El corazón de Ah' Canul - 51
Inicio
Aluxitas nocturnales
Andrés Jesús González Kantún
Portada - 51
 
Foto: Proporcionada por Andrés Jesús González Kantún
 

Descansando en una cómoda mecedora en una cálida noche de verano, el papá Fernando ve pasar por el pasillo a unos niños en rápidas sombras borrosas. No hizo caso. Es curioso, porque estos seres sólo se dejan ver por aquellos niños con quienes coinciden en sus gustos y juegos. Estos entretenimientos son unos de los   objetivos de su presencia.

Cuando visitan a un pequeño ser terrenal, según el género, presentan su credencial de amigos. Las familias creyentes los atienden con ofrendas para evitar su descontento. Por eso, no temen a sus travesuras de seres espirituales que juegan con la salud infantil.

Permítanme contarle una pequeña historia sobre estos espíritus singulares.

Una noche antes de caer vencida por el sueño, Gabi la mamá acomoda a su hija Fridita, de apenas cinco meses de nacida, en su hamaca. Se distrae y pierde la noción del tiempo. Por instinto maternal se levanta varias veces para verificar si no había problemas, desde luego que sí los hubo. Le encuentra parte del cuerpecito   fuera del tejido de la hamaca. ¿Desde cuánto tiempo se hallaba en esta posición incómoda? Nunca lo supo. Sin embargo, la pequeña no se encontraba llorando, sino que se estaba comunicando en su idioma natural de recién nacida con una niña de colorido huipil que le sostenía la cabecita para evitar que tocara el piso. La madre quedó asombrada ante aquella escena extraordinaria; tierna y amorosa y se acercó presurosa para tomar en sus brazos a su hija para comprobar su estado de salud. En su regazo, Fridita relucía una carne encendida de niña tierna, fresca y saludable. Aquella figura fantasmagórica en cuerpo de mujer desapareció en un tris tras de dedos y regresó a su mundo paralelo al nuestro.

La abuela para prevenir otros eventos de esta clase compró incienso especial para neutralizar la casa de los malos vientos; ruda y albahaca para frotar la piel de la niña para protegerla de otras acechanzas malignas.