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Columna de Teresita

Proteger el patrimonio de Bécal

(4 de agosto de 2015)
 
 

Territorio ancestral, en su suelo han florecido millares de maizales, de las entrañas de la tierra, vetustos almendros; flamboyanes embellecen el paisaje. Pastizales en las viejas haciendas, corrales, pozos, cuevas, albarradas y calles empedradas vistieron el entorno de los pobladores del lugar. El paisaje campirano que prevaleció durante décadas en mi Bécal ahora es parte de las imágenes de otra época.

En el corazón del pueblo, se levanta majestuosa la iglesia católica, sus espigadas torres contemplan el horizonte, besan el cielo y sienten cerca a las estrellas. Desde el siglo XVII, cada piedra impide que la velocidad del viento la destruya; el viejo reloj ha dejado de marcar las horas, el tiempo se ha detenido, sin embargo, las auroras iluminan las cruces en lo más alto de cada torre y disfrutan el ocaso de los días.

Desafortunadamente, mis pies no sintieron la textura del pastizal, tampoco tuve la dicha de correr por el atrio ni subir al techo de la iglesia para admirar el horizonte, justo el año de mi nacimiento, desapareció el amplio campo donde pastaban caballos y el ganado de los lugareños, el caminito desapareció para dar paso a las aceras de concreto y a la plaza. En el corazón, una fuente majestuosa coronada con tres enormes sombreros unidos celosamente, simbolizan la obra artesanal de las manos de los tejedores.

 
 

Era el año de 1968… justo un día antes del informe del entonces gobernador del estado de Campeche –Lic. Carlos Sansores Pérez–, el día de 6 de agosto, se inauguró la Plaza del Progreso. Noche de jolgorio, voladores, mestizas, alegría desbordada en chicos y grandes, el pueblo estrenaba bancas, lámparas, jardines y su fuente. Este año ajusta 47 años de ser el sitio de enamorados, de  juegos infantiles y encuentros familiares.

El conjunto arquitectónico que abraza el centro luce agradable, una muy buena postal fotográfica para paseantes y el área de entretenimiento más concurrida por visitantes. Desde la construcción de la plaza a la fecha, el tiempo y algunos huracanes han causado estragos en edificios, calzadas, luminarias y bancas originales. Durante  la administración estatal del Lic. Antonio González Curi se realizó la primera reconstrucción: cambió el diseño original, conservándose la Fuente de los Sombreros.

Más adelante, el ex mercado se convirtió en Casa de la Cultura, el edificio del Palacio fue remozado y se mandó construir la avenida Jipi Japa que atraviesa sobre la conocida calle principal (calle 30), mejorando el aspecto y ofreciendo una vista agradable, con un toque ya no de pueblo rezagado sino acorde a la categoría de Villa.

 
 

Para darle un estilo afín a la avenida que permitiera rescatar áreas verdes y armonizar con el cuadro colonial del perímetro del parque, se realizó una inversión significativa para instalar nuevos juegos infantiles, construir calzadas, fuentes contemporáneas en piedra labrada; un kiosko rodeado de césped  viste una atmósfera de paz.

La nueva sección de la Plaza del Progreso es un homenaje a la artesanía, simboliza elementos propios del tejido de sombreros, actividad primaria de la economía, producto atrayente de propios y extraños. De esa forma, la laboriosidad del pueblo está grabada sobre piedras labradas, comunicando la creatividad y sensibilidad de las manos de los artesanos.

Urge mayor compromiso por parte de las autoridades de la Junta Municipal para atender, conservar limpio y en buen estado cada centímetro del parque, pues están permitiendo la instalación de puestos ambulantes de alimentos con tanques de gas en la vía pública; tricicleros, ciclistas y hasta vehículos automotores, transitan sin el menor recato posible ni muestra de cultura vial, poniendo en riesgo a los peatones, y, peor aún, canes callejeros de todas las razas apostados en la cancha y aceras; para dañar más la imagen, permanece un montículo de arena depositada desde hace seis meses para el área de juegos infantiles donde los perros hacen sus necesidades, la lluvia desliza por la calle, el viento avienta el polvo a las casas cercanas al parque, ¿por qué tanta irresponsabilidad del presidente de la Junta y de los regidores?

 
 

En tanto prevalezca el desorden, la ciudadanía se vuelve insensible, los adultos desatienden en sus hijos, esa parte de la educación familiar, las autoridades cobren sin cumplir su deber, aunada a la falta de vigilancia policial en áreas donde las personas ingieren bebidas y otras sustancias tóxicas, la situación es cada vez lamentable, a un paso de ser pueblo sin ley ni orden. De continuar esa irresponsabilidad y desacato, la inversión pública ejecutada al mejoramiento de la Plaza para embellecer y atraer visitantes a la tierra del sombrero de jipi, habrá sido sólo eso: el ejercicio de un presupuesto en obra pública.

Urge sensibilizar a la población sobre el cuidado del patrimonio material, que las autoridades en turno y las que están por tomar posesión, cumplan cabalmente sus obligaciones; las agrupaciones y asociaciones civiles son un fuerza para impulsar una cultura de protección de lo nuestro que será herencia de las futuras generaciones. Si los becaleños no cuidamos esa riqueza arquitectónica, ni promovemos la artesanía y la confianza hacia los visitantes, ¿de qué estaremos orgullosos durante las próximas décadas? ¿Se atreverán a promover el turismo para visitar Bécal a sabiendas que lo único valioso es la iglesia y la plaza con su fuente?

Al ajustar el XLVII aniversario de la Plaza del Progreso, sirva esa fecha para proteger, preservar y promover el cuidado del patrimonio que tanto orgullece a los becaleños y atrae a los invitados; alimentando al mismo tiempo, entre los habitantes sentimientos de pertenencia, identidad y amor por la tierra que los vio nacer.

Agosto 4 de 2015.

 
 
 
Texto y fotos: Enviados por Teresita Durán Vela, el 4 de agosto de 2015