Calkiní, 2013
 
Calkiní y sus haciendas
por José Manuel Alcocer Bernés
 
 

Las haciendas aparecen en Campeche como una unidad económica cuya índole productiva se va cambiando a través del desarrollo de la península. En Calkiní se pueden trazar sus antecedentes a las estancias ganaderas del siglo XVII, situadas a lo largo del Camino Real. Para principios del siglo XVII estas unidades de producción especializadas se transformarían en haciendas. Dos magníficos ejemplos de ellas en el siglo XIX son Tankuché y Santa Cruz.

 

En el año de 1876, Porfirio Díaz resultó triunfador de la revolución de Tuxtepec y de forma inmediata se puso a trabajar en la reorganización del país y así afianzar su poder personal. Uno de los factores al que mayor prioridad se le dio durante el porfiriato fue la economía, y dentro de ella la agricultura fue impulsada por la nueva burguesía, la cual concentró en sus haciendas el dominio de la tierra.

La hacienda era una gran propiedad rústica en la que se realizaban actividades económicas de diversa índole: agrícola, ganaderas, extractiva y manufactureras. Muchas de ellas, desde sus inicios, estuvieron orientadas a satisfacer las demandas de productos agropecuarios de los mercados urbanos, que en muchos casos no podían ser cubiertos por los mercados locales.

Para el manejo de la productividad, las haciendas contaban con un personal que podía ser arrendatario, mediero, peones acasillados y eventuales, éstos eran los encargados de hacer producir la tierra y constituyeron la estructura socioeconómiica de la misma. Todos estos grupos sociales fueron sometidos a un sistema de explotación conocido como sistema de peonaje, y fue el rasgo de todas las haciendas. El término “peón” significaba también “peón endeudado”, en él predominó el elemento de esclavitud a través de una forma denominada “tienda de raya” que se estableció en las haciendas, y que permitió que los peones estuviesen atados a ellas casi de por vida, pues ahí se les vendían productos de primera necesidad a precios muy elevados, causando obviamente el endeudamiento del peón.

El nacimiento de las haciendas lo podemos remontar al siglo XVII, como una unidad productora que se desarrolló a lo largo de todo el país. Cada una de ellas presentó características muy propias según la región en que se fundaron. En el caso del sudeste, Yucatán y Campeche, la hacienda apareció casi hasta el siglo XIX, debido a que aquí sí funcionó la encomienda como fuente de riqueza debido a las condiciones del suelo y la falta de minerales.

Hay que señalar que la hacienda colonial tuvo como objetivo la producción de tierras y servicios para mercados regionales y domésticos; en cambio la hacienda porfirista se orientó a la producción de bienes destinados a mercados internacionales, ubicados en un sistema económico de capitalismo industrial. La hacienda porfiriana fue un poder económico que se independizó rápidamente, pues dentro de sus límites logró concentrar el mayor número de actividades y producir los insumos necesarios para el funcionamiento de su economía. La hacienda fue también un sistema social y político donde el terrateniente afirmó su dominio sobre los campesinos. Este sistema de explotación prevaleció en todo el país y alcanzó su mayor desarrollo en el último tercio del siglo XIX. Obviamente Campeche no fue ajeno a este proceso económico, pues a lo largo del estado se fueron estableciendo haciendas que tenían producción diferentes: henequén, coco, palo de tinte.

Los antecedentes de las haciendas en Campeche se podían encontrar en la encomienda. Esta era una concesión que se le daba a los soldados españoles como premio a sus hazañas durante la conquista, y consistió en la entrega de tierras e indios. El encomendero debería de proteger al indígena y éste debía entregar un tributo a su dueño en trabajo (labranza, obras públicas) o especie (maíz, frijol, mantas).

Un ejemplo de estas donaciones es el siguiente, lo podemos encontrar en un documento que señalaba:

...se deposita y encomienda en vos, Francisco de Quiroz vecino de la villa de San Francisco de esta provincia de Yucatán, los pueblos llamados Teculete y Nunkiní (...) con cargo que tengan de enseñar e industriar a los naturales de dichos pueblos en los de nuestra santa fé católica, para la cual se os encarga.

