Ese día le pedí al genio, que me concediera uno de los tres deseos que me había ofrecido. El, de inmediato cumplió.
Ante mí apareció el ente que yo había invocado: era “LA LUZ”; si, la luz, ese elemento “onda-partícula” que nos ilumina, y que según los científicos, es el agente más veloz del universo. Esto es lo que yo quería apreciar.
Le pedí al “inusual invitado” que se parara junto a mí, y que a una señal, se desplazara a su velocidad normal, pero solamente lo haría por un segundo. Esto es, después de ese instante, se detendría.
Así lo hizo, y de inmediato estuvo a 360 000 km. de distancia de la Tierra a la Luna. Hice cuentas, y me percaté que si voláramos en un avión comercial para alcanzarla (1000 km. por hora aproximadamente), ocuparíamos alrededor de 12 días; volando en forma ininterrumpida.
Con su poder de captación y de comunicación, la luz entendió mi inquietud y me dijo:
Te parece que mi velocidad es algo extraordinario para tu mundo y tu cotidianidad, pero has de saber que en este multiverso en expansión, así tenía que ser; pues si me dijeran que yo lo recorriera de un extremo a otro; con toda mi vertiginosa velocidad, ocuparía cerca de 28 000 millones de años para hacerlo. Ustedes los seres humanos no pueden siquiera imaginar la distancia que recorrería en ese tiempo.
Ante esta explicación, ya no hablé. Me quedé anonadado y pensando: ¿qué representa nuestro planeta en esta inmensidad?, ¿y nosotros los seres humanos?, y dado lo probable que en ese inconmensurable espacio existan mundos semejantes al nuestro ¿será cierto eso de que somos los reyes de la creación?
Afortunadamente me quedan dos deseos, y con ellos espero averiguarlo.