Inicio de la página
Comentarios, artículos, columnas...
 

Señales de inseguridad social

(6 de marzo de 2018)
 
 

Los tiempos de hoy son de incertidumbre. Por una parte, la inseguridad aumenta en número de asaltos, robos, secuestros, homicidios… también en cobertura, cada vez son más lugares y entidades mexicanas las afectadas. La problemática se ha extendido hasta localidades donde prácticamente para la población era inconcebible algo así. A diferencia de hace algunos años, los índices de criminalidad se han incrementado en forma sorprendente. La situación actual atropella los derechos humanos, lastima el clima social, es un atentado hacia la libertad e impide la paz.

Los municipios campechanos resienten los efectos del desempleo, la delincuencia organizada, la falta de estrategia para fortalecer a las policías municipales en la protección y seguridad de los pobladores. El municipio de Carmen atraviesa tiempos peligrosos, la capital del estado detona sus alarmas en colonias y zonas de invasión. Escárcega, Candelaria, Calakmul, Calkiní ya son blanco de malhechores. Éste último, está siendo asolado por bandas juveniles, rateros solitarios o en grupo hacen de las suyas, causando temor e inseguridad en los pobladores. Además del crecimiento de adicción al alcohol, el consumo de mariguana y  otras sustancias prohibidas.

Interrogantes al respecto surgen y surgen. Muchas de ellas con respuestas y otras más, silenciadas. ¿Qué ha pasado? ¿En qué falló el gobierno federal? ¿Qué dejaron de hacer los gobiernos estatales y municipales? ¿En qué momento las redes de narcotráfico se empoderaron para atemorizar a la sociedad? ¿Por qué los legisladores e impartidores de justicia se niegan a armonizar los códigos para castigar a los infractores de la ley? Seguir con el enlistado es alimentar la angustia y  mi intención no es esa, mi apreciado lector.

Hasta ahora, la adquisición de unidades para patrullar, instalación de cámaras de vigilancia no han contribuido a minimizar robos a escuelas, atracos domiciliarios ni comerciales, amén de la actividad de los narcomenudistas, venta de alcohol y riñas callejeras. ¿Acaso los campechanos sentimos que somos un estado seguro? El municipio de Calkiní ha dejado de ser tierra de paz.

De agresiones menores a delitos mayores es la proporción de crecimiento de la inseguridad. Aunque es difícil  dejar de percibir la realidad. Bien vale, la voluntad y participación ciudadana para defenderse. No se trata de integrar un grupo de autodefensa armado,  pero sí unirse para hacer un frente común de protección, seguridad personal, familiar y vecinal. Dejo esta reflexión no para el tintero sino para actuar.

Una sociedad apática a lo que sucede a su alrededor se hace daño ella misma. Tiempo de actuar para una vida segura, en libertad y democrática. Desde estas líneas, una voz ciudadana puede ser eco de una decisión comunitaria.

Marzo 2018.

 
 
Texto: Teresita Durán Vela, 6 de marzo de 2018 / Imagen: http://ahiequeprende.com/wp-content/uploads/2011/06/Asalto.jpg