La lucha de la mujer por el reconocimiento a sus derechos políticos y sociales ha sido larga y lentos, muy lentos, sus logros en estos menesteres; se tienen registros manifiestos desde mediados del siglo XIX, de éstos mencionaremos sólo algunos: En 1884 se edita la revista “Violetas de Anáhuac” a través de la cual se demanda igualdad de oportunidades políticas para ambos sexos, petición mantenida hasta 1887 época en la que deja de circular la citada revista.
En 1910 se crea la institución Pro derechos de la Mujer, misma que edita la revista “Regeneración y Concordia” bajo la coordinación de Dolores Jiménez que demanda el derecho de la mujer al voto.
Posteriormente, en 1916, en la ciudad de Mérida, Yucatán, durante la gestión del General Salvador Alvarado, se organiza el Primer Congreso Feminista demandante del voto femenino; poco después, por los años 1919-1923, las yucatecas Beatriz Peniche, Raquel Dzib, Guadalupe Lara y Elvia Carrillo Puerto, participan como candidatas a puestos públicos en su natal Yucatán, en donde Elvia Carrillo Puerto obtiene un escaño en el Congreso Local por el V Distrito, convirtiéndose en la primera mujer mexicana electa diputada –cargo que dejaría poco después por amenazas de muerte−.
En 1928, Calles redactó un código civil en el que reconocía la capacidad de la mujer para ejercer sus derechos y celebrar contratos, ya que ni para eso se le facultaba jurídicamente.
Los años 30 del siglo pasado, resultan ser un período muy importante en la lucha de las mujeres por alcanzar el reconocimiento a su derecho al voto. En 1934, se conforma el Frente de Mujeres Mexicanas; en 1937, el Presidente Lázaro Cárdenas envió a las Cámaras, la iniciativa para la reforma del artículo 34 constitucional en el que se establecería el derecho de la mujer a la ciudadanía, propuesta que es aprobada, mas no llega, inexplicablemente, a publicarse en el Diario Oficial de la Federación, por lo que todo queda en compás de espera, siendo hasta 1953 cuando se publica la ansiada reforma al artículo 34 y 115 constitucionales en los que se reconoce el pleno derecho del hombre y de la mujer a votar y en julio de 1955 las mujeres de distintos estratos sociales hicieron fila para hacer realidad un sueño largamente acariciado: EMITIR SU VOTO, pensando que este evento transformaría automáticamente la vida de la mujer, que al tener la oportunidad de pasar de espacios privados a la vida pública, iba a ser reconocida como persona, que se le iban a dar las mismas oportunidades que a los varones. La sociedad mexicana se ha encargado de demostrar tal falacia, y aún se tiene que luchar por una plena equidad de género.
Producto de este bregar por el logro de la equidad de género en los procesos electorales es lo acaecido en 2012 en donde el IFE tuvo que presionar a todos los partidos políticos para que fuese respetado el porcentaje establecido de que no se pasase del 60% la participación de un solo género en la contienda electoral de ese año y ahora, en estos días de tantísimas reformas, el presidente Enrique Peña Nieto hace la propuesta para aumentar la cuota de género de 40 a 50 % lo cual es muy plausible.
De todo corazón y con la voluntad puesta en esta lucha, deseamos las mujeres mexicanas que esta propuesta llegue a ser una hermosa realidad. |