El corazón de Ah' Canul - 47
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Terror nocturno
Guadalupe Berzunza Fuentes
Portada -47
 
Foto: Glafira Rodríguez
 

Sonó la corneta vespertina que en el viejo internado anunciaba la hora de cenar.

Como abejas del panal, salieron en estampida las chiquillas de sus dormitorios, dirigiéndose apresuradas al amplio comedor, ubicado a 100 metros de la cancha principal, alrededor de la cual se alzaban los edificios de tres pisos que albergaban los cuartos de hospedaje.

En gran algarabía fueron llegando por grupos al área de alimentación; todas casi al unísono degustaron la cena de ese día. Poco a poco las que terminaban rápido iban saliendo del comedor.

Había entrado la noche y era poca la luz que alumbraba el camino de regreso a los dormitorios.

De pronto, se escucharon gritos por la cancha, las que iban saliendo retrocedieron asustadas. ¿Qué pasaba? ¿Por qué los gritos? Algunas valientes se formaban en grupitos y se aventuraban corriendo por el camino.

La joven Lulú, angustiada, veía que ya eran pocas las que quedaban en la estancia. Desesperada, se aventuró a salir en fenomenal carrera rumbo al edificio de su dormitorio, que para su mala suerte era el más alejado del lugar.

Corrió y corrió sintiendo que algo la seguía, atravesó los 100 metros de concreto, llegó a la cancha recorriéndola y rodeando la alberca como pudo, cruzó los lavaderos y se adentró en el pasillo que conducía a las escaleras del edificio y casi a gatas subió los escalones de los dos pisos, atravesando un angosto pasillo y llegando a desplomarse en la cama de su cuarto. Seguidamente, la chiquilla estalló en tremendo llanto, un llanto imparable que casi la ahogaba, sus compañeritas se acercaron solícitas a preguntarle qué pasaba, pero ella no podía contestarles.

Escuchó que alguna decía: “Es que extraña su hogar”. ¿Cómo explicarles que lo que pasaba era resultado de un ataque nervioso provocado por el miedo y la angustia a lo desconocido? Poco a poco se fue calmando y un sueño reparador la envolvió.

Al día siguiente se resolvió el misterio, un perro rabioso se había colado a los patios del internado y algunas chiquillas en su desesperación se habían arrojado a las frías aguas de la alberca.

Al final, el velador del lugar localizó al animal y a rastras lo expulsó del plantel. Esa fue una noche inolvidable para las 300 internas de la Escuela Normal Rural de Cañada Honda, Aguascalientes, pero sobre todo para Lulú.