Calkiní, 31 de octubre de 2005
 
Celebrando... a nuestros muertos
Por Flor Jerusalén Arcia Heredia
 

El mes de octubre llegó a su fin, y con él concluyen los tradicionales novenarios ofrecidos al Cristo de la Misericordia, en nuestra ciudad. Le decimos adiós a todos los juegos que en alguna fecha ocuparon el parque principal; dejaremos atrás las salidas a la plaza para observar los famosos toritos y demás juegos pirotécnicos.

Se acaba el mes, que muchos calkinienses celebraron asistiendo a los múltiples bailes que se organizaron por motivo de los gremios.

Entrada de un Gremio a la parroquia
 
 

Se acaba octubre, para dar paso a noviembre que es un mes que inicia con mucho significado para la comunidad, donde todos los pobladores de esta bonita ciudad, como en la gran parte del estado de Campeche -y en todo el país- se celebra el Día de Muertos; época donde se elabora el "Hanal-Pixan", que quiere decir: banquete de las ánimas.

Los últimos días de octubre empiezan con la venta en el mercado por la noche, cuando se asiste con mucha puntualidad y entusiasmo para comprar los ricos dulces de la región, como el dulce de pan, el suspiro, el pan de muerto, las calaveritas, muñecos de barro, juguetes para colocar en el tradicional altar de los difuntos infantes que se pone el día 31 de octubre, y los difuntos mayores que se coloca el 1º de noviembre.

Los altares se realizan por la creencia de que las almas de los muertos llegan a comer lo que se les ofrece; ésta debe colocarse desde muy temprano y retirarse a las seis de la tarde.

 
 

Estos días son de gran importancia porque todas las generaciones asisten -sin excepción alguna- a las ventas, donde el mercado se colma de multitud en busca de los ingredientes para la elaboración del cotizado pibilipollo.

El 1º de noviembre, día en que se celebra a todos los santos, se fabrican enormes pasteles, como de treinta centímetros de diámetro, hechos de masa de maíz y manteca, rellenos de pollo, puerco, condimentados con tomate y chile. Esas tortas de maíz, envueltas en hojas de plátano, son cocidas en un gran hoyo bajo de la tierra, teniendo como resultado el pibil-pollo; las familias se reúnen para fabricarlos y posteriormente degustarlos.

El dos de noviembre continúa con la visita a las lápidas de los difuntos familiares, para limpiarlas y, ofrendar flores y veladoras con motivo del Día de Muertos; asimismo, para asistir a la celebración religiosa que se realiza en el cementerio. Una vez concluida la visita, la gente retorna a sus hogares para merendar el recalentado del pibil-pollo.

Y así, estimado lector, damos por concluida la narración de nuestra muy valiosa tradición en honor a nuestros muertos.

 
 
 
 
Fotos: Santiago Canto Sosa
 

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