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Celebrar la vida

(5 de abril de 2018)
 
 

Sólo en tus labios la palabra vive,
en el silencio calla,
en el pensamiento habita
y en la voz, luce desnuda
. (Teresita Durán)

La generosidad de la vida y el tiempo permite a las personas recibir incontables experiencias, un caudal ilimitado de conocimientos y un sinnúmero de aprendizajes que con el paso de la edad se convierten en una inmensa fortuna.

No se trata de contar los días y los años, en mi humilde opinión, es como hilvanar cada saber, con un valor hasta tejer un acto de buena voluntad y fe; así podrán pasar decenas de lunas, primaveras, otoños y navidades sin darse cuenta de que las auroras se vuelven ocaso y éstos nuevas esperanzas. Finalmente, cada ser humano habrá tejido una constelación de instantes, algunos brillantes y otros, quizá poco luminosos.

Cuando de repente, algún intrépido se atreva a preguntarle ¿cuántos años tiene? O ¿cuántos años cumplirá? Respire intensamente. Levante la mirada, responda “celebro con humildad los que la vida me obsequia”. No es cuestión de vanidad, apenas una muestra de gratitud ante la generosidad del Creador y la dicha de existir en el mundo terrenal.

Hace unos días, tuve la dicha de marcar en el almanaque la fecha en nací –según registro oficial-. Haciendo cuentas, ajustaba medio siglo ¡50 años maravillosos! Tantos que no imaginé el significado de esa cantidad: cinco décadas, diez lustros… cincuenta equinoccios de primavera, cincuenta veranos… cincuenta navidades. ¡Qué afortunada! ¡Cuántas alegrías, angustias,  fracasos, desafíos, sinsabores y victorias! Si. Agradecida por la generosidad de todos esos años, porque cada instante se ha convertido en la esencia de mi ser, en la filigrana de mi existencia. Cada día es un regalo. Cada noche una bendición para abrazar nuevamente la misión y razón de estar aquí.

Quizá a más de una persona parezcan cursi estos pensamientos, no importa, sé que otras personas son agradecidas consigo mismas y con Dios. He aprendido que la gratitud y la humildad son bálsamos para el espíritu, además embellecen, traslucen en el rostro y las acciones.

El respeto a sí mismo, la educación familiar y los valores aprendidos son la mejor brújula para navegar en altamar, orientarse en el desierto y ubicarse en el terreno que uno pisa. Sin un trayecto de viaje ni una filosofía de vida,  los caminos son sinuosos, lejanos y muy difíciles para recorrer. Un proyecto personal cifra su éxito en la voluntad con que inicia, en la perseverancia para continuar y la convicción por alcanzar ese sueño.

Soñar la vida

Mis apreciados lectores, hemos coincidido  poco más de diez años, en la palabra que ve la luz a través de la columna de Opiniones y Comentarios de Teresita Durán en este sitio.

En cada artículo publicado he transparentado mi voz; en cada texto, la desnudez del pensamiento, en cada palabra, el sentimiento. Si bien, procuro “pensar en voz alta, intento ser eco ciudadano” que invite a la reflexión.

Con esta entrega, comparto la celebración por el medio siglo que llevo por la travesía en este mundo, agradeciéndole profundamente la mirada puesta en mis ideas y el tiempo dedicado a quien esto escribe… De mi libro “Soñar la vida” (Presentado el pasado 22 de marzo, en la ciudad de San Francisco de Campeche).

Celebro un año más de vida:
auroras de esperanza,
mañanas desafiantes,
tardes laboriosas,
noches enlunadas,
instantes de gratitud.

Brindo por el gozo de la alborada,
el canto mañanero de la torcaza,
la esplendidez del girasol,
porque a mi lado, renace el amor.

Celebro un año más de vida,
¡Qué importa cuántos, inviernos o veranos!
¡Celebro un año más, nueva primavera para soñar la vida!

Pascua 2018

 
 
 
Texto y fotos: Enviados por Teresita Durán Vela, el 4 de abril de 2018