El corazón de Ah' Canul - 51
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Obra Mural "Calkiní" de Sergio Cuevas Avilés
Santiago Canto Sosa
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Inauguración del Mural "Calkiní". 30 de noviembre de 1993

Foto: Archivo de Santiago Canto Sosa
 

Con motivo del 75º Aniversario de la Titulación de Calkiní como ciudad, fue develada la obra mural "Calkiní" de Sergio Cuevas Avilés. En la mañana del martes 30 de noviembre de 1993, el gobernador Jorge Salomón Azar García descorrió las cortinas de los tres lienzos situados en paredes exteriores del Palacio Municipal de Calkiní.

Se colocaron barras de metal para evitar que los murales sean maltratados, pero no duraron mucho tiempo allí. Los grandes óleos han sufrido deterioro, debido a elementos humanos y naturales -entre éstos los rayos solares que dan en pleno por las mañanas, y las golondrinas que vuelan en los corredores del inmueble-.

Las piezas artísticas han sido retocadas en varias ocasiones por su autor. Además, en el 2004 se colocaron placas al pie de cada mural, con su respectiva interpretación (sintetizada), redactadas por quien esto escribe, aclarando que en la primera placa fue transcrita erróneamente la palabra nohol (pusieron nohal).

En el trenio 2009-2012, Cuevas Avilés pintó de nuevo los murales, avivando los trazos y colores; poco después, el de “Raíces de Ah Canul” fue colocado en una pared interior de la Casa de Cultura de Calkiní; los otros se quedaron en el palacio.

A continuación, los textos interpretativos:

1.- Raíces de Ah-Canul

El hombre nació del maíz y transformó la tierra; construyó templos de piedra y germinó su semilla en los cuatro puntos cardinales: rojo, azul, amarillo y verde; cuatro colores de la cosmogonía maya resplandecieron en xamán, nohol, lakín y chikín. La luna y el sol revistieron de luz la presencia de Ah-Canul en los surcos, con ornamentos de la creación. Sus armas: el pedernal y el cuchillo. El arte creció en el espíritu del Mayab: el amate, el pincel y el caracol encendieron de color y música los paisajes. Los dioses reinaron y retoñaron en una ceiba; las raíces se extendieron en el horizonte.

2.- Fusión de culturas

El hombre de allende el mar trajo la cruz y la espada. Subió escalinatas de piedra y se adueñó de ritos y copales. Del invasor, blanco y barbudo, brotaron la muerte y la resurrección. La sangre hispana se mezcló con las arterias del nativo; y palpitó el corazón en los sonidos del tunkul y la guitarra. El mestizaje fue fruto del encuentro entre la cascabel y el silencio. De los rostros de Cal-k'ín y de Castilla surgió un nuevo perfil. La evangelización fue el comienzo de otra historia; la resistencia es aún símbolo del guerrero maya.

3.- Hacia el ideal

No hay obstáculos, ni montañas de fuego que detengan los ideales. El pensamiento del hombre resplandece en el libro de la educación. En su pretérito gozó de luces y sombras; cosechó su propia carne en el maíz. El habitante de la época moderna se levanta contra el mal, que es devorado por el águila, símbolo de mexicanidad. Hoy alzará sus ojos hacia al futuro; tomará sus alegrías y temores, sus brazos serán más fuertes. En Isla Arena o Nunkiní; en Dzitbalché o Bécal; en Calkiní... el aprendizaje será eterno. Su presente es grande: sigue leyendo su nombre en el firmamento.