¡Dios para su mayor castigo ha permitido que se desbanden y toquen hasta lo más culminante del crimen! ¡Ah!, cuán formidable es la ira del Omnipotente. ¿Por qué, señores, viendo tantas calamidades, tantos horrores causados por algunos centenares de indios discolos y vagabundos, hemos de permanecer en la inacción?
El país que se está destruyendo es nuestra Patria; los blancos nuestros hermanos y protectores, todos somos yucatecos y nuestra causa es común. La civilización contra la barbarie; es honor contra la infamia; la nobleza contra el crimen; esta es la lucha presente.
Los ancianos, los niños, las mujeres sacrificadas con un furor infernal en Xcumpich y Dzotchén, ¿son por ventura de la raza blanca?
¡Oh iniquidad bárbara! Señores, para oponernos con vigor y energía a tanta ingratitud, a tantas atrocidades, vengo a proponer una reunión, una santa liga, una unión firme y compacta, cuyos esfuerzos acordes y bien combinados no solamente salven nuestra línea del mortífero contagio de los bárbaros, sino también porque al resto del país aflige y aniquila cruelmente.
Salvemos nuestros templos, nuestros sacerdotes, nuestros hogares, nuestras esposas, nuestros hijos, que no deben caer en poder de los bárbaros que pretenden esclavizarnos y empozoñar el resto de nuestros días. Armemos a nuestros hijos y que nuestra divisa sea: ¡Patria y civilización, honra y lealtad!
Oída esta manifestación de los caciques e impuestos de la fuerza de sus razones, de común acuerdo resolvieron los siguientes puntos:
1.Que todos y cada uno en particular empleará su influjo y relaciones a fin de que los individuos de su raza comprendan toda la iniquidad de la gente que han declarado los bárbaros.
2.Que por sí mismo, por medio de sus amigos o dependientes, opondrán la más enérgica resistencia a los expresados bárbaros; no sólo para que no avancen, por estas líneas del Camino Real, sino para rechazarlos y hostigarlos en todos los puntos que sean posibles.
3.Que formarán cuerpos y alistarán grupos de indígenas en el mayor número posible para acudir a servir con armas o sin ellas a los puntos a donde las autoridades superiores tengan a bien destinar.
4.Que para que en todo tiempo quede una constancia de la resolución que han tomado los caciques que consiguieron esta Junta, quede esta acta original archivada en la Sría. Del R. Ayuntamiento de esta Villa a cuyo efecto se entregase al Sr. Presidente de aquel cuerpo sacándose antes una copia que se pasará al Comandante de la Sección Volante sobre el partido de Hopelchén, a fin de que la ponga en conocimiento de la superioridad, firmando la presente constancia los expresados caciques o sus escribanos respectivos.
Rúbricas de Juan Chi, Luciano Mis, Cayetano Moo, José Manuel Yah, Apolinar Chuc, José Antonio Ku, Marcelo Cauich y Gabriel Ku.
Hasta aquí, amigo lector, esperando que el contenido de este documento le haga reflexionar que de aquella raza indígena, no todos llevaban en sus corazones la semilla de la maldad, pues las líneas del documento anterior nos indican que muchos naturales pugnaban por la paz y el desarrollo de los pueblos. Hasta la próxima.