Estamos en los días en que la atención de los mexicanos se centra en un hecho que tiene a muchos a la expectativa, la próxima toma de posesión del nuevo gobernante de México. Pudiera decirse que las elecciones de este 2012 trascendieron más que “El Año de la Cultura Maya” y “El Año Internacional de la Lectura”; digo esto aunque quizás no pudiera comprobarlo según las reglas del juego de las informaciones, pero para la sociedad real es así.
El año de las elecciones es un tema que en lo particular no me interesa tanto exponer aquí y ahora, son eventos pasajeros cada seis años. Lo del Año de la Cultura Maya, sí puedo decir que, no obstante hasta ahora, tampoco ha generado lo realmente necesario para los pueblos descendientes contemporáneos de esa gran cultura y civilización, al menos permitió mirar hacia el pasado y el presente al mismo tiempo.
De antemano, se sabía que era ilusorio pensar que iba a generar un desarrollo social y económico para los indígenas mayas de la Península de Yucatán. No, eso no se contempló en los programas y ejes de acción de los encargados de festejarlo; basta hacer un recorrido por nuestros pueblos y verán que nada ha cambiado, sigue todo igual y algunos quizás hasta un poco peor.
Todavía no termina el año, sin embargo, puedo decir que ya no se puede esperar más al respecto, sólo falta la culminación en la fecha marcada el 21 de diciembre, donde se celebrará una multitud de eventos “turísticos” sin esencia ancestral y los poderosos economistas nos dirán que fue todo un éxito.
Al respecto, me conforta un poco decir que en lo académico y cultural, haya contribuido al conocimiento y acercamiento a una faceta más de la identidad de nuestro México dentro de su diversidad; permitió sentirnos orgullosos del color de nuestra piel, de nuestras costumbres, tradiciones y de nuestra lengua materna; permitió mostrar al mundo la grandeza y su permanencia a través de centurias, sustentada en sus conceptos filosóficos, astronómicos y científicos.
Sobre el 2012 como Año Internacional de la Lectura conviene (creo) a las autoridades que adoptaron también programas para su fomento, echar la mirada hacia lo realizado en la materia. ¿Realmente logramos avanzar en la lectura? ¿Somos ahora capaces de leer y comprender más lo que leemos? Estas interrogantes serán contestadas en estadísticas que tampoco podremos comprobar.
En ocasiones, en mis desvaríos ocios, doy algunos descréditos a estos programas, que año o día, internacional o nacional, de tal o cual cosa, porque de antemano sé que se perderán en los anales del tiempo en el caso de los años, y en el de los días se esperará que pasen los 365 o 366 días para volverse a programar.
Mi idea es que la lectura debe ser para todos los días y los años, sólo así se puede adquirir el hábito y el fomento que tanto se persigue. Lo decía líneas arriba, en mis momentos de ocio delirante, sé que no se puede cambiar, entonces nos corresponde a nosotros tomarlo en nuestras manos y promocionarlo para hacerlos activos, no podemos dejar que la puerta de la imaginación que nos hace más creativos y nos conduce a las verdades esté solamente en las manos del viento institucional, hagamos que aterricen.
Bueno, probablemente alguien diga, que le da lo mismo o igual lo que yo piense y diga, quizás tenga razón, pero antes de que termine el año podría hacer una lista de la acciones de fomento a la lectura en su barrio o colonia para corroborar o desmentir. ¿Cuántos libros hemos leído durante este año? Pero en fin.
Mucho se ha dicho sobre el tema, sin embargo, seguimos tropezando; el año terminará pero los libros seguirán esperando que alguien los abra y los lea.
El 2012 está por irse y esperamos nosotros continuar unos más aquí en el mundo; vivamos nuestras costumbres y tradiciones, rescatemos nuestras raíces, tomemos un libro y viajemos a los mundos reales de la imaginación. La política es para los políticos con o sin raíces, lean o no ahí seguirán.
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