El corazón de Ah' Canul - 48
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Prisionero
Guadalupe A. Berzunza Fuentes
Portada -48
 

Encogido en un rincón de la cueva que me sirve de refugio y cárcel a la vez, observo a mi alrededor y por un momento, todo se obscurece, volteo a mi izquierda y veo a dos ojillos encendidos que me observan fijamente, es el monstruo agazapado esperando el momento oportuno para saltar sobre mí, si intento escapar.

A mi derecha veo la entrada de la cueva que se ilumina con el resplandor del amanecer. Me levanto con sigilo y me acerco a la entrada, asombrándome al observar el hermoso paisaje de verde resplandor, aves de hermoso plumaje que pasan volando, hermosas flores de todos colores un riachuelo que serpentea en el terreno tranquilamente, el cielo luminoso, todo es paz y armonía. Veo venir a dos personas que cantando pasan cerca de mí, sus rostros denotan alegría y entusiasmo, son jóvenes, corren bailan y desaparecen por la vereda, aún a lo lejos sigo escuchando sus risas.

¡El desasosiego me invade, cómo quisiera ser como ellos! Me animo y salgo un poco de la cueva, respiro el ambiente que me rodea, y al sentirme tan a gusto hago el intento de continuar caminando por el bosque, pero de pronto… algo me jala con fuerza hacia dentro de la cueva, la cola del monstruo enredada en mis piernas me hace arrastrarme otra vez hacia el interior, mi corazón palpita aceleradamente, el temor me invade, la desesperación me aniquila. Y nuevamente me acurruco en ese rincón que ya es mi refugio cotidiano.

¿Hasta cuándo podré tener el valor de zafarme de la cola del monstruo y correr hacia la libertad? ¡Oh Dios , ayúdame¡ ¿Cómo fui a caer en esa cueva? El tiempo continúa inexorable, mi cotidianeidad consiste en asomarme diariamente a la entrada de la cueva y observar de lejos el paisaje; poco a poco, me doy cuenta que ya no poseo la agilidad de antes, ahora me arrastro hasta media cueva y ahí me quedo agazapado hasta que entra la noche y el monstruo me jala de nuevo a su lado, tanto tiempo ha servido para que ya no le tenga miedo, ahora es mi amigo y su cuerpo me cobija.

Una mañana, observo a la entrada de la cueva una luz deslumbrante, que poco a poco comienza a acercárseme, voy descubriendo que esa luz rodea a un ser de exquisita belleza, el cual me dice: “He venido por ti, ahora eres libre, vamos te enseñaré la belleza del universo”. Me levanto, dándome cuenta que me siento ágil; el Ser de luz me toma de la mano y saliendo de la cueva nos vamos elevando hacia el firmamento… Observo que todo se va haciendo más pequeño hasta desaparecer, y me encuentro en un lugar maravilloso. Al fin ¡Soy libre!