El corazón de Ah' Canul - 32
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Día de muertos
Felipe J. Castellanos Arcila
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En nuestra costumbre, aquí en Calkiní, los días 31 de Octubre, 1ª y 2 de noviembre son fechas que impactan de gran manera la vida cotidiana.
“Los días de los muertos”, de profunda raigambre en la tradición local, donde la costumbre ancestral de nuestros antepasados indígenas acrisolada con la mezcla de la cultura de los conquistadores españoles, sigue presente resistiéndose a sucumbir ante el embate de costumbres extranjerizantes, que representan la modernidad, y que en el gusto y con el apoyo de los jóvenes, con las fiestas del Halloween quieren sepultarla, al igual que aquellos a quienes en estos días se les conmemora.

¿Será posible?.....

Querer matar a la muerte, al menos a la de nuestra tradición, es como para que “La Catrina” realmente se muera, pero de risa.
Acaso el Haanal Pixán, la fiesta o banquete de los muertos, no es en verdad una fiesta de los vivos?....

Qué vivo no muere, o qué muerto no vive, ante un Altar iluminado con velas multicolores, blancas o de cera, de donde se desprenda el aroma de un dorado mucbipollo (tamal gigante horneado en tierra), o ante la delicia del dulce de cocoyol (fruto regional) con coco, o de un exquisito mazapán, o quizá en el recuerdo, de una rica “almendrita”, de esas que Doña Tulita y su hermana Carola, nos deleitaban cuando pequeños, y de los que seguramente estarán expendiendo en el más allá, en el lugar donde se encuentren. Si acaso en el cielo… dichosos los ángeles y de aquellos que el creador les permitió la entrada a su reino.

¿Qué difunto no extrañaría probar de estos manjares, después de un largo año de espera? O es que, en la eternidad, para los muertos, un año sólo sea como un suspiro, no de los de dulce, de esos de los que Tulita y Carola, también sabían preparar, si no de aliento, de esos que salen de lo más profundo de nuestras almas, ante tantas remembranzas.

Los calkinienses somos fieles a esta tradición, en estos días todas las familias nos unimos, y hacemos de estas fechas una gran convivencia, como si con ella pretendiéramos asegurar, que los seres queridos fallecidos se mantendrán vivos, y es claro que lo logramos, al menos en el recuerdo de quienes así los veneramos.

Que las bellas tradiciones de nuestro pueblo perduren para los muertos y, desde luego, para los vivos también.

 
 
Nota Aclaratoria: Los artículos publicados a mi nombre, Calkiní: Un recorrido por su historia. Palacio Muncipal de Calkiní. (Revista No.30) y Templo y Convento de San Luis Obispo. (Revista No 31) corresponden a un trabajo colaborativo realizado por una Comisión integrada por Fred Beerzunza Chacón, Santiago Canto Sosa, Felipe Castellanos Arcila, Carlos Fernández Canul, Alonso Reyec Cuevas y Carlos Suárez Arcila.