El corazón de Ah' Canul - 56
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A un padre anciano. Ejemplo de fortaleza
Teresita Durán
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En México, el tercer domingo de junio se dedica a la celebración del día del padre. Cualquiera que sea la forma de celebrar, se puede aprovechar el tiempo para honrar la figura del Padre, disfrutar todo momento para compensar las ausencias y agradecer cuánto ha entregado a los hijos.

Es posible que la forma de expresión filial hacia el Padre sea singular, quizá no sea una figura consentidora ni cómplice como mamá, sin embargo, su presencia es un pilar en la familia; aunque su cariño se manifieste diferente, no dejan de ser importantes en el desarrollo afectivo de los pequeños. Más que un proveedor económico, los padres son portadores de valores y modelos de vida, de ahí, la calidad de su existencia en el crecimiento de los menores y su influencia en la educación familiar, son vitales como formadores en principios y habilidades para la vida.

Un padre –desde mi vivencia– representa la estampa laboriosa, el símbolo de protección, inspiración de gratitud. ¿Cómo y cuándo llegó la vejez en la vida de papá? No sé, a lo mejor no me di cuenta, sigilosamente se apostó para quedarse. ¿Habrá sido el uso del bastón una señal, las canas o la lentitud al caminar?

Sin darme cuenta, soles y primaveras han pasado… a la vejez llegaste. Guardas años en tu cuerpo que protegen el baúl de los ayeres; añoro las tardes de lluvia y el canto de las ranas, cuando niña. Recuerdo las mañanas escolares, los paseos en el campo y las noches de leyendas. Cierro los ojos prendida de tus brazos, siento la calidez  y la armadura del corazón que cobija. Quizá no quise darme cuenta de la ancianidad, ahora más que antes, necesitas de tus hijos.

Para mi padre y los papás ancianos:

Entrego la timidez de esta voz, al compás de la melodía que teje sonidos de alegría y hace nudos de emoción, canto con notas de agradecimiento.

Papá ha dejado de ser fuerte con las manos, sus pasos han perdido rapidez; en su semblante, esboza el paso de los años, permea la expresión del cansancio, tiene más lunares en la piel, su mirada empieza a perder luminosidad. Papá es de buena madera, las necesidades no acabaron sus raíces; con esfuerzo y trabajo, forjó una familia. Durante noches de desvelo en tantos años, su empeño fue su principal compromiso.

Ahora, sus fuerzas han disminuido, sin embargo, su lucidez y salud, le permiten seguir disfrutando los sábados de box, tardes de beisbol, domingos taurinos y uno que otro espectáculo desde la comodidad de su sillón. Así es papá, el hombre nonagenario, el caballero de dos siglos, cuya bravura de la juventud dejó en la valija de los recuerdos, aquel intrépido solitario, cazador y bailador, hoy es un viejito que se levanta con el cántico de las aves, ilusionado con las auroras; un anciano acompañado de su amada en espera de la llegada de la noche y degustar juntos un rico pan dulce con una taza de leche o chocolate.

Los papás ancianos son como el gran baúl, guardan recuerdos y tesoros del pasado. Son frágiles como alas de mariposa, de mirada ingenua; piel como pétalo de rosa… su figura lentamente pierde fortaleza, pero su alma aprisiona el calor de unos abrazos y el sabor de las remembranzas. Anhelan sentirse acompañados de alguien que escuche sus odiseas,  triunfos y derrotas.

Cuando los ancianos son débiles de salud, las enfermedades demandan mayores cuidados, atención de la familia y hasta visitas de supervisión. El abandono y el rechazo son formas agresivas, estilos de indiferencia. Nadie sabe el tiempo exacto de vida de un padre veterano, si hoy tienes la fortuna de disfrutar la riqueza de tu padre, invierte unos instantes, verás la ganancia multiplicada en satisfacciones y alegrías.

Un padre anciano pone a prueba la lealtad y el amor de la familia, él merece altas dosis de cariño; nutrientes fuertes para el alma, compañía para pasar los últimos días, seguir inspirando sueños mientras dura la travesía por la vida.

Todos los días son fechas de celebración, un Padre merece una fiesta compartida en familia; ansía estar acompañado y no permanecer en soledad.

¡Bendiciones a todos los Padres!