El corazón de Ah' Canul - 25
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Una visita al camposanto
Carlos A. Estrada Arcila
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Eran aproximadamente las 6 de la tarde cuando crucé el umbral del cementerio donde reposan los restos mortales de mis seres queridos y con paso firme y respetuoso inicié mi recorrido por el pasillo central; a los lados se veían las blancas sepulturas adornadas con flores, al frente la sencilla y vetusta capilla y entre las sepulturas algunos dolientes que pronunciaban quedamente alguna oración.

A medio recorrido del pasillo me detuve ante la sepultura donde yacen los restos mortales de mi hermano Enrique y con voz tenue, quebrada por el sentimiento, lo invité a acompañarme en mi recorrido; mi razonamiento me decía que él no me escucharía, pero sentí en el rostro la caricia de una suave brisa y con esa agradable sensación me dirigí a la sepultura de mi hermana María; al llegar ahí le agradecí el maternal cariño con que siempre me había tratado, tal vez por haber sido ella la mayor de los 5 hermanos y yo el menor de ellos, así como la singular alegría con que me recibía cuando llegaba a pasar mis vacaciones en Calkiní. Al invitarla para que nos acompañara hasta la sepultura de nuestros padres y de nuestro hermano Pedro sentí que la brisa que me envolvía aumentaba su intensidad, sin que ninguna hoja de las plantas cercanas se moviera, y con ágiles pasos, pues más que caminar era transportado por la brisa, llegamos hasta la sepultura de mis padres y de mi hermano Pedrín.

Con voz apagada y pesarosa les supliqué perdón por no visitar sus tumbas tan seguido como muchos hacen con sus seres queridos, pero callé al escuchar la voz sin sonido de mi madre que me decía: No tienes por qué pedir perdón, mi querido hijo, nosotros no siempre estamos aquí, aquí se encuentra la parte tangible de nuestro paso por la Tierra, pero nuestra presencia espiritual está en todos los lugares y momentos en que nuestros seres queridos nos recuerdan. No necesitas venir a este lugar para que estemos contigo por que siempre nos estás recordando con cariño, no necesitas contarnos nada de tu vida por que todo lo sabemos, sabemos que eres muy feliz con tu familia y aunque tus hijos y tus nietos viven lejos de ti, como tú viviste de nosotros, se quieren mucho y siempre que tienen oportunidad están contigo y con tu esposa; también quiero decirte que no necesitas orar por nosotros, somos nosotros los que oramos por los que viven en ese valle de lágrimas que se llama Tierra; los vivos oran por nosotros dudando de la existencia de Dios, los muertos oramos por ustedes con la seguridad de su existencia; de todas maneras gracias por tu innecesaria, pero grata visita al panteón y por tus buenos deseos; no dudes de nuestro bienestar por que estamos con Él; ve con tu familia, quiérela mucho y no tengas temor de la llamada del Señor cuando tengas que estar a nuestro lado por que siempre fuiste y serás el hijo y hermano consentido.

La voz de mi madre se apagó y con lágrimas en los ojos escuche sin oír, no un adiós, sino el hasta luego de mis padres y de mis hermanos que se marchaban. La suave brisa que me acariciaba se extinguió y me sentí completamente solo en el panteón; enjugué mis lágrimas y arrastrando los pies me dirigí hacia la salida; los horizontales rayos del Sol, que moría en el occidente, enviaban las sombras de los sepulcros al infinito y viendo llegar la noche, con la esperanza de un nuevo día, abandoné el cementerio de mi pueblo pensando que quizá esta había sido la última vez que había entrado a él ... caminando.

Ese fue mi último pensamiento antes que sonara la alarma del reloj y despertara con los ojos aún húmedos de llanto; recordé que era 10 de mayo de 2012, Día de las Madres, y me hice el propósito de dedicarlo a escribir mi sueño y a recordar los gratos momentos pasados con mis seres queridos eternamente ausentes, especialmente los que había pasado con mi adorada madre, para quien había escrito este...

 
ACRÓSTICO
Recordando el 10 de mayo
A la autora de mis días,
Felices cantan las aves,
A miles brotan las flores,
Envolviendo en sus olores
Los besos que al cielo envío
A amor de mis amores.