El Corazón de Ah' Canul - 59
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La sombrerería calkiniense
Andrés J. González Kantún
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Felipe Can Puc, uno de los últimos sombrereros de Calkiní

Foto: Cortesía de Andrés Jesús González Kantún
 

¿Cuánto tiempo abrigó la sombrerería la economía calkiniense? ¿De dónde vino? ¿De Ticul? ¿Quién fue el promotor? ¿Y el nombre del primer aprendiz? Nadie sabe ni recuerda. El archivo de Cronos se perdió en la dejadez de la memoria colectiva del pueblo. Lo que sí se sabe es que el tejido lo trajo a Calkiní el ticuleño Miguel Vadillo en 1908, material usado para la confección de los sombreros.

Durante mucho tiempo, la sombrerería en Calkiní era uno de los oficios ejercidos por muchísima gente para calmar necesidades prioritarias, pero la modernidad la hizo a un lado por otros estilos de sombreros y materiales diferentes. Esos sombreros regionales se elaboraban en una maquinita Singer, empleando para ello tejidos de huano con diferentes números de hebras llamados siete o cinco.

Los había blancos (bataclán) o adornados con hilos de colores verdes o matizados, a éstos se les conocía como sombreros araña.

Los tejidos se adquirían con dinero en efectivo o se cambiaban por mercancía al estilo antiguo en que a través del trueque se comerciaban los productos. Tejidos por huevos o longaniza…Las tiendas eran los medios concurrentes para ese canje, especialmente “La Primavera” de don Antonio González Suárez, aunque había compradores que recorrían los hogares para comprarlos. Ya era una costumbre.

Las cuevas por la frescura ambiental, en tiempo de sequía eran los lugares preferidos para tejer y también para costurar sombrereros, y en el período de lluvias, en el hogar. Y por las noches las familias y vecinas acostumbraban a reunirse en el frente de sus casas para tejer mientras daban rienda suelta a las palabras para dialogar menudencias o contar historias que a los niños les encantaban, más si se referían a relatos aterradores. Ese oficio de tejedor envolvió a toda la sociedad calkiniense.

La sombrerería fue un oficio exclusivo de Calkiní. Actividad que sobrevivió por varias generaciones, y les brindó a muchos jóvenes los medios económicos para forjarse una carrera a su alcance como lo fue el magisterio. Aunque era un oficio mal pagado, las familias se las ingeniaban para darles educación a sus hijos.

Una máquina, moldes de madera, regla, aceite Singer, destornillador, agujas, alcusas para aceitar, cuñas, carretes, rodillos para planchar, el tejido, regla, tijeras, dientes, conos de hilera blanca y de colores, eran los materiales indispensables para la elaboración del sombrero calkiniense.

Se nombran a de algunos sombrereros del ayer: Miguel Cocom Vivas, Felipe Chab Canul, Eduardo Sanguino Padilla, Feliciano Canul (a) Chanubio, Emilio Sanguino Barrera, Carmito Maas, Lisandro Salazar (a) El Charro, Rogelio Collí, Ignacio Aké Caamal (a) Chacón, Carmito Canul,  Aurelio Kantún (a) Lalo, Enrique Uc, Ángel Ucán,  los hermanos Reyes Padilla (Silvestre, Felipe (a) soots, Gilberto (a) Bolitas y Enrique), los hermanos Carrillo Briceño (Antonio (a) Culix y Silvestre (a) Chichi), Crescencio Chan Cutz, Manuel Chan Cutz, Cecilio Can Canul, José María Blanqueto Flores (a) Chemas, Carmito, Pedro Can Puc, Francisco Euán, Miguel Suárez Ávila (a) don Chin, Manuel Balam (a) Lito, Ignacio Aké Caamal, José  Moo Naal, Asunción Naal (a) Son, Armando Brito Coello, Adrián Brito Coello, Ernesto Kantún Uc, Jorge May Kantún, José D. Uc Chi, y un sin fin, perdidos en el espacio de  la intrincada memoria febril.

Se recuerdan con cariño a los comerciantes que se dedicaban a la compra de sombreros para abastecer el mercado mexicano: don Luis Arcila Rojas, don Indalecio Avilés, Crescencio Chan Cutz, don Pastor Avilés don Eduardo Cuevas, Román Can, Eusebio Carvajal, Baltazar Peralta Cutz, Audomaro Reyes Ancona, Enrique Huchín, Rosalino Ordóñez, Bartolo Caamal, Fernando Tun Can (a) Nando, el patrocinador del equipo de béisbol “Los sombreros regionales”, de inmemoriales recuerdos locales, que fue venero de peloteros consagrados.

Algunos de estos hombres industriosos contaban con hornos para blanquear los sombreros con azufre.

“¿Recuerdas, Andrés? Tú fuiste sombrerero por causa de tu situación económica. Necesitabas alcanzar tus sueños para salir del claustro del desaliento por las desfavorables situaciones económicas en que vivías. Quisiste continuar tus estudios secundarios y necesitabas un trabajo para lograrlo. En un principio, fuiste tejedor con una libreta de apuntes sobre una pierna para no fallar a tus deberes estudiantiles en la escuela Superior de Calkiní. Y después en manos de tu hermano Jorge, aprendiste el oficio. Viene a tu memoria tus primeras puntadas en esa maquinita alquilada para comenzar la copa, luego el moldeo y el adorno con hilera verde, seguidamente voltearlo y empezar con el ala y correr la costura para adornarlo… y finalmente, el ribete para concluir tu trabajo artesanal consistente en sombreros de arañas de 96 o 48 vueltas. Era tu especialidad.

Sábado y domingo, tus días para pedalear; era un meneo incansable de tus piececitos de niño en las primicias del trabajo. En un principio, lograste, a duras penas, fabricar media docena de sombreros, luego, una, y finalmente, docena y media. Quisiste probar tus habilidades en una máquina eléctrica en el taller de don Baltazar Peralta Cutz y no pudiste, te ganó la velocidad y volviste al zarandeo de tu antigua compañera para seguir luchando por un mundo mejor que ofrece el estudio. Te independizaste y continuaste en la humedad de una cueva vieja bajo la tutela de muchos veteranos que terminaron por enseñarte, sin egoísmos ni regaños, uno de ellos, el Sr. Leonido Aké Haas (a) don Neno, tío político del poeta Ramón I. Suárez Caamal.

La sombrerería cumplió su cometido en ti y lograste ser docente en tierras galanas, las de las cajetas sabrosas en Celaya Gto.”

La sombrerería en Calkiní fue una actividad industriosa que le dio modos de vida a una sociedad carente de trabajo. Hoy sólo quedan los recuerdos de esa labor en manos de unos cuántos nostálgicos sombrereros que no quieren ver desaparecer ese quehacer que les dio sustento. Se mencionan algunos: Felipe Can Puc, Trinidad Tun Cutz (a) Trino, Orlando Puc Tun (Jaco) y Nicolás Che. Hoy los compradores son de la Villa de Bécal.

Calkiní fue tierra de sombrereros costurados y moldeados en horno por gente de corazón trabajadora.