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Fiesta campechana

(5 de octubre de 2017)
 
 

Octubre es para los que nacimos, crecimos y vivimos en este rincón mexicano, la gran ocasión para recordar con orgullo la existencia de la raza maya; descubrir nuevamente la grandeza de esa gente y reconocer que somos síntesis de dos culturas. La  llegada de los españoles a estas tierras, significó un triunfo para la corona, en tanto, para los nativos, el arrebato de su sabiduría. Justamente en este 2017, se cumple el V Centenario del Encuentro de Dos Culturas.

Fundación de la ciudad

En la lejanía del tiempo -siglos atrás- los españoles atraídos por las riquezas americanas emprendieron la travesía continental a tierras nuevas, pero no desconocidas porque tenían información de la riqueza de los nativos, sus palacios y  belleza natural de la región.

La valentía de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés con la anuencia de la Corona española, les permitió dirigir expediciones para llegar a costas extrañas hasta adentrarse al corazón de la península. La ambición del imperio ibérico otorgó licencia a gente dispuesta a conquistar un nuevo territorio, tal fue el caso de Francisco de Montejo, nombrado “Adelantado, Capitán General y Alguacil Mayor de Yucatán”, quien asaltó el dominio maya. Según los apuntes históricos, el 4 de octubre de 1540, Francisco de Montejo y León fundó la Villa de San Francisco de Campeche, llamándola así, en honor de su santo y el de su padre. La capital campechana está de fiesta por cumplir un año más de su fundación. También el barrio de San Francisco se engalana, el barrio del mismo nombre recobra usanzas populares, la fe cristiana cobija a creyentes y se encomiendan al Santo Patrono; un espectáculo de luces adornan las veladas culturales mientras los vecinos se disponen a disfrutar de atardeceres y espectáculos culturales. El suburbio de la ciudad ha recobrado su estilo colonial, la gente cifra su esperanza cada día en busca de generosos amaneceres y frutos del mar para saborear las  delicias de la creación.

Colores, aromas y sabores

Silenciosas frente al mar, la ciudad, la  novia del mar y la mujer campechana, disfrutan el horizonte de arrebol, sus figuras hechas sombra, retratan arrojo y galanteo ante la bravura de las olas, mirando la bizarría de pescadores, hombres de aguas lejanas en busca de los frutos del mar. Es la ciudad bañada por las aguas del golfo, legendaria, resguardada por vetustas murallas y protegida por añejos baluartes.

Paisaje inmemorial  que retrata amaneceres policromáticos, nubes danzarinas como la espuma, adornadas por parvadas que levantan el vuelo desde la espesura de los petenes. De inigualable belleza natural.

Campeche es mucho más que un crujiente fraile, una tira bordada de hilo contado con flores de calabaza, baluartes y palmeras; un suculento cazón entomatado, un suculento pámpano empapelado, pulpo en escabeche, unos sabrosos tamales colados o deliciosos panuchos de pavo asado. Manjares al paladar que aromatizan las mesas y seducen a los comensales.

¡Qué decir de sus frutas! La boca se hace agua… saramuyos, guanábanas, mangos, caimitos, pitahayas, anonas, zapote, mamey, nance, ciruela, ciricote… frutas dulces, algunas preparadas en bebidas refrescantes que hermosean las mesas en los hogares campechanos o en conservas que se vuelven postres exquisitos. ¡Buen provecho!

 
 

Pertenencia e identidad

No basta con haber nacido en este territorio o ser avecindado, ser campechano es querer a Campeche, la tierra y su mar; respetar a su gente, comportarse con civilidad, vivir en orden y armonía con uno mismo y el entorno. La campechanía es la esencia de la identidad del ser campechano, el que vive, siente, aprecia, defiende, trabaja, protege, preserva y entrega lo mejor de sí para hacer de su tierra un oasis de paz. El sentido de pertenencia vigoriza la esencia campechana, tal como se define en el Diccionario de la Real Academia Española, “campechano es franco, amable, sencillo, dadivoso, afable…” cualidades que en la mayoría de la población se aprecian.

Campechanísimo

Campeche es nuestro, es la tierra donde aún reside la paz, el lugar fascinante de los cacicazgos mayas. El rincón privilegiado del sureste mexicano, la ciudad amurallada, lugar colonial de antaño que se remoza para estar a la altura de los destinos turísticos del orbe, con la calidad de los servicios y conquistar al visitante con la calidez perpetua del campechano.

Nuestros pies transitan por la legendaria tierra maya, suelo prehispánico sorprendido por la llegada de los españoles. Hoy, a 500 años de ese encuentro, la tierra de Can Pech y otros cacicazgos, conserva su pasado. Tierra mestiza y gente maya. ¡Es el Campeche de ayer, la tierra del presente!

Hagamos de la fiesta del pueblo, la celebración más digna de lo que somos. Campeche es tradición, historia y valores.

Como reza el Canto del Juglar (Cantar XI del libro Cantares de Dzitbalché): “el día se hace fiesta para los pobladores…”

5 de octubre 2017.
 
 
 
Texto: Enviado por Teresita Durán Vela, el 5 de octubre de 2017 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2017 y 2013 // Pintura de Enrique Herrera Marín