De vetusta lámpara de petróleo, que fuera propiedad del tío Dolores Gamboa, al estar limpiándola, surgió de pronto un diminuto ser, que dirigiéndose a mí, expresó:
-Puedo concederte hasta tres deseos.
Tan pronto me repuse de su inesperada presencia, le contesté:
-Sólo quiero uno
-¿Si ?... ¿cuál es? – inquirió.
Con mi más profunda convicción, le dije:
-Qué me enseñes a pensar. Eso, es todo lo que necesito.