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Catalina Rivas imparte magistral conferencia

Nota del 16 de septiembre de 2014.
 

Jueves 11 de septiembre.- Esta noche, el templo de San Luis Obispo tuvo como marco la magistral conferencia que dictó Catalina Rivas, de origen boliviano, y que ha recorrido el mundo llevando el mensaje de Cristo y la Virgen María.

Antes de iniciar la conferencia, se realizó solemne eucaristía a cargo de Monseñor Rafael Palma Capetillo, Obispo Auxