El corazón de Ah' Canul - 57
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EDITORIAL
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El pasado 9 de agosto se celebró el Día de las Poblaciones Indígenas, y algunos reflexionamos sobre este evento que ya va quedando sólo en papel impreso, sin el impacto real y necesario para quienes en su momento fueron considerados para establecerlo: los indígenas del mundo.

Son tiempos de empoderamiento, de corrientes ideológicas, de convulsión social, de desarrollo, también de marginación; cada ser humano trata de ubicarse según sus posibilidades, forma y crea sus propios pensamientos y actos conforme el contexto que vive; la inercia de estos momentos golpea a las culturas de origen, sus costumbres, sus tradiciones y su lengua.

Debemos actuar en consecuencia, darnos la oportunidad de rehacer y fortalecer nuestras raíces indígenas, vivir un mundo intercultural a través de la herencia cultural que nos fueron legados, porque el desarrollo social y humanitario está en las libertades fundamentales de la diversidad.

La conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas es un recordatorio, pero debe hacerse de manera enérgica y visible ante los ojos del mundo, el indigenismo no es bandera de programas de contenidos superficiales, ni materiales y objetos turísticos a explotar. Nuestros pueblos merecen ser dignificados como sujetos.

El reto y desafío es seguir hacia adelante, hacia un futuro mejor, pero sin dejar en el olvido el pasado histórico de nuestros orígenes.