El corazón de Ah' Canul - 56
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Custodio de la historia
Joel Pacheco Berzunza
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La noticia me llegó demasiado tarde. Siempre es impactante que nos informen de la muerte de un amigo, y más si lo hace un desconocido algunos meses después de sucedido el fallecimiento. Quien es investigador de la historia de Yucatán, sin duda conocía a don Susano Durán Esquivel: hombre de baja estatura pero de enorme corazón, de cabello blanco en su totalidad que era fiel reflejo de su afabilidad y su carisma. Todos los domingos se le podía ver en la Plaza Grande y en el teatro José Peón Contreras, de la ciudad de Mérida, promocionando libros de la historia de esa hermosa ciudad y del estado que la cobija; nunca supe si lo hacía por trabajo o por vocación, pues interesarse y acercarse a él por un libro, era recibir una cátedra de historia de un apasionado como era don Susano; con orgullo y entusiasmo recordaba acontecimientos pasados, personajes, historia de los edificios emblemáticos y, sobre todo, hablaba con vehemencia de la historia de la bandera de la República de Yucatán, trabajo al que había dedicado parte de su vida.

Mi encuentro fortuito con don Susano, sin duda fue de gran importancia, ya que me enteré, por él, que trabajaba como archivista y bibliotecario en el Patronato Pro historia peninsular (Prohispen), y que ahí podía obtener datos para una investigación que estaba realizando sobre la revolución en la península yucateca. En su oficina del Prohispen, don Susano se dedicaba con laboriosidad a buscar el documento que pudiera arrojar el dato solicitado; le permitía sin recelo a quien fuera con ese afán, adentrarse en "sus tesoros" documentales, que con los años había catalogado, archivado y cuidado para que las futuras generaciones pudieran consultar. Siempre presto, siempre amable y dispuesto.

Varias veces me encontré con don Susano, ya fuera de visita a su oficina o de manera casual en la Plaza Grande; siempre de guayabera y con la efusión del amigo que no se le ve muy seguido, me preguntaba cómo estaba Calkiní (a menudo me confundía con alguien de ahí), yo le respondía bromeando que sólo la mitad era de allá y que la otra mitad era de Hecelchakán, lo que provocaba esa sonrisa que sólo se le ve a las personas sinceras y auténticas como él. Me preguntaba cómo iba mi investigación y me ofrecía lo que estuviera a su alcance para la edición o presentación de la obra ya terminada (por desgracia no se la pude mostrar publicada pues aún está en trabajo de edición e impresión); al final, nos despedíamos con la seguridad de volvernos a ver ahí mismo.

En lo profesional, don Susano Durán Esquivel, era uno de aquellos personajes que custodian archivos y están siempre dispuestos a ofrecer su apoyo incondicional a quien investiga documentos en busca del dato oculto, de aquellos personajes que permanecen en el anonimato para que otros, como su servidor, puedan descifrar los secretos de la historia y darlos a conocer al público. En lo personal, don Susano era de aquellos seres humanos, hoy casi extintos, que escuchan con interés las necesidades de las personas y tratan de encontrarles una solución, siempre con amabilidad y sin más interés que ayudar a otro ser humano.

Lo supe demasiado tarde, pero no quise dejar pasar la oportunidad de reconocer y agradecer a la vida el haber conocido a un hombre sencillo y capaz como don Susano Durán Esquivel. Para él, estas breves líneas. Descanse en paz.