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Dzitbalché. Tierra de los Cantares

(10 de octubre de 2018)
 
 

Dzitbalché está en mi corazón. Recorrí por primera vez sus calles cuando era niña. Desde entonces, conocí a muchas personas y familias; con el paso de los años, germinó un aprecio por la tierra de los Cantares.

Plaza Principal

Recuerdo la plaza principal demarcada con una amplia acera cuadrangular, en el centro una superficie amplia de pasto corto; algunos vetustos árboles dispersos vestían el espacio, juegos infantiles, dos puestos de panuchos, caldos de pavo y salbutes. El monumento a la Madre, musitaba las plegarias a Asunción de María -patrona del lugar-. Alrededor, altas paredes de casas coloniales, adornadas con elegantes ventanales de herrería, abrigaban una esplendorosa ceiba. Destacaba la iglesia católica, de impecable y sencilla fachada con una enorme puerta, una ventana en lo alto, y en la punta, el campanario. Al frente, una explanada de piedras labradas vestida con escalinatas para entrar al santuario de la virgen.

A finales de los años setenta, cubría el recinto, el mercado público, el centro de salud –después fue biblioteca pública- la casona que albergó la escuela primaria Ángel Castillo Lanz, el austero palacio municipal con sus arcos y el añejo reloj público, así como otros predios de familias, propietarias de los principales comercios de la época.

Esa imagen de antaño se desvaneció paulatinamente; el interés de las autoridades locales por cambiar el rostro del centro de la población, motivó la gestión para construir el parque con un kiosco central, senderos de concreto, nuevas plantas de ornato, luminarias –conservando aquellas matas de huaya y almendros que por décadas han sido parte del paisaje urbano- con ese nuevo rostro y con la fuente de piedra se recibía a los paseantes y residentes a esta tierra laboriosa. Una postal del siglo pasado. Recientemente, la fisonomía cambió. El diseño arquitectónico transformó favorablemente la plaza principal, hoy día, luce espléndida, amplia y limpia. Una imagen fresca, atractiva para el visitante y segura para los lugareños pues los puestos ambulantes fueron reubicados. El encanto campirano regala frescura, los rayos besan el campanario y la brillantez se posa en la punta de los árboles. ¡Qué espectáculo!

 
 

Tierra de los Cantares

El libro de las danzas de los hombres antiguos es un manuscrito maya, singular en su género. A través de sus textos se desborda la cosmovisión de los habitantes del lugar. Una forma literaria descubre en cada uno de los 15 cantos, la sensibilidad y magia de los pueblos mayas. Cada uno dibuja el pensamiento, adoración y rituales religiosos, expresiones amorosas y contemplación de la naturaleza. Su creación se remonta al año 1440. Fue traducido al español por Alfredo Barrera Vásquez y publicado en 1965 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

El libro Cantares de Dzitbalché es una joya literaria, parte del patrimonio cultural que debe difundirse entre los niños y jóvenes locales de este siglo; cuyo estudio y lectura en las escuelas, los aproximará al conocimiento y reencuentro con sus antepasados, a la comprensión del pensamiento plasmado por Ah Bam, descendiente del Ah Kulel de Diztbalché.

El canto del juglar (Cantar XI)

“El día se hace fiesta para los pobladores…” Así empieza el Cantar XI, evoca la anunciación de un nuevo amanecer para recibir con júbilo el canto de las aves; un  nuevo astro llega para alumbrar la existencia. Rayos que bañan los campos, iluminan el andar y los senderos, encienden la fuerza y el renacer de la vida.

“Alegría del día en fiesta aquí en el poblado…” Este canto aun se escucha… el pueblo celebrará un aniversario más de haber sido declarado Ciudad. Diecisiete años difíciles, hilvanados con esperanza. Con el deseo colectivo de progreso y orden. Empañado por  noches violentas, abandono, vandalismo juvenil,  desinterés gubernamental y poca participación ciudadana.  Ciertamente un nombramiento no asegura el tránsito a un cambio  de vida, con servicios públicos dignos, en donde la honestidad y compromiso de servicio de sus autoridades sea distintivo y al mismo tiempo motivación para transformar el presente en una realidad a la altura del rango, sólo así, sus habitantes se sentirán más orgullosos del legado de sus ancestros, haber nacido y vivir en una ciudad.

Aunque no soy oriunda del lugar, guardo admiración por su historia, respeto por todos los nativos del lugar, amigos y familiares con quienes comparto  lazos indisolubles de amistad. Dejo traslucir mis ideas a través de estas palabras con la pretensión de compartir lo que siento, sin agraviar a nadie. Con el deseo de compartir una reflexión y al mismo tiempo, invitarlos a proteger, preservar y promover la riqueza cultural e histórica de un pueblo laborioso.

¿Cómo olvidar tantas vivencias si son parte de mi vida personal y del pasado de una tierra que aprendí a querer y sigue en mi corazón?

Feliz aniversario. Ciudad de los Cantares.

Teresita Durán.
Octubre de 2018.

 
 
Texto: Enviado por Teresita Durán Vela, el 10 de octubre de 2018 / Fotos de Santiago Canto Sosa, 1-2: 11 de junio de 2002; y 3: 10 de octubre de 2015