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Dzitbalché en mis recuerdos

(15 de agosto de 2018)
 
Vista de la plaza principal de Dzitbalché. Octubre de 2009
(Foto de Santiago Canto Sosa)
 

A la comunidad de Dzitbalché y sus hijos.

 

Nací en otro lugar pero Dzitbalché está en mi corazón. Recorrí por primera vez sus calles cuando era niña. Mi hermana contrajo matrimonio en ese lugar; desde entonces, conocí a muchas personas, familias y compañeros que al paso de los años, conservamos profundos lazos de amistad.

Plaza Principal

Recuerdo la plaza principal demarcada con una acera cuadrangular, en el centro una superficie amplia de pasto; algunos vetustos árboles dispersos vestían el espacio, los juegos infantiles, dos puestos de panuchos y salbutes; el monumento a la Madre, musitaba las plegarias a la patrona del lugar. Alrededor, altas paredes  de las casas coloniales adornadas con elegantes ventanales abrigaban una majestuosa ceiba. Destacaba la iglesia católica, de impecable y sencilla fachada con una enorme puerta,  una ventana en lo alto y en la punta, el campanario. Al frente, lucía la explanada de piedras labradas y unas escalinatas para entrar al santuario de la Virgen de la Asunción.

Cubría el recinto, el mercado público, el centro de salud –después fue la biblioteca-, la casona que fue la escuela primaria Ángel Castillo Lanz, el austero palacio municipal con sus arcos y el añejo reloj público, así como otros predios de familias propietarias de los principales comercios de la época. Esa imagen de antaño se desvaneció paulatinamente, el interés de las autoridades locales por cambiar el rostro del centro de la población, motivó la gestión para construir el parque con un kiosco central, senderos de concreto, bancas metálicas, nuevas plantas de ornato, luminarias nuevas –conservando aquellas matas de huaya y almendros que por décadas han sido parte del paisaje urbano- con ese nuevo rostro y con la fuente de piedra se recibía a los paseantes y residentes a esta tierra laboriosa. Bien dicen “recordar es volver a vivir”. Imágenes intactas en la mente de centenares de personas, una postal del siglo pasado.

 
Procesión con la imagen de la Virgen de la Asunción. Década de 1960
(Foto proporcionada por Moisés Mas)
 

Religión y fe

Aun recuerdo aquellas alboradas frescas, acompañada de amigas, primas políticas de mi hermana y otros familiares, para acudir a cantarle las mañanitas a la virgen y después ir a la tamalada (comer tamales) en la casa donde saldría el gremio.

Por la tarde, al llamado de voladores y al compás de la charanga, unirse al cortejo por las calles rumbo al atrio de la parroquia mariana; banderolas, flores y velas en las manos de mujeres ataviadas con hermosos huipiles o ternos, verdadero espectáculo al caer la tarde veraniega. Decenas de personas, vestidas especialmente para ese recorrido, llevan entre manos la ofrenda para la Patrona del lugar. Ya en el templo, los cánticos, alabanzas, rosarios y la santa misa coronan el misticismo. Después del culto religioso, los feligreses y el pueblo participan de otro tipo de celebración: disfrutar el colorido de los fuegos artificiales y el temible -pero divertido- torito petate no pueden faltar durante las noches de agosto.

La procesión de la Virgen de la Asunción convoca a la comunidad, cada 15 de agosto, pobladores del lugar, creyentes y visitantes, se reúnen para postrarse ante la inmaculada Madre de Jesús; efigie maternal que desborda amor y a quien se solicita protección para las familias. Cada misterio del rosario profesa devoción. Ante ella, miles de rostros se han acercado, miles de manos han sentido el impulso del poder de la reina; a ella han dedicado rogativas para sanar, proteger y pedir amparo. No hay duda, la fe alimenta esperanza; la oración,  bálsamo espiritual para un pueblo creyente y devoto.

 
Salida de la imagen de la Virgen de la Asunción, de su Parroquia. 15/08/2010
(Foto de Santiago Canto Sosa)
 

Valores

Durante muchos veranos, participé en las fiestas católicas del mes de agosto. Hoy por hoy, hago votos para que año con año, la presencia y bendiciones de la Virgen, esparzan su luz para seguir creyendo, reafirmando la fe hacia Asunción de María. Pasará el tiempo, los ancianos fundadores de los gremios partirán, nuevos sacerdotes llegarán, sin embargo, los valores familiares, creencias religiosas, costumbres populares y tradiciones, serán parte de las raíces familiares, la herencia y el patrimonio intangible para las próximas generaciones.

Aunque no soy nativa de Dzitbalché, guardo admiración por su historia, respeto por todas las familias, estima por los amigos y familiares con quienes comparto lazos indisolubles de afecto. Es el lugar donde radica la familia de mi hermana, nacieron los sobrinos y aprendieron que por ese pueblo deberán trabajar para prosperar, porque sus hijos crecerán aprendiendo a proteger y preservar la riqueza de sus ancestros. Es la tierra de honorables familias que me distinguen con su aprecio. La patria chica de amigos entrañables y colegas; entusiastas lugareños que laboran en el campo, mujeres bordadoras y gente laboriosa. Pueblo anhelante de seguridad.

La fe católica y devoción a Asunción de María, alimentan las esperanzas para vivir en paz.

Pareciera que mi memoria se alegra al evocar esas imágenes, convertidas ahora en recuerdos. ¿Cómo olvidar tantas vivencias si son parte de mi historia personal y del pasado de un pueblo que aprendí a querer y sigue en mi corazón?

Asunción de María,
protégenos reina mía,
bendícenos cada día
regalándonos paz y armonía.

Agosto de 2018.

 
Procesión. 15 de agosto de 2015
(Foto de Santiago Canto Sosa)
 
Texto: Enviado por Teresita Durán Vela, el 14 de agosto de 2018