Calkiní, 9 de febrero de 2006
Remembranzas. De paso por la "Mateo Reyes"
 
 

Durante mi niñez, uno de mis juegos favoritos era la “escuelita”, soñaba ser maestra.

En septiembre de 1982, ingresé a la Escuela Normal de Profesores de Calkiní, a partir de ese momento empecé a construir mi profesión, a fortalecer mi vocación y a reafirmar mi compromiso de servir a los demás.

Parte de la vida escolar de la Normal se enriquecía con el trabajo directo con niñas y niños de las escuelas primarias de la ciudad, para mí fue una gran oportunidad haber realizado mis prácticas docentes y mi servicio social en la escuela “Mateo Reyes”.

Pasillo. 2003.
 

Recuerdo las mañanas frescas a las que asistía a la escuela primaria, debidamente uniformada y con los materiales didácticos a utilizar en el día. Gracias a mis profesores de “Didáctica especial” realicé mis prácticas docentes en los grupos del Profr. Helman Avilés Cuevas y de la Profra. Ma. Lucrecia Flores Pacho; de ellos aprendí muchas cosas: su responsabilidad, entrega, capacidad, disciplina, creatividad y su compromiso.

En 1984 y 1985, estuve con el grupo que atendía el maestro Helman, él trabajaba quinto grado y pasaba con el mismo grupo a sexto; el salón estaba casi al final del patio de la escuela, teníamos que atravesar todos los pasillos; esos años fueron inolvidables, en ese grupo conocí a los alumnos que se convirtieron en mis amigos hasta el día de hoy: Pastor Rodríguez, Brenda Palomo, David Pool, Delsy Rodríguez, Jorge Anchevida, Alejandra Berzunza, Noemí Avilés y otros que aunque les perdí la pista, fueron importantes en mi vida estudiantil.

En 1986, el reto era mayor, estuve en el primer grado de la Profra. Malú, con 28 chiquitines. El salón era el primero del pasillo que daba a la puerta principal del edificio antiguo de la escuela, ese año fue especial; la confianza que depositó la maestra en mí, me exigía clases dinámicas, divertidas y creativas porque los alumnos tenían que aprender a escribir, leer, sumar y restar; al final de mi servicio social, sentí una tristeza al abandonar a mis pequeños. Hoy los veo, algunos son profesionistas.

La escuela “Mateo Reyes” ha dado la oportunidad a muchas generaciones de jóvenes normalistas para que en sus aulas se construyan las primeras experiencias en la docencia. En sus aulas se guardan los errores, emociones, triunfos y fracasos de alumnos y practicantes; ha albergado a cientos de estudiantes normalistas, sus aulas han sido testigo de la creatividad y la improvisación, del castigo y la disciplina, del orden y la alegría, de los éxitos y fracasos de alumnos, profesores y practicantes. En cada salón, las paredes han guardado el eco de los gritos, regaños y sonrisas de muchos pequeños que ansían la llegada del estudiante normalista, mejor conocido como el “practicante”.

Ahora que se celebran los 150 años de la fundación de la escuela “Mateo Reyes” , he de reconocer que su existencia ha sido la fuente del conocimiento y la experiencia de muchas generaciones; en todos esos años ha sido un verdadero espacio de aprendizaje de los hombres y mujeres de Calkiní.

Mi paso por la escuela “Mateo Reyes” como estudiante normalista fue efímero, su existencia fue un baluarte en mi carrera; siempre la recordaré, porque en ella descubrí el compromiso de ser maestra, y aprendí, la grandeza de mi profesión.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán, en febrero de 2004. / Foto: Santiago Canto Sosa.