El corazón de Ah' Canul - 48
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EDITORIAL
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Días de alegría y mucha diversión, ambientes de coloridos disfraces que se mezclan entre la algarabía del ritmo de las comparsas, así es el carnaval de mi tierra, la fiesta del pueblo, que si es pagana o religiosa, que si son tres días o más, poco se discute, pues en estos días casi todo está permitido.

El sábado de bando con sus hermosos carros alegóricos; las comparsas ataviadas con sus trajes multicolores se convierten: son mariposas que llenan y recorren las calles de nuestra ciudad, regalando a los calkinienses gratos momentos de diversión.

Desde disfrazarse y pintarse la cara, que no deja de tener el misterio, el misticismo que se remonta desde la antigüedad, se viven con entusiasmo las fiestas del rey momo. Desde sus orígenes, grandes civilizaciones predecesoras celebraban el carnaval con su propia ritualidad; hoy, en nuestros días, ha evolucionado en casi todo el mundo, la innovación con la modernidad ha permitido que se luzca con más esplendor y grandeza.

Las fiestas carnestolendas se han convertido en un periodo de regocijos de la gente; niños, jóvenes y adultos disfrutan al máximo de estos momentos de esparcimiento que posteriormente despediremos con la quema de “Juan Carnaval”, después de leernos su testamento, que ha de durar todo un año.

Así que vamos todos a disfrutar de nuestra tradición de música, baile, máscaras y magia, vamos todos a esta gran mascarada.