El corazón de Ah' Canul - 51
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Encuentro
Jorge Jesús Tun Chuc
Portada - 51
 

“Si no recuerdas la más ligera
Locura en que el amor te hizo caer,
No has amado”.
William Shakespeare

 

Caminando por la calle una mañana, de pronto al levantar la mirada te vi acercarte en dirección hacia mí, sin darme tiempo para pensar. El encuentro era inminente, mi corazón aceleró los latidos por la grata sorpresa.

Contemplé complacido tu hermoso rostro de princesa que irradiaba una alegría genuina, tanto que me dio confianza para mirarte a los ojos y saludarte. Tus pupilas negras como el espejo de Tezcatlipoca, tenían un extraño brillo de cautivante sensualidad.

Un aura que emanaba de ti rodeaba tu esbelta figura, dándote un matiz de exótica belleza. Un intercambio de sonrisas y un breve saludo hicieron el cumplido de este encuentro fugaz. Una sensación de relajante felicidad y tranquilidad interior sentí, mientras continuaba mi camino.

Pero al disiparse la emoción inicial de verte cándida y primorosa, soy nuevamente presa de la ansiedad al sentirte tan cerca, tan lejos y ajena.

Aquel jardín de rosas rojas que alimenté con agua fresca y cuidé afanosamente para ti, era el refugio preferido de alegres mariposas y huidizos colibríes. Ese rincón rebosante de fragancias y colores, hoy permanece triste y desolado.

Aquellas rosas que se pintaban con el color encendido del amor y la pasión, se transformaron en hirientes cardos. El alegre ruiseñor que trinaba en una rama cercana a mi ventana todas las mañanas, se marchó para siempre.

Justo cuando vivíamos tú y yo en ese mundo de fantasía que justos construimos, de la mar de la simulación y la indiferencia, surgieron olas que destruyeron mis preciados sueños. Avasallaste mis sentimientos hasta el grado de adorarte como a una divinidad, sin imaginarme siquiera que fui un capricho de tu corazón. Solamente jugaste al amor.

Caminando sin rumbo por las calles, escucho el tañir de las campanas de la iglesia del pueblo. Un repentino escalofrío recorre mi piel, siento un nudo en la garganta que me quita la vida y sin poderlo evitar, lágrimas amargas resbalan por mi rostro. Tú en cambio, esta noche tienes cita ante el altar de Dios, donde jurarías amor eterno con el dichoso varón al que le entregarás las mieles del paraíso.

Abrumado por mis heridas del alma y el corazón, me refugio en la soledad de mi bohío. Me consuelan los sonidos de la noche. Mirando la eterna obra del Creador, me fijo en la pulsante luz azulada de mi estrella favorita. Yo la quería para regalártela como joya de compromiso de nuestra historia de amor que finalmente quedará inconclusa.

La misteriosa energía del Cosmos y la fresca brisa nocturna me conducen al oasis del sosiego. Inmerso en mis pensamientos, me pregunto: ¿Existe el amor? ¿Es un espejismo? Tal vez ¿Una percepción subjetiva de la mente? ¿Qué es amor?