Calkiní, 30 de junio de 2014
 

Fallece Bartolito (Bartolomé Castellanos Gûémez, 1952-2014)

Por Carlos Fernández Canul

 

El sábado 28 de junio, por la tarde, se apagó la vida del gran Bartolito, como se le conocía a singular personaje de esta ciudad; una persona que deja huella por poseer cualidades que lo hicieron un tipo simpático. Nos deja gratos e inolvidables recuerdos... Me refiero a Bartolomé Castellanos Güémez, quien nació el 14 de enero de 1952. Sus hermanos son: Gonzalo, Antonia, José, Anita, Gilberto y Pilar.

Sus padres fueron Gonzalo Castellanos Castellanos y Aurora Güémez Cuevas. Fue el primer hijo de este matrimonio, el cual nace con Síndrome de Down. A Bartolito no le importó esta discapacidad ya que en el largo camino vivió su vida como se la imaginaba, en su mundo.

 
 

Algunas anécdotas de Bartolito

 

Logra hacerse notar con sus ocurrencias y manera de ser, con un carisma que lo identificaba, el cual le vale para ganarse un lugar muy especial por quienes lo conocimos.

Por recomendaciones del Dr. Eduardo Baeza García (+), le dijo a su mamá que lo inscribiera en la escuela primaria “Carmen Meneses”, en el barrio San Luisito; por lo que los maestros lo sentaban y ahí Bartolo quizás aprendió algo. Se le veía pasar por las mañanas con su bulto cargando sus libros y cuadernos.

La hizo de obrero: cuando existió la trituradora de piedras de Enrique Castellanos(+), quien era su tío, Bartolo trabajaba echando piedras a la máquina, de ahí adquirió una buena complexión.

Su pasión por la música lo llevó a ser "cargador oficial" de timbales de grupos musicales que acompañan a los tradicionales “Gremios de octubre”. Bartolo todos los días, durante un mes, traía y llevaba los timbales por diferentes rumbos de la ciudad. Decía su mamá: en el mes de octubre, Bartolo baja de peso, porque casi no come, por irse a los gremios…

Gonzalo Sobrino (+) y Julián Carcaño (+), ambos administradores de Correos y Telégrafos, respectivamente, cuando el gremio se acercaba y pasaba cerca de las oficinas, los dos sujetos bajaban y trataban de quitarle a Bartolito los timbales y éste, enojado, les gritaba. Este juego solamente era para enojarlo, pero en son de guasa.

 
 

Se le podía ver en las noches a las puertas del templo, donde la "charanga" tocaba cada noche de octubre. Mientras se quemaban los juegos pirotécnicos, Bartolito, con sus manos, dirigía a los músicos, quienes en ocasiones le daban las maracas para que tocara (estos comentarios son de personas pertenecientes al sindicato único de cargadores de timbales).

En las mañanas pedía dinero a la gente, para que comprara su bebida preferida (Coca-cola) y periódico; luego se sentaba en una banca del sitio de taxis, a leer la prensa. Había ocasiones que gritaba junto con los taxistas: "Cacaché..." (en vez de Dzitbalché, "Cacachán... (Hecelchakán). Medio balbuceaba algunas palabras. Ahí se pasaba horas contemplando desfilar a las gentes y a las muchachas.

En sus últimos años acudía a todas las oficinas del palacio municipal, donde pedía revistas y periódicos y se sentaba en las bancas, dizque a leer sus revistas (solo veía las fotografías).

Otra cosa interesante: Bartolo escuchaba todas las misas, se sentaba adelante y cantaba junto con los coros. Era tan fuerte su voz que opacaba y enojaba a los integrantes de los coros. Recuerdo que el desaparecido Augusto Alpuche (el profe Uto), donde encontrara a Bartolo, le gritaba y entonaba la canción "este gallito como usted lo ve, sale a la calle por primera vez…”, con esto lo prendía y no había quien lo parara de cantar.

Todo el tiempo la gente le daba sus centavos, para que comprara su helada “coca”; después de tomarla, echaba un fuerte eructo, que se escuchaba a varios metros. Otra cualidad: a aquella persona que él apreciaba, la abrazaba y besaba cariñosamente.

 
 

Mas o menos, son algunas anécdotas de este simpático personaje, que como mencioné nos deja sus ocurrencias; dejará grabado su nombre y recuerdo en esta tierra donde nació, vivió y murió.

Platicando con uno de sus hermanos, éste decía: Bartolo no padecía de ninguna enfermedad, lo único fue que perdió la visión de los ojos y se le intervino hace como tres meses. Fue una tarea muy difícil; primero no le agarraba la anestesia por ser muy fuerte, y luego el cuidado de la herida. Al final de cuentas no se recuperó, porque no se le podía preguntar si veía o no... A raíz de esta ceguera ya no podía caminar y eso lo enfermó. El parte médico dijo: tiene 62 años de edad, pero en realidad es como si tuviera 92 años; por su enfermedad, es un anciano y murió de vejez -un infarto-.

Puedo opinar que Bartolito logró vivir muchos años, pero hubo un factor que contribuyó mucho a su longevidad: nunca estuvo encerrado por mucho tiempo; siempre andaba y esa libertad de salir por su pequeño territorio (plaza principal, caminar por las calles, ir a la iglesia, etc., le hizo vivir muchos años, ya que estos seres con esa discapacidad no viven muchos años, vemos que con Bartolito fue la excepción.

Este domingo 29 de junio, al mediodía, se ofreció una misa de cuerpo presente en el templo de San Luis Obispo, a cargo del Pbro. José Luis Canto Sosa. Después, recibió cristiana sepultura en el panteón municipal, donde le dieron el último adiós al gran Bartolito.

Calkiní, Campeche, 29 de junio de 2014.

 
 
 

Texto: enviado por Carlos Fernández Canul, el 29 de junio de 2014 / Fotos: Francisco Cauich Pat, Santiago Canto Sosa y Carlos Fernández Canul.