este año 2012, en el que se cumple el centenario del fallecimiento de Don Justo Sierra Méndez, legítimo prócer campechano, ilustre educador, escritor y político, se hace necesario e impostergable el mayor reconocimiento que pueda hacerse.

La figura de Justo Sierra constituye uno de los principales pilares sobre los que se ha erigido la filosofía de la educación nacional mexicana. Su vida y su obra, así lo atestiguan trascendiendo hasta nuestros días, en su época ejerció sus más caros ideales paralelamente a sus cargos, con una convicción de misión y causa que le demandaba la Nación en esos momentos, que por cierto no fueron pocos.

Vida y obra es un tema que rebasa los marcos de un siglo y entra  otro, es una riqueza que la sociedad contemporánea debe corresponder de manera enfática como un legado filosófico, histórico, educativo y cultural. Justo Sierra Méndez, eminente pensador y pedagogo campechano, es un pasado cultural de sempiterna sapiencia, portal hacia una visión de la realidad social de un México actual.

Como educador humanista en la época de transición del siglo XIX al siglo XX, se distinguió por sus ideas positivas de libertad, orden y progreso; su fe en la ciencia, la educación, el progreso material y moral de la humanidad, lo hacía notar al afirmar que una instrucción completa  despierta en  niños y jóvenes la conciencia de que somos uno solo, una identidad. Al México criollo hizo ver sus raíces mestizas, al México indígena lo hizo sentir que existía la posibilidad de preservar la cultura, las tradiciones y costumbres en medio de la modernidad, cimentando la identidad nacional.

Como Ministerio de Instrucción Pública, su nombre queda vinculado con la enseñanza primaria que se esparció en todo el país. Justo Sierra se multiplicó en las escuelas, luchando porque la enseñanza tuviera características universales, fue precursor de la gratuidad educativa, la existencia de los libros de textos gratuitos que años después de su muerte cobraron vigencia como respuesta a una necesidad nacional, que sólo él pudo haber anticipado.

Justo Sierra Méndez rompió los aislamientos sin perder el nacionalismo ni el amor a la Patria, defendió la autenticidad de México e Hispanoamérica, por lo que fue llamado “Maestro de América”, con base en el apotegma de Juárez cimenta en la enseñanza un sistema para la convivencia y la paz.

Justo Sierra representa una figura esencial de la filosofía y la cultura mexicana. No sólo organizó la educación desde una filosofía humanista y práctica, sino que sentó premisas para el futuro, que es nuestro presente.

Escribir del Maestro de América es elaborar un diccionario de significaciones y conceptos, porque eso es justo Sierra Méndez un significado amplio como lo fueron Martí y Vasconcelos, mucho que decir, enseñar y hacer.

Justo Sierra Méndez, ilustre campechano que honor merece, hoy y siempre prevalecerá en la historia de nuestra tierra, así como prevalecerá su nombre con letras de oro en el muro de honor del palacio legislativo.

Hoy que la patria reclama la memoria de su hijos, recordamos que esa maravillosa lámpara pierde su luz en la penumbra el 13 de septiembre de 1912, y que sus restos mortales reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

 
 
Fuente: texto de Gumercindo Tun Ku, 04/09/2012 / Foto: Internet