El corazón de Ah' Canul - 57
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50° Aniversario de la Plaza del Progreso de Bécal
Teresita Durán Vela
Portada - 57
 
Plaza del Progreso. Bécal. Foto proporcionada por Teresita Durán
 

Soy  becaleña de corazón, 
amo este suelo, 
es mi pueblo, una canción.

 

Mi ancestral pueblo se sitúa en el corazón de la ruta maya. Al arribar al lugar, bajo la fronda de añejos flamboyanes se respira la llana frescura; senderos de caminantes, antiguos agricultores y jóvenes entusiastas, transitan a diario por las calles del poblado. El colorido de los flamboyanes y el amarillo de las copas lluvia de oro, lucen su brillantez y esplendor; es tal su belleza, que adornan el atrio de la iglesia católica, y la Plaza del Progreso se ilumina mágicamente.

Territorio ancestral, de vetustos almendros, su suelo se ha adornado de floridos maizales que brotan de las entrañas de la madre tierra; flamboyanes embellecen el paisaje de sus calles y añejas albarradas delinean los límites de los patios y las casas. Pastizales en las viejas haciendas, corrales, pozos, cuevas y calles empedradas vistieron el entorno de los pobladores del lugar. El paisaje campirano de antaño ahora es parte de las imágenes del pasado de mi Bécal.

 

La tierra donde nací y su Plaza del Progreso

 

Cuentan los abuelos que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el corazón del poblado estaba vestido por un pastizal, sitio preferido para llevar a comer a los caballos y al ganado. Años más tarde, se convirtió en el campo de beisbol de la comunidad, punto de encuentro de la juventud y escenario de citas para los enamorados. La antigua calzada –de concreto- testigo silencioso del paseo dominical de chicos y grandes, lucían vetustos almendros y laureles.

El paisaje estaba custodiado por la majestuosa iglesia y convento de Nuestra Señora de la Natividad, edificado en el siglo XVII, con dos torres laterales, en una de ellas, un reloj. Completa el cuadro arquitectónico, un conjunto de casas de fachada alta, de grandes puertas y ventanales, remata el Palacio Municipal de elegante arcada (construido en 1787), reconstruido e inaugurado por el Gobernador de Campeche, Dr. Alberto Trueba Urbina, en mayo de 1960. Desde esos tiempos sigue siendo vigía de acontecimientos relevantes a través de sus arcos y habitaciones.

Al paso de los años, el crecimiento de la población, el apogeo de la industria sombrerera y la esperanza del progreso para las familias, en miras del desarrollo de la comunidad, los becaleños, al fin, tendrían una plaza pública con calzadas, bancas y una fuente en el centro. A principios del mandato del entonces gobernador del estado, Lic. Carlos Sansores Pérez, éste empeñó su palabra con el pueblo para construir la plaza principal y cumplir a la brevedad con dicho compromiso.

Su diseño original respetó el perímetro cuadrangular, rodeado por casas de tipo colonial; se hicieron andadores y bancas fabricadas con cemento y respaldo en forma rectangular, luminarias metálicas de color plata, jardines, arriates y una fuente con escalinatas elaboradas con piedra labrada. En el centro, una fuente genuina, símbolo artesanal que sintetiza la creatividad, talento y actividad principal de los pobladores. La Fuente de los sombreros es el emblema de mi terruño.

La "Plaza del Progreso", como se bautizó originalmente –conserva el mismo nombre-, fue inaugurada por el Lic. Carlos Sansores Pérez la noche del 6 de agosto de 1968 -un día antes de su primer informe de actividades-, siendo Presidente de la Junta Municipal de Bécal, don Pascual Hernández Uc.

Hasta la fecha, el simbolismo de la unión de tres sombreros monumentales, representa la laboriosidad de manos artesanas, la blancura transparente en cada aurora. La belleza de los flamboyanes en mayo y la fronda siempre verde de los árboles, continúan siendo el paisaje mágico del pueblo.

Durante la administración municipal de la C. Sonia Cuevas Kantún, se reconstruyó el parque, se cambiaron bancas de concreto por unas de metal con el logotipo del municipio de Calkiní en el centro del respaldo. También se sustituyeron las lámparas originales, los jardines se reforestaron, se protegieron las áreas verdes con herrería ornamental; de ese diseño, lamentablemente desapareció la placa alusiva a la remodelación. Afortunadamente, todavía existe la primera placa de 1968.

En el año 2014, se construyó la avenida Jipi Japa; plantas de ornato visten el angosto camellón y las lámparas, ofrecen una nueva apariencia. Un kiosco, amplias áreas verdes, pequeñas fuentes modernas con elementos de la artesanía local y la colocación de una estructura se indica el paso del meridiano 90, elementos arquitectónicos que resaltan la belleza urbana, creando una vista encantadora.

La singularidad de la Plaza del Progreso en Bécal, con su inigualable Fuente de los sombreros, es síntesis del ayer; casonas coloniales, el mercado viejo (hoy Casa de Cultura) con su incomparable fachada, los arcos del palacio, el atrio de la iglesia, los puestos originales de antojitos regionales, flamboyanes y laureles, siguen siendo bella imagen para una postal; por eso, vale la pena conservar en buen estado todos y cada uno de los espacios  y rincones de la plaza principal que han dado distinción a la Villa de Bécal, manteniendo su originalidad. La modernidad no debe opacar la singularidad que define la historia, refleja la cultura de sus habitantes.

Cada 6 de agosto, la plaza principal celebra su aniversario; este año celebrará medio siglo, resistiendo sequías, lluvias, primaveras, ciclones y uno que otro grafiti. Los jardines, palmas reales y almendros rejuvenecen este espacio comunitario que continúa siendo cómplice de citas clandestinas y encuentros amorosos.

Todos los pueblos son poseedores de un patrimonio cultural; pueden o no tener monumentos o sitios arqueológicos, pero sí tradiciones, artesanías, comidas típicas, creencias y valores. El folclor de cada pueblo nutre la identidad y la pertenencia de sus habitantes.

Un pueblo que cuida celosamente su presente, edifica un pasado esplendoroso, deja a la gente su riqueza; educa a las generaciones de hoy, fomentando el cuidado y conservación de su patrimonio, alimentando al mismo tiempo, respeto, cuidado y amor a la tierra.

La Plaza del Progreso y quien esto escribe, celebramos medio siglo de existencia. Dos historias simultáneas; dos siglos en una vida compartida, contemplando el mismo horizonte. El pueblo de mis padres, la tierra que tantos años recorrí con mis pies descalzos… a ese rincón campechano, un humilde tributo literario.

 
Soy becaleña de corazón, 
es mi pueblo, inspiración.