Calkiní, 24 de enero de 2006
 
El profeta Enoc
 
 

Una mañana saliendo de la escuela primaria “Mateo Reyes”, nos dijeron que el profeta Enoc, estaba platicando en la esquina de la “Japonesa”. Para conocerlo y oírlo, un grupo de alumnos corrimos hacia dicho lugar habiéndolo encontrado cerca de la tienda de don Tranquilino Briceño. Era una persona de regular estatura, piel morena, de pelo largo como polca. Vestía una túnica color café claro que le llegaba un poco más debajo de la rodilla, portaba unos guaraches y llevaba como bastón una vara de carrizo de tamaño regular.

"El cielo y la tierra", de Bartolomé Chan May
 

Ya en la esquina comenzó a predicar diciendo que era un enviado de Dios para anunciar la terminación del mundo. Que había miseria, hambre, y se presentaría el anticristo ofreciendo pan, pero el que lo aceptara, quedaría marcado con una herradura para ir al infierno; que pronto no habría piedra sobre piedra.

En la esquina de la tienda de don Andrés Mijangos, frente al parque Hidalgo, repitió lo mismo, pero al repetir que pronto no habría piedra sobre piedra, una anciana de la ciudad de Campeche que radicaba en Calkiní desde hacía muchos años, llamada doña Trina Maldonado, gritó: no habrá madre sobre madre..., y continuó su camino.

Nosotros lo seguimos. Al llegar a la esquina de la casa de don Gildardo Rivero, se presentó don Satur Balam a ofrecerle un pan de su panadería, ofrecimiento que no aceptó, agradeciéndole este acto a don Satur. Seguidamente don Erasistrato Avilés le ofreció el carro de don Antonio Flores Torres para que lo llevara a Bécal, habiendo agradecido este gesto, pero tampoco lo aceptó.

Siguió su recorrido y nosotros tras de él hasta Tepakán. Habiendo predicado a la entrada de la plaza, para después dirigirse hacia el camino de la izquierda a la vía del ferrocarril. Pidió entrar a una casa cercana a la vía, solicitándole a sus humildes habitantes que le obsequiaran un poco de agua y un poco de miel, la ama de casa le trajo agua en una jícara y miel en una botella. Enoc movió la miel en el agua y la tomó, sacando un pequeño frasco que traía, lo llenó con miel devolviéndole la botella a la señora. Cuando terminó de tomar el agua y la miel, se paró y nos dijo: les agradeceré que me dejen sólo para seguir mi camino. Tomó el camino de la vía del ferrocarril para seguir hacia Bécal. Posteriormente se supo que era un yucateco.

 
Fuente: Calkiní de mis recuerdos. Ramón Berzunza Herrera. Edición del Instituto de Cultura de Campeche, 2003. 84 p. // Pintura: Bartolomé Chan May