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Opinión de Gumercindo Tun Ku
 
(4 de noviembre de 2012)

Janal pixan (Comida de ánimas)

 
 
 
Janal pixan
 

Ichil mayo`ob le kiimilo` ma` u xuul u kuxtal maako`obi` chèen u jeel u ulàak` kuuchil, ulàak` kuxtal. ts'o'oka`an u bino`ob tu kúuchil je'elel lete`n ku suuto`ob xìimbal ichil u làak`tsilo`ob.

U k`ìinbesa`  kìimno`ob yèetel janal pixan, yaan ba`ax u k`àat ya`alej, ma` chèen ka ts`aabak janal yòok`ol mayak che`i` yaan u meeyjil tàanil ti`u k`ìinil, ku mìistal ich naj, ku chuuyul  jats`uts nook` ku ja`aybil yòok`ol mayak che`, ku k`a`ajsal ba`ax janal uts tu t`aan maax ku paatal, tula`akal yèetel yakunaj.

Suuk iilik yòok`ol mayak che` ja`, sa`, buut`bil tso`, pìibil kaax, pìibil xpelon, jaaxbi` chukwa`, chaakbi nal, u ch`ujukil puut, chi`, abal, k`ùum yèeel chi`ikam ichil u jojopankil kibo`ob,  men le uts tu t`aan u jaantik ti`u yax kuxtal, tulàakal  sìij ti`e` k`iino`oba` utia`al pixano`ob ku taalo`ob  xìimbal.   

Tulàakal baal ku mentaj yèetel yakunaj, wa ma`e`   chèen kunen a chuupik a mayak che` yèetel lool, kiib, p`uulut, lela` chèen utia`al cha`antbil.

Janal pixan u laà baal.

 
 
 
El janal pixan (comida de ánimas)
 

Para nuestros antepasados, los mayas, la muerte no era la aniquilación total inherente a los seres vivos o el final de un todo, sino un cambio de estado, es el paso a una nueva forma de vida diferente, las almas se van al lugar del descanso y por eso se les permite  regresar a visitar a sus familiares.

La conmemoración de los fieles difuntos arraigados con el janal pixan (comida de ánimas), posee un significado muy grande aún en los mayas contemporáneos, que no sólo consiste en colocar la comida en la mesa, sino que requiere de una preparación de varios días, desde limpiar la casa, encalar las albarradas, coser el mantel para la mesa, recordar los guisos preferidos de quien se espera su visita, en fin, se espera la llegada del alma con atención y cariño.

Es común ver en las mesas el atole nuevo, el relleno negro, el pib de pollo, el pib de xpelon, el chocolate batido, los elotes, los vaporcitos, los dulces de papaya, nance, ciruelas, calabazas y las jícamas entre otros; estas ofrendas son la expresión simbólica de nuestro afecto, nuestro amor y cariño hacia las almas que van a estar con nosotros, si no hay eso, aunque las mesas estén llenas de flores, velas, incienso y todo lo que puedan comprar para depositar en ella, resulta ser una simple representación.

El verdadero sentido del janal pixan como creencia, fe, magia, misticismo y tradición, es trascendental.

Así pues, el janal pixan no es una simple conmemoración folklórica, sino un espacio en nuestro lapso de vida que nos permite reflexionar nuestro génesis cultural y de nuestra propia vida.

 
 

Durante este mes de noviembre se acostumbran a contar cuentos, leyendas o experiencias con lo sobrenatural y yo…

Quiero compartirles un relato que año con año recrea esta hermosa tradición en la familia, sentados todos en el perímetro de nuestra mesa después de degustar del rico y sabroso pìib de pollo y xpelon, mi madre nos pone a cada uno en un silencio hasta puede decirse mágico, porque a pesar que nos lo ha contado desde hace mucho, siempre nos deja en suspenso volverlo a escuchar después de un año, pues aún le encontramos gusto por oírlo nuevamente.

Esto sucedió en Santa Cruz Pueblo, lugar donde nacimos los hermanos mayores, según nos cuenta que en el pueblo vivía un señor de nombre Alejandro Ku, familiar nuestro de la generación de los bisabuelos,  pues bien, él no creía en este día, se caracterizaba de ser un incrédulo de primera sobre la visita de las ánimas.

Así vivió su juventud y parte de su adultez ya casado, cuando se acercaba esta fecha él acostumbraba a decir que sólo creería cuando los viera venir y comer todo lo que ponían en la mesa.

Era pues el día primero de noviembre, desde temprano comenzó por decirle a su mujer que ahora sí se quedaría a espiar toda la noche para ver si de verdad venían las animas, su mujer siempre preocupada le decía que si no creía mejor que callara, pero él se entercó, así que antes de la noche fue al pueblo de Dzitbalché a comprarse un cuartito de licor, según para aguantar y no dormirse.

En aquellos tiempos las estrellas del cielo y la luna eran las únicas luces, esa noche Alejandro sacó su banquillo en la puerta de su casa y se sentó con su aguardiente a esperar, pasaba apenas la media noche, cuando de pronto comenzó a vislumbrar cómo desde el sur del pueblo, por donde se ubicaba el pequeño cementerio venía una multitud de gente, se podía ver que todos vestían de blanco, platicando entre sí, con velas encendidas en las manos. Alejandro se quedó pasmado ante tal espectáculo hasta que llegaron a él.

-Verdad que tú estás esperando vernos, para creer.

Le dijo el que estaba al frente.

-Sí, así es.

Contestó Alejandro.

-Bueno como ves aquí estamos, para que creas más aquí te dejamos una vela, tómala y mañana a esta misma hora pasaremos por ella.

Diciendo esto siguieron su caminar dejando a Alejandro con la vela en la mano, cuando de la vista se perdieron también la vela se consumió; se dio la vuelta, entró y se acostó a dormir.

Muy temprano, al levantarse su mujer a atender la mesa para la misa se dio cuenta que Alejandro de su hamaca no se había levantado, fue a verlo y le preguntó.

-¿Qué te pasa, por qué no te levantas?

Él, ardía en calentura, tenía una fiebre que le hacía temblar, tomó la mano de su mujer y le dijo

-Mujer, sí vienen las ánimas, anoche yo las vi, pasaron aquí, me dejaron una vela y que hoy pasarían por ella.

Su mujer muy triste con lágrimas en los ojos lo abrazó con fuerza diciéndole.

-Ay Alejandro ¿por qué la agarraste?

Dicen que esa calentura no se le bajó y cumpliéndose la hora en que las ánimas iban a pasar, después de veinticuatro horas, Alejandro murió.

 
 
 
 
Fuente: texto enviado por Gumercindo Tun Ku, 04/11/2012 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2012