Calkiní, 19 de noviembre de 2006
 
Se ha Realizado al fin el Sueño Dorado de los Alquimistas?
Por Julio Macossay Negrín
 

EL ORO, ese precioso metal que tan terribles y tremendas ambiciones ha producido en los seres humanos desde que se conoce, que ha originado tantas tragedias y guerras en el mundo y del que se dice, quizás con sobrada razón, que envilece las almas humanas, también, aunque como obra de la casualidad produjo algo bueno: dió origen a la Alquimia.

Los alquimistas, fueron los precursores de la Química, aún sin quererlo ni saberlo, sino solamente con la ambición y el interés de encontrar la famosa "PIEDRA FILOSOFAL" que habría de transformar el plomo en oro: merced a los múltiples y variados experimentos que efectuaron incansablemente a través de varias generaciones, fueron descubriendo muchos cuerpos y fenómenos que vinieron a enriquecer los escasos conocimientos en la materia, en aquellas épocas; por lo tanto, como he dicho antes, fueron quienes pusieron las bases de la Química.

Julio Macossay Negrín publicó, a mediados del siglo XX, varios textos en las revistas EL REPRODUCTOR CAMPECHANO y LA HUELLA (principalmente), editadas en la ciudad de las murallas
 

Si bien es cierto, los alquimistas no lograron encontrar la codiciada "Piedra Filosofal". Al correr de los años, cuando posiblemente ya nadie creía verificable el hecho de que pudiera encontrarse alguna forma de transmutar el plomo en oro, surgió en 1815 la hipótesis del químico inglés W. Prout, quien pensó que todos los elementos (y en consecuencia todos los cuerpos) eran una reunión de átomos de hidrógeno, siendo así el hidrógeno la materia primera, la materia fundamental. Mas esta maravillosa idea que causó extraordinaria sensación, fué rechazada por los químicos y físicos de la época por falta de pruebas.

La hipótesis de Prout nunca se olvidó, y posteriormente el químico inglés J. J. Thomson (contemporáneo nuestro) dijo que todos los átomos se componen solamente de un número enorme de cuerpecillos pequeñísimos, llamados corpúsculos o electrones, que son cargas eléctricas negativas. Más tarde se vió la necesidad de admitir otro componente fundamental de carácter positivo, el protón, y así, tras notables y contínuas modificaciones a estas hipótesis, se admite, hoy por hoy (aunque con no pocas dificultades), que el átomo está constituído por un núcleo central y su envoltura. El núcleo se compone de sólo protones o de protones y electrones en los elementos más pesados, y la envoltura, de sólo electrones que gravitan velozmente al rededor del núcleo central, como en un sistema planetario diminuto. Los electrones de la envoltura son los que directamente comunican a los átomos sus propiedades químicas peculiares; del núcleo dependen las propiedades radioactivas de los elementos; y las propiedades físicas y la masa dependen del núcleo y de la envoltura.

Se ha comprobado que los cuerpos radioactivos emiten durante su desintegración rayos "alfa", rayos "beta" y rayos "gamma". Los rayos "alfa" se consideran constituídos de partículas positivas de peso atómico 4 que se suponen ser núcleos del gas helio; los rayos "beta" son partículas eléctricas negativas (electrones) como los rayos catódicos de los tubos de Crookes y de los tubos de rayos X; los rayos "gamma" son ondas electromagnéticas, exactamente lo mismo que los rayos X, pero de longitud de onda mucho menor.

La diversidad esencial que defendió siempre la Química en los elementos, desaparece de la escena, desde el punto que todos los átomos quedan integrados, en último término, por electrones (periféricos y nucleares idénticos; por protones también idénticos. La diferencia esencial está, pues, en el número, y éste no cambia la especie.

De manera que hoy la hipótesis de Prout ha renacido, aunque en forma más atrevida y brillante, apoyada primero en fenómenos antes inexplicables y robustecida después con nuevas experiencias, muy heterogéneas por cierto, que fundan cálculos matemáticos conducentes a valores muy concordantes, resultando así, que el átomo de hidrógeno, bajo la forma de protón, con una unidad de carga positiva, tiene hoy de nuevo el carácter de materia primera de todos los átomos. Aunque algo de esto está aún muy discutido, se dice que si las masas o pesos atómicos no son múltiplos exactos de hidrógeno, es porque, según los relativistas, al formarse los átomos por condensación de hidrógenos, hay disminución de la masa, con producción simultánea de gran energía radiante (calor); este calor es tan extraordinario, que frisa en lo incalculable y da una solución obvia del calor solar.

En la moderna teoría es un hecho ya probado la transmutación de los elementos radioactivos: el radio (peso atómico 226 y número atómico 88) al expulsar un rayo alfa (helio p.a. 4) en su explosión, se transforma en nito o radón (p.a. 222) : este al perder otro alfa (4) se convierte en radio A (p.a 218) : este pierde otro alfa (4) y da radio B (p.a. 214) : éste lanza otro alfa (4) y pasa a radio D (p.a. 210), que perdiendo otro alfa (4) pasa en definitiva a radio G (p.a. 206) que se tiene por plomo.

Pero no siempre la explosión lanza partículas alfa: a veces sólo expulsa beta (electrones), en cuyo caso se ve que el peso o masa no cambiará, pero sí las propiedades. Y así, dada la semejanza en la constitución del átomo, se ve claramente posible el paso de uno a otro, y esto ha dado origen a pensar que se puede obtener teóricamente un ORO quitando al mercurio un alfa más un beta, al plomo dos alfa más un beta, al bismuto dos alfa y al talio un alfa. Pero en la práctica por medio de complicadísimos experimentos, algunos han hecho real la teoría, y otros muchos han fracasado.

De manera que aún no se ha dicho la última palabra acerca de si es o no posible realizar lo que los alquimistas ambicionaban, y aunque en forma muy distinta a como ellos imaginaron parece probable la transmutación de todo átomo en otro; con lo cual se hará la de plomo en oro.

 
 
Fuente: Texto transcrito de la Revista Huella (de la ciudad de Campeche), proporcionado por integrantes de la familia Macossay Vallado, el 17 de noviembre de 2006. / Foto: Enviada por Bernardo Macossay Vallado, el 18 de noviembre de 2006.