El corazón de Ah' Canul - 50
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Mamá perdóname
Xenia Fuentes Fuentes
Portada - 50
 

Foto proporcionada por Xenia Fuentes

 

Era un día muy agitado en la escuela, los intendentes le daban mantenimiento a los tinacos que alimentaban los sanitarios. Terminaron rápidamente y bajaron para limpiar la cancha, pero olvidaron cerrar la reja que conducía a la azotea. Ese olvido tendría consecuencias graves.

Eran las nueve de la mañana; después de la explicación, la maestra del grupo le puso un ejercicio en el pizarrón. Luisito pidió permiso para ir al sanitario. Pasaron algunos minutos y el niño no regresaba. La maestra intrigada salió del aula y caminó hacia los sanitarios. Luisito no se encontraba ahí y lo llamó en repetidas ocasiones. De pronto escuchó un quejido en la parte trasera y corrió encontrándolo tirado en el pasto respirando con dificultad. Al levantarlo le preguntó que le había pasado. El respondió:

—La mariposa, la mariposa, perdóname mamá.

Lo llevó a la oficina de la directora y llamó a la Cruz Roja, solicitando una ambulancia.

Al mismo tiempo, María lavaba apuradamente los trastes del desayuno, necesitaba ir al supermercado a comprar algunos ingredientes para la comida y terminarla antes de la una de la tarde porque a esa hora iría a recoger a su hijo Luisito que cursaba el primer grado de primaria, tenía seis años y era un muy aplicado y respetuoso. Vivían en un barrio muy tranquilo en la ciudad de Campeche y afortunadamente todos los servicios les quedaban cerca, incluso la escuela, a unas cuadras de su casa.

Ensimismada en su tarea y pensando en el guiso que elaboraría, escuchó un ruido y al voltear, vio a su hijo parado en la puerta de la cocina el cual le dice: “Mamá, perdóname”. Y, dándose la media vuelta, se encamina a su recámara. Asombrada, quitándose el delantal, trató de seguirlo, pero en ese momento sonó el teléfono y corrió a contestar. Era la directora de la escuela que le pidió presentarse inmediatamente. Tomando su bolsa de mano se encaminó hacia allá. En el breve trayecto se preguntaba por qué su hijo había abandonado el plantel educativo. Escuchaba el sonido de una ambulancia y al doblar la esquina vio que se detenía en la puerta de la escuela, bajando los paramédicos. Apuró el paso y se dirigió a la oficina de la directora, al entrar vio a su hijo recostado en un sofá. Corrió y lo abrazó y en ese momento Luisito abrió los ojitos, la miró y le dijo: “Mamá, perdóname”. Y expiró.

María sintió que su mundo se derrumbaba. Luisito fue sepultado al otro día, pero antes se le hizo un homenaje en el plantel educativo ya que había sido un niño muy aplicado y con una conducta intachable.

¿Qué ocurrió?

Una alumna de sexto grado, explicó, que desde la ventana de su aula vio a Luisito salir del baño y empezó a seguir a una linda mariposa azul, trató de atraparla, ¡era tan bonita!, y sin pensarlo fue subiendo los escalones que llevaban a la azotea y en su afán por atraparla dio un paso en falso y cayó golpeándose fuertemente la cabeza. Todo sucedió tan rápidamente que la alumna cuando quiso avisar a su maestro lo sucedido, la maestra de Luisito ya estaba junto a él.

¿María realmente vio a su hijo? ¿Fue el alma de Luisito que le avisó del accidente? ¿Por qué pedía perdón el niño?

María tuvo una visión de su hijo en el mismo instante en que él tuvo el percance, fue una conexión emocional con él. Luisito pedía perdón porque sabía que no debía ir a los lugares de riesgo existentes en la escuela, su madre le inculcó valores y buenos modales, pero un niño de seis años no mide el peligro.

Y el error tan grave de los intendentes al no poner el candado a la reja provocó este doloroso accidente.

María agradeció de todo corazón haber disfrutado a ese lindo Angelito que fue Luisito y que a pesar de su tristeza sabía que su hijito estaba feliz, disfrutando de un mundo mejor.