Calkiní, 16 de marzo de 2018
 
Andrés González: Conentarios de "En una bicicleta" del poeta Ramón Iván
Presentan dos libros de Ramón Iván Suárez (12/03/2018)

La memoria viaja a través del tiempo y recoge a carretadas o en cucharadas todas aquellas vivencias inolvidables escondidas en los cajones de los recuerdos que sacuden el ánimo y se reviven y se traducen en joyas literarias cinceladas con el sudor de la sensibilidad del que escribe. Experiencias surgidas de esa veta asentada en los espacios inimaginables de la mente sobre asuntos que a veces parecen insignificantes. La niñez personal es la vena cautiva que tiene la singularidad de no olvidar nunca todo aquello significativo que se vive y se convierten luego en alegrías o pesares como en aquellos juegos en donde se corren riesgos para mantener el equilibrio y alardear suertes que contravienen la seguridad del piloto.

Portada del libro "En una bicicleta"
 
 

El tiempo guarda todo y ya cansado el peso de los ayeres se vacía en el bolso de las mentes creativas de ese arte de la emotividad, el detalle y la acuarela descriptiva de los detalles. Una mesa, un pájaro entristecido una caja de cartón o un objeto cualquiera que no tiene alma se le da vida, tomando en cuenta sus partes que saltan en los pinceles del escritor virtuoso que ve lo que muchos no aciertan a distinguir porque el poeta ve lo invisible, haciendo acopio de la agudeza de sus mil ojos del alma y la imaginación.

Hoy 12 de marzo de 2018, se encuentra presente entre nosotros un amigo, un hermano de los viejos tiempos del que escribe y que por diversas causas de la vida se separaron cuando apenas batían sus alas en los primeros saberes en la escuela primaria Mateo Reyes. Un compañero que traslada su talento en todo aquello que se propone incursionar de lo que más le gusta, el campo de la poesía, sin dejar de practicar la prosa. En los intervalos de su mente creativa, se dedica a otras actividades, la pintura o las ideas metafísicas que le decoran la vida y que le conservan el talante de hombre atento y perspicaz. Así es él, revolucionario del arte en la búsqueda de innovaciones, incansable y detallista, y lector compulsivo que le sirve para enriquecer su arte con ese exquisitito sabor de lo nuevo aderezado en la forma y conceptos en todo lo que escribe que para captar su belleza hay que viajar en los lomos del saber y del ensueño.

Me refiero al paisano calkiniense, al hombre que lleva con orgullo el nombre de su tierra original a los lugares a dónde va. De su obra, faltaría espacio para enumerar el bagaje literario con que cuenta. Ese amigo de quien hablo se Ramón Iván Suárez Caamal. Un poeta laureado en México y España y que, en su tierra, en 1992, durante la feria artesanal, se le instituyó su nombre en un concurso nacional de poesía. Este de quien me ufano en describirlo presenta el día de hoy su libro nominado: “En una bicicleta”.

En sus pinitos como poeta, no se me olvida, aquel poema intitulado: Noche de luna en el Mayab con el que obtuvo su primer premio; si no me falla la memoria, me lo mandó a la escuela de mis amores Roque Gto. Un reconocimiento que disfruté como si hubiera sido mío.

Media noche,
tras el biombo de las ramas
una luna pudorosa
se quitaba su huipil de
casquivanas mariposas
y cien ojos disfrutaban la
desnuda porcelana.
Es la luna,
la desnuda
virgen maya
con sus senos de lechuzas de
plumones voluptuosos
que vibraban con el aire,
caminando por las nubes,
por la arena de las hojas.
Y sus huellas en la sombra se bebían aquel vino
de la copa de las ceibas.

Del ayer al hoy, ha caminado tendido en un exuberante  trabajo pleno de experiencias nuevas, vigorosas y de aprendizajes nuevos, una vía en que se le reconoce ese estilo fluido y tierno, de metáforas y comparaciones que se engarzan y se saborean fácilmente en la mente de los lectores de diferentes niveles, en especial los niños, sus hijos adoptivos, que le conservan esa faceta por haber sido maestro; maestro que sigue siéndolo pues ha creado en su tierra adoptiva, Bacalar, Q.Roo talleres de poesía, igual que en su tierra, y además fue también fundador de la revista Génali.

El libro que hoy se presenta tienen esas características formales de sencillez y un poco conceptual en las ideas, pero no difíciles de captar. La temática gira en derredor de ese vehículo que todos manejamos desde la niñez, el cómo conseguimos dominarla, los porrazos y los moretones, las suertes en su manejo sin el uso del manubrio, las subidas de las cuestas y las bajadas para sentir el vértigo de la velocidad, las competencias grupales, aquel panadero equilibrista con un globo sobre la cabeza, los perros en el camino y las consecuencias que conlleva, el padre suyo que a una edad de siete decenas  aún se atrevía a utilizarla, la bicicleta como antecedentes  del avión, los pintores futuristas en estos menesteres; la entrega de cartas por los empleados postales que en estos versos dice: hoy que sentí nostalgia por guardar mis versos/ en un sobre para que llegara a tus manos, me acordé de Pochón (Gaspar Millán Sánchez); y un canto a la velocidad: Que placidez la brisa,/ el alma, ¡qué contenta/ cuando el aire/sobre una bicicleta! o aquel poema rítmico Un elefán en biciclé en un juego leve de palabras francesas: El elefán/ con su trompé/toma café,/moja su pan./Trompa trompeta/va en bicicleta,/ su mole asoma,/ el café aroma o aquel poema titulado: La luna, nosotros que nos remite en un soneto a esa película de E.T. en que el personaje principal por desperfecto de su nave queda varada en la tierra:

Vamos a contraluz de la redonda
luna, papel cortado su silueta.
Viajamos por el cielo en bicicleta
En una escena que la luz ahonda.

Tableros de tejados fronda…
Viajar así, qué dicha más completa;
Nos acompaña al vuelo un cometa,
Parece que jugamos a la ronda.

El que nos ve, descubre una bandada
De patos cuando emigran en invierno
y no a un grupo de amigos al que un hada

en el preámbulo de la alborada
regaló polvo mágico. Es eterno
ese instante que apresa la mirada.

Un poema delicado y tierno de infantes terrenales en bicicletas aladas impulsadas por la magia sideral de un niño extraterrestre. Una bandada de niños recortadas sus siluetas en un juego de luces lunares y que los mirones se imaginan patos en busca del calor en tierras propicias cuan su objetivo es el rescate del niño interestelar.

En fin, un libro que se presenta y consta de 44 poemas dedicado para niños y adolescentes, con figuras literarias artesanales y formas innovadoras como los caligramas, y conceptos para enriquecer el acervo cultural y de personajes y circunstancias que hablan de las partes de una bicicleta, mezcladas con la sensibilidad imaginativa del autor, destacándose la madurez de un poeta en la cumbre de sus capacidades líricas. Poemas con versos libres y tradicionales que muestran ese jugueteo de la forma y el ritmo; un poeta de un venero que no tiene límites y que es de Calkiní.

Felicidades, Moncho.

 
 
 
Texto: Leído por Andrés González Kantún, 12 de marzo de 2018 / Fotos: Santiago Canto Sosa