En el caso campechano, la encomienda prácticamente no funcionó; su condición de puerto de cabotaje, el único habilitado en la península, era la entrada y salida de toda la riqueza económica de la región. Esto hizo que sus habitantes se interesaran más por la actividad comercial que redituaba más ganancias que la encomienda y ésta se nota claramente en un censo del siglo XVI, en el cual de ochenta y dos encomiendas registradas en 1549, para 1602 solamente existían diecisiete, no así en el aspecto comercial que año con año aumentaba.

Si la encomienda no funcionó en Campeche, fue todo lo contrario con respecto a la estancia ganadera y que sí tuvo éxito debido a su bajo costo. Para el siglo XVI se empezaron a conformar en Campeche las primeras estancias ganaderas de sitios como Baholá, Chiná, Hampolol, Lerma, Tixmucuy y Pucyaxum. Años más tarde en el siglo XVII aparecieron en Castamay, Nilchí, Chuic y Nohacal y a lo largo del Camino Real.

La función de estos sitios fue la de abastecer de carne y productos ganaderos a las ciudades, pero más adelante iniciaron la producción de granos, por lo que las estancias empezaron a principios del siglo XVIII transformándose en haciendas y convirtiéndose en los centros de producción más importantes de la península.

¿Cuáles fueron las circunstancias que permitieron la aparición en estas tierras de la hacienda? Fueron varias: el crecimiento de la población indígena a partir de 1750, los mercados urbanos crecieron, la demanda de grandes exigencias, fiscales en el ramo civil y militar entre otros.

A partir de entonces se instituyó en Campeche una forma económica nueva y que se desarrolló principalmente en el norte y centro de Campeche. Pero también en el camino entre Campeche y Mérida, que era una vía comercial y de comunicación de importancia durante la colonia y el siglo XIX.

El desarrollo de las haciendas fue rápido en 1975 sólo existían diez; en 1848, ciento veintitrés y para 1861, los siete municipios que comprendían al actual estado, las haciendas habían aumentado en un ochenta por ciento.

Muchas de estas haciendas estaban dedicadas a cultivos específicos aunque su producción básica era de maíz, frijol, además se cultivaba arroz, caña de azúcar y henequén, otras se dedicaban al corte de palo de tinte. En la zona del Camino Real la producción de sus haciendas era de caña de azúcar, ganadera y hortalizas. A partir de entonces se consolidó la hacienda que estaba en manos de clases dominantes y basada principalmente en la explotación. Cabe señalar que esta nueva estructura agraria se mantuvo en pie como la principal fuente de ingresos de la clase dominante hasta principios del presente siglo.

Uno de los sitios en donde se instalaron primero las estancias ganaderas y después las haciendas fue el territorio del municipio de Calkiní.

Antecedentes de las haciendas en Calkiní.

A poco tiempo de finalizar la conquista de la provincia Ah Canul en 1541, empezaron a arribar frailes franciscanos para hacerse cargo de la evangelización del lugar. Fray Luis de Villalpando y Juan de Herrera fueron los evangelizadores que estuvieron en estas tierras con un objetivo preciso: evangelizar y proteger a los mayas de los abusos de los europeos.

Para afianzar aún más la evangelización, los franciscanos, bajo la dirección del arquitecto Fray Martín Vera, iniciaron en el año de 1548 la construcción de un convento e iglesia dedicada a San Luis Obispo, encima de un mul prehispánico. El nuevo edificio contenía los elementos de las construcciones monásticas del siglo XVI: Iglesia de una sola nave, techo de cañón corrido, contrafuerte en los muros, ventana coral y espadaña (la fachada actual es una modificación hecha en el siglo XVIII), todo el edificio está almenado como corresponde a estas construcciones conventos – fortalezas que presentan el carácter de monumentalidad, la reciedumbre y con un cierto sentido atemporal. Puede decirse que estos conventos-fortalezas responden a un programa cuidadosamente estructurado, en el que a pesar de las variantes en cuanto a detalle, existió una clara instrucción de apegarse a un paradigma de carácter ideal. Este programa es esencialmente simbólico-litúrgico y en él se cristaliza el ideal del humanismo cristiano y, a la vez, se conjugan los ideales providencialistas, mesiánicos y políticos sociales de la corona española como paladín de la iglesia. Junto a él, el convento de dos plantas, éste debía de ser bastante grande (durante la desamortización de los bienes eclesiásticos, 1861) perdió parte de él, pues en 1588 fue visitado por Fray Alonso Ponce, quien escribió al rey el 29 de agosto:

...llegó al pueblo y convento de Calkiní cuya vocación es San Luis. Pueblo grande, el segundo en grandeza de los de aquella provincia, porque debajo de la campana están juntos siete u ocho pueblos (...) el convento está acabado con su   claustro alto y bajo, dormitorios y celdas. El primer suelo en su bóveda, pero las celdas están enmaderadas (techos con rollizos) por lo alto, con sus azoteas y todo es pequeño aunque de cal y canto, tiene una buena huerta con anoria (sic) y todo está situado sobre un ku o mul de los antiguos. Moraban en aquel convento tres frailes...

En la zona de Calkiní, rica en producción de maíz, situada en el camino que iba a la Ciudad de Mérida, pronto fueron apareciendo las haciendas. Destacándose en particular Santa Cruz y Tankuché, situadas en la zona de Nunkiní.

Las principales haciendas que se encontraban en Calkiní durante 1868 eran:

Hacienda

Propietario

Progreso

Santiago García

Santa Rita

Pedro Berzunza

San Juan Bautista

Pedro Berzunza

Tzucxul

Pedro Berzunza

San Joaquín

Pedro Berzunza

Concepción

Jacinto Campos

Telchac

José de los A. Rodríguez

San José

José Susano González

San Vicente

José Nicolás García

Tzucaby

José Nicolás García

Chunhuás

Santiago Sierra

En la zona de Dzitbalché:

Hacienda

Propietario

San Antonio

Manuel Escalante

San Diego Amak

Wenceslao Machado

Kilacam

Manuel Escalante

Uallamá

Manuel Escalante

San Manuel

Apolonio Medina

San Francisco

Valentín Pech

San José

José Patrón

Kakalmozon

Diego M. Rodríguez

San Antonio

Olegario Madariaga

Chunzalan

José Rodríguez

San Miguel

Candelario Cuevas

San Roque

Leandro Ancona

Telchac

Manuel Escalante

En la zona de Nunkiní:

Hacienda

Propietario

San Roque

José Prudencio Herrera

San Eusebio

Eusebio Mas

Tankunché

José María Peón

Santa Cruz

José María Peón

De todas ellas las que han logrado sobrevivir a los embates del tiempo y la destrucción de los hombres son Tankuché y Santa Cruz.

La hacienda de Tankuché, localizada aproximadamente a veintitrés kilómetros al noroeste de Nunkiní fue un magnífico ejemplo de la arquitectura de estilo francés. Se estableció alrededor de 1830 en terrenos cercanos a Nunkiní, y su actividad principal era la extracción de palo de tinte. En 1841-42 es visita por John L. Stephens quien la describió de la siguiente manera en su obra Viajes a Yucatán:

… y continuamos a galope dos leguas más hasta la hacienda Tankuiché. Esta finca era la favorita de D. Simón Peón, como que la había creado desde sus fundamentos y hecho todo el camino que va hasta el pueblo. Era un hermoso tintal, y se habían levantado máquinas allí para extraer la tinta del palo. De mañana era una de las haciendas en que reinaba más actividad. Dirigiéndome al anduve de la misma vi a un indezuelo, dormitando   y sobre un viejo caballo, que dando vuelta a la noria, extraía de ella torrentes de agua fresca…

La vida de los indios en Tankuché no era agradable, estaban sujetos a humillaciones. Stephens relata lo siguiente:

…he aquí que llegó un mozo indio que había sido atrapado (…) este era un hombre inteligente, de edad provecta y de muy respetable apariencia; pero D. Simón me dijo que era el peor individuo que había en su hacienda (…) tenía la costumbre de fugarse y de ser traído después con los brazos atados por la espalda…

Años después, la producción de tintales decayó debido a la introducción de nuevos colorantes, desplazando a los extraídos de los tintales, por lo tanto, hubo un giro hacia la producción de henequén que era lo que generaba más ganancias, además de ser un producto muy solicitado. Las ganancias permitieron que Tankuché fuese una de las más importantes haciendas henequeneras y se le hiciesen modificaciones a su estructura original. La hacienda simula una fortificación medieval, un patio central, la casa principal y el cuarto de máquinas.

La fachada de la casa principal está compuesta de un nivel rematado por balaustradas. En la parte central se aprecia la arquería de medio punto, soportada por columnas pareadas de capital toscano, en cuyos enjutas se notan relieves circulares y se encontraban flanqueadas por dos torres laterales de un cuerpo. Debajo se aprecia el sótano con acceso de portal y columnas toscanas. Es de notarse un par de escaleras laterales de dos rampas que conducen al primer nivel desde el sótano las torres laterales se encuentran ornamentadas con relieves circulares tableados. En la parte posterior izquierda hay unas torres, cuyo remate sirvió de mirador. En la fachada que mira hacia el sur se puede apreciar una esquina de medio punto, confinándole a la casa una muy particular elegancia.

Rumbo a Tankuché, a diez kilómetros de Nunkiní se encuentra otra hacienda que fue fundada en el año de 1866, la hacienda de Santa Cruz. Esta fue una hacienda dedicada a la producción de maíz y henequén. La hacienda presenta un amplísimo patio central y frente a él se encuentra el casco con sus portales, el cuarto de máquinas y la capilla, cuya fachada presenta el símbolo de pobreza y humildad franciscana: la espadaña.

La fachada del casco de la hacienda presenta un portal con arcos de medio punto a modo de arquivoltas, soportadas por columnas de capital toscano. El paramento de la fachada presenta una serie de pilastras estriadas. El cuarto de máquinas también forma parte de la plaza, su acceso principal está flanqueado por dos pilastras en cuya parte superior se ven cornisas rectas con dentículos, señalada por una estructura piramidal. Este se encuentra situado al este del patio central, el friso del edificio está adornado con relieves rectangulares, además de un portal que contiene arquivoltas. Parte del conjunto arquitectónico es la capilla de la hacienda dedicada al Santo Cristo del Amor.

Estas haciendas, las únicas cuyos edificios aún sobrevivieron, nos muestran su importancia económica en un período histórico en que la hacienda era el factor de importancia; en ella giraba la vida de sus miembros, y muchas veces de los pueblos cercanos, hoy mudos testigos de esa grandeza; vale la pena acercarnos a ellas, rescatarlas y mostrar lo que fueron. No hay que permitir su olvido pues son nuestra memoria colectiva, nuestra raíz e identidad.

Obras consultadas

Anónimo
1985   Campeche frente a las murallas, un tesoro marino. SEP, monografía estatal.

Aznar Barbachano, Tomás.
1859   Las mejoras materiales. Diccionario de Comercio, Tomo I. Campeche, octubre.

Gio Argáez, Raúl
8.         Campeche y sus recursos naturales. SECUD, Gobierno del Estado de Campeche, Campeche.

Iglesias, Esther
1.         Las haciendas de la Península de Yucatán a mediados del siglo XIX. Cuadernos de Investigación del Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México.

León Méndez, Miriam
1994   Las haciendas en Campeche: un análisis socio económico (1877-1920). Tesis de Licenciatura, Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Campeche.

Patch, Robert
1976   La formación de estancias y haciendas en Yucatán durante la Colonia. En Revista de la Universidad de Yucatán No. 106, pp. 95-132.

Stephens, John L.
9.         Viaje a Yucatán, 1841-1842. México.

Villanueva Mukul, Eric
1          Así tomamos las tierras (Henequén y haciendas en Yucatán durante el porfiriato). Maldonado Editores, Mérida.

 
 
Fuente: Calkiní: una historia compartida. Lorraine A. Williams, editora. H. Ayuntamiento de Calkiní. Ediciones Nave de Papel, 1999. 140 pp. / Imagen: Portada del mismo libro