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Así son los carnavales de mi pueblo / Ramón Berzunza Herrera
       
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Posiblemente porque soy nato de la Ciudad de Calkiní, a la que quiero y admiro por su historia, por su superación cultural, por sus tradiciones, por la amabilidad de sus habitantes y por todo lo que ella contiene, distingo y creo que los carnavales de allí, de mi pueblo, de Calkiní, son los mejores y más rumbosos y alegres de la Península de Yucatán. Pero estos alegres y bulliciosos carnavales que han sabido conservar las generaciones actuales, datan de muchos años.

Que yo recuerde, cuando era muy niño presencié un carnaval cuando estaba en Calkiní, el Doctor don Víctor Nazario Montejo Godoy que por ser él de la ciudad y puerto de Campeche, presentó un enorme y bello barco que llevaban en una carreta adornado con bellas y policromadas rosas cuya vista realzaban por el grupo de simpáticas y alegres muchachas de la Ciudad de Calkiní que lo ocupaban.

En el recorrido de ese bando carnavalesco se dio lectura a un ingenioso decreto del carnaval confeccionado por el propio Dr. Montejo, que con sus pasajes chistosos a gentes conocidas del lugar, hacían reir a mandíbula batiente a toda la concurrencia que se aglomeraba en las esquinas para escucharlo.

Por la noche del sábado tuvo lugar una jacarandosa vaquería en la que las muchachas lucían sus hermosos y matizados ternos, así como las más hermosas y bellas joyas, notándose en primer lugar los rosarios de filigrana que remataban en los fastuosos crucifijos. También había que ver a los hombres que vestían el pulcro traje de mestizos portanco las fuertes y lujosas alpargatas, pantalón blanco de lino perfectamente planchados y carentes de valenciana, chamarra con cuello liso natural con abotonadura de oro y plata que tenían grabadas sus iniciales y para proteger la chamarra del sudor, usaban finas camisetas de punto y manga larga.

El domingo por la mañana se veían comparsas por todos los rumbos de la ciudad perfectamente bien organizadas, y por la tarde, en el lugar que ocupa actualmente el mercado público, existía una parte escueta que le llamaban la "Placita", y como tenía unos arriates, le completaban con palos al igial que la parte alta de donde hoy bajan las escaleras de ese lugar hasta formar el kaxché (palo amarrado), quedando cercada la placita en la que tenían lugar las más divertidas corridas con toros de la región y que eran lidiados y montados por los aficionados que arrancaban los aplausos delirantes de la enorme concurrencia.

El lunes y martes visitaban las casas domiciliarias previamente avisados por la alegre estudiantina "Las cuatro musas", escritas por el Dr. Montejo y que completaban con las coplas del brindis del dios Momo y la siempre alegre y gustada jota aragoneza.

Por las noches a partir del domingo, tuvieron lugar los concurridos, divertidos y alegres bailes, siendo de recordar el de etiqueta que se verificó el martes en que los concurrentes, hombres y mujeres lucieron sus más vistosos y elegantes trajes y vestidos; y a partir de la media noche al compás de una alegre marcha se llevó a cabo la tradicional batalla de flores de confeti y serpentinas de múltiples colores que alegraban más el suntuoso espectáculo. Pero el baile que verdad lució, fue el del miércoles que pasada la media noche sacaron a Juan Carnaval de la cárcel y lo pasearon por todo el salón, mientras la viuda vestida de luto riguroso lo acompañaba llorando y dando grandes gritos de dolor por la suerte que correría su Juan; y durante una pausa se daba lectura al jocoso e ingenioso testamento de este proceso; al fin de que en las primeras horas del jueves lo quemaban y conforme iba ardiendo estallaban los distintos detonantes que su humildad contenida.

Estas fiestas carnavalescas han continuado con el mismo entusiasmo y alegría a través de los años, recordando aquellos inolvidables bandos, comparsas y demás festividades organizadas y dirigidas por el ya fallecido don Federico Rodríguez Marín, hombre alegre, activo y que gustaba de las diversiones.

Después los organizados por el ya fallecido también don Erasistrato Avilés (don Tato), que había que observarle la forma tan gentil y caballesca en que trataba a las parejas que concurrían a los bailes y vaquerías. Claro que en las vaquerías del sábado y domingo en la tarde lo ayudaba el extinto don Satur Balam que siempre hacía de bastonero e iban sacando con toda cortesía a las muchachas para bailar. Durante los bailes y casi a la mitad de éstos, se escuchaba la alegre mazurca que era la que bailaba con verdadero arte y destreza don Tato.

En esa época, en los bandos hacía de Gobernador del Carnaval el siempre bien recordado Manuelito Rodríguez Estrada que leía el decreto con tal gusto, con tal énfasis, en tal forma, que la multitud que lo escuchaba prorrumpía con fuertes aplausos y sonoras carcajadas.

Don Domingo Loeza (don Chumín), no faltaba en los bandos a los que concurría con su carreta y que además de divertirse durante todo el carnaval, invariablemente hacía el papel de la viuda.

 

 

Fue en esos años en que don Tato, además de organizar el carnaval y notando que un gran número de chiquillos entre los que nos encontrábamos Indalecio Avilés Herrera (El Chato), Alejandro Gutiérrez (Ato), Omar Rodríguez Berzunza, el que esto suscribe y otros más, nos aglomerábamos para bailar en un extremo del salón de baile, y considerando que también los niños debían divertirse sin estorbar a los adultos, contrató a don Tín, que tocaba el violín y a su hijo Bono que tocaba los timbales para amenizar los bailes especialmente para los niños y que tenían lugar en la casa que fuera de don Gildardo Rivero y que por esos años era ya propiedad del propio don Tato y era donde íbamos a bailar durante las mañanas de los días de carnaval.

Por esos años llegó a Calkiní un señor oriundo de Tenabo de apellido Pérez y si mal no recuerdo de nombre Rafael que contagiado por la alegría del carnaval del lugar, sacó una comparsa formada por sus hijos, algunos jóvenes de la localidad y encabezada por él con el nombre de la "Guaranducha"; por cierto que desde ese momento se le quedó a este buen señor y a toda su familia el mote de los "Guaranduchas".

Los carnavales alegres y ya famosos de Calkiní continuaron en la misma forma o superándose año a año con las suntuosas estudiantinas en que hacía el papel de Momo en forma magistral el Profesor Salvador Rodríguez Estrada; más tarde el Prof. Pastor Rodríguez Estrada quienes interpretaban a este personaje con gran destreza y derroche de buen humor.

Los martes salía la comparsa que todos esperaban y a todos divertía con el nombre de "Gallito", que organizaba el divertido, alegre y siempre joven de espíritu Pedro Sosa Berzunza. Hasta ahora la sacan, pero tiene que ser organizada por Pedrito, de lo contrario no se le siente el mismo aliciente, tal vez porque ya estamos bastantes acostumbrados a ello.

Los habitantes de Calkiní, son tan divertidos y les gusta tanto el carnaval, que todos lo disfrutan; pues en una ocasión vi bailar la "vaquería" de un domingo de carnaval por la tarde, a la Sra. Eulalia Herrera de Mijangos, a la hija de ésta, Sra. Amparo Mijangos de Cuevas, a la hija de ésta, Sra. Soledad Cuevas de Pinto, y a la hija de esta última, señorita Rosa María Pinto Cuevas, es decir, a la bisabuela, abuela, nieta y bisnieta, respectivamente.

Posteriormente han seguido conservando la alegría carnavalesca un fuerte grupo de personas de todas las edades, entre las que destaca doña Eufrasia Sierra de Avilés (la tía Huacha), Ramón Uribe (Chito), todas las escuelas, todas las sociedades, etcétera.

Hace algunos años un grupo de señoras organizó una comparsa con el nombre de "Las Viejas Verdes", comparsa que causó un magnífico impacto y cautivó a la población; pero no fue únicamente la realización de la comparsa, sino hicieron entrada triunfal en el baile del domingo por la noche con un maravilloso grupo llamado "El Circo", que desfiló con animales, payasos, domadores, etcétera, habiendo salido en un hermoso caballo la Srita. Anamélida Mijangos, vestida de bailarina; la tía Huacha de domadora; la muy alegre y siempre recordada Doña Amparo Mijangos de torera, etcétera. Además las tardes de los miércoles jugaban al "Toro de Petate".

Esta comparsa ha tomado carta de naturalización en nuestra ciudad y ha continuado saliendo año tras año desde entonces y se le espera con gran ansia y cariño.

Antes para sufragar los gastos que originaba esta comparsa, verificaban el jueves próximo al carnaval, una velada con precios módicos de entrada que se llenaban totalmente, pues había que ver los números que presentaban "Las Viejas Verdes" que hacían reír hasta lagrimar al público, con la actuación de la tía Huacha, Hermelinda Arcila Rojas, doña Emelanda Torruco de Lázaro, Gollita Lázaro de Sobrino, la tía Golla, Conchita Rodríguez Estrada, Conchita Rivera de Loeza y otras muchas más de grata recordación.

En la actualidad siguen teniendo fama los carnavales de Calkiní por su organización, colorido, alegría y las dintintas comparsas y estudiantinas que participan en él, pues ahora sacan comparsas numerosos grupos que alegran el período carnavalesco y todos esperan con alegría la llegada del lunes y martes de carnaval en que desfilan por las distintas casas domiciliarias, magníficas estudiantinas de las Sociedades "Aurora", "Reyde", de las escuelas Normales, Secundarias, Primarias, "Las Viejas Verdes" y el "Gallito"; cuando sus ocupaciones se lo permiten, a Pedrito Sosa.

Además de las Estudiantinas y comparsas, existe gran número de disfrazados por grupos o parejas y desde hace años no falta el disfrazado solitario, Sr. Santiago Vivas, que los martes a las once de la mañana, aproximadamente, se le ve atravesar la gran plaza de mi pueblo disfrazado de mestiza o lo que se le antoje para dirigirse al salón cerveza a gozar de las fiestas carnestolendas.

Es tal el número de comparsas, estudiantinas y disfrazados que intervienen, que si algún día se le antoja a los patrocinadores organizar un desfile que, partiendo desde la casa del Sr. Manuel Herrera P., y recorrer la calle 20 hasta la "Japonesa", para dar la vuelta hasta llegar al magnífico y colosal Estadio "20 de Noviembre", con la participación de todas las estudiantinas, comparsas, grupos de disfrazados, bastoneras, etcétera, se admiraría un maravilloso espectáculi lleno de alegría, vistosidad y colorido, que se asemejaría en pequeño si se quiere, con el mismo esplendor a los carnavales de Río de Janeiro, de Veracruz y Mazatlán. Estoy seguro que se semejaría porque existen en Calkiní los factores necesarios y únicamente falta organizarlos.

Que se intente alguna vez y observarán los resultados que serían magníficos seguramente.

 

 

Fuente: Calkiní de mis recuerdos. Ramón Berzunza Herrera. Edición del Instituto de Cultura de Campeche, 2003. 84 p. Fotos: Varios.

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