El corazón de Ah' Canul - 50
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El morrop
Guadalupe Berzunza Fuentes
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El hombre iguana o Morrop de los Mochica en Perú

Foto tomada de la página de Código Oculto, en Internet

 

Aunque no lo crean, apreciables lectores, lo que voy a relatarles sucedió hace algún tiempo, cuando aún existía la vieja estación y la línea de ferrocarril que pasaba por la calle 22, no había llegado la luz eléctrica y para disfrutar de las fiestas se ayudaban de la luz de la luna y de lámparas de keroseno.

La juventud de ese tiempo acudía a los rezos a distraerse de las labores cotidianas, las muchachas siempre acompañadas de sus madres. Un grupo de jóvenes amigas de los barrios de San Juan y la Concepción se habían puesto de acuerdo para asistir esa noche peculiar a un rezo, ya que en ellos se departía alegremente y se bailaba la jeringonza, un baile dedicado al niño Dios, y con lindos vestidos de la época o hermosos hipiles se reunieron en un lugar acordado con anterioridad. Dicho rezo se efectuaría en una casa alejada de la población, rumbo al actual barrio de Fátima.  Y marcharon contentas en compañía de las cuidadoras, es decir, las mamitas.

Pasada la medianoche, decidieron regresar a sus hogares; todas venían contentas y algunas platicando de sus vivencias en dicho rezo. Después de atravesar la vereda de la actual calle 5, enfilaron sobre la vía del tren, pues era la calle ancha y podían caminar sobre los durmientes sin estropear sus zapatillas. La noche era alumbrada por una luna creciente; las calles en ese tiempo eran casi veredas rodeadas de arbustos de todos tamaños.

Al llegar a la esquina de la calle que ahora es la 7, una de las jóvenes sintió algo raro y enseguida volteó hacia su derecha, para descubrir parada sobre una gran piedra rodeada de arbustos a una extraña criatura que la miraba. Era un ser alto, extraño; por la penumbra no se alcanzaba a verle completamente el rostro, sólo los grandes ojos; pero lo que quedó grabado en la joven fue ver que sus pies en realidad eran como las patas de un pavo y le colgaba una especie de cola larga. Inmediatamente, se colgó del brazo de su madre y le dijo quedito: “Apúrate, vamos a caminar más rápido”.

Toda asustada, esperó a estar ya lejos del sitio para relatarles a las demás lo que había visto. Todas las muchachas, temerosas, corrieron hasta llegar a la calle 15 y de ahí enfilar apresuradamente a sus respectivos hogares. La chica en cuestión comentó que probablemente sería el Diablo el acechador.

Muchos sabemos que el Calkiní de antaño se caracterizaba por tener numerosas cuevas y por todos lados, actualmente la mayoría han sido enterradas, la ciudad se ha pavimentado y poblado grandemente. En todos los rincones podemos encontrar luz eléctrica, ya casi no se escuchan cuentos de sucesos raros, como quien dice los seres fantásticos se han alejado del lugar.

Retomando nuestra historia… ¿Qué piensan que haya visto la chica esa noche? ¿Fue su imaginación desbocada por el temor? ¿Visión opacada por sombras y poca luz de luna?

No lo creerán, pero lo que la chica vio esa noche fue un Reptiliano, que salió de alguna cueva a explorar. ¿Y que es un Reptiliano? Seres extraterrestres como reptiles gigantes, viviendo en cuevas y túneles debajo de la corteza terrestre, los cuales ya tienen miles de años habitando el planeta. Tanto así que en algunas culturas mesoamericanas fueron considerados Dioses por los trabajos que hicieron en esos pueblos. En aquel tiempo se mostraban a los indígenas; a partir de la Conquista se refugiaron en sus cuevas y sólo salían esporádicamente cuidando no ser vistos.

Existe en el Perú un lugar llamado Chiclayo, turístico por sus tumbas reales y en una de ellas se encuentra la imagen del Morrop (Hombre Iguana). Los Mochicas del antiguo Perú consideraban al Hombre Iguana como un personaje poderoso que ayudaba a descender a los difuntos y ser el mediador entre el mundo de los vivos y de los muertos.

¿Y qué tiene que ver el Morrop en esta historia? Pues que este ser parece ser la copia de lo que vio nuestra joven calkiniense ni más ni menos; alto, ojos grandes, patas de pavo y larga cola. Viviendo bajo la corteza terrestre pueden andar por todos lados y salir a la superficie por las cuevas naturales.

Tengan cuidado al andar de noche por lugares poco poblados y con cuevas, no vaya a ser que se les aparezca un Morrop.