El corazón de Ah' Canul - 57
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La apertura de pensamiento
Uriel Márquez
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A los seres humanos nos toca nacer en algún lugar y en algún tiempo, en que las condiciones del medio y las circunstancias sociales nos van moldeando el pensamiento y la acción hacia una adaptación que nos permita crecer y desarrollarnos.

Esto, desde luego, es conveniente para nosotros; sin embargo, pienso que como seres conscientes debemos ser reflexivos, analíticos, críticos y abiertos de pensamiento para decidir la aceptación de nuevas ideas o propuestas enfocadas al progreso social; y en su caso, favorecer su realización, y de ninguna manera, sistemáticamente, oponernos porque van en contra de lo que creemos. Recordemos que muchas de nuestras creencias no se han fundado en la comprobación científica.

A fines del siglo XIX, cuando algunos visionarios estaban aún impactados por la invención de la máquina de vapor, que creó una verdadera revolución social e industrial, comenzaron a proponer la creación de “Las máquinas voladoras”. La gente común, por su parte, opinaba que para qué querían máquinas voladoras, si ya disfrutaban de la comodidad del ferrocarril, que los había rescatado de las diligencias tiradas por caballos recorriendo los polvosos caminos.

Por su parte, algunos científicos, físicos y matemáticos de la época, condenaron la idea, demostrando con sus postulados y ecuaciones que nada que pesara más
que el aire podría volar.

Pocos meses después de estos hechos, dos jóvenes norteamericanos (los hermanos Wright) les demostraron a los científicos cuan equivocados estaban.

Las primicias de la aviación estaban demostradas, y no habría poder humano que las frenará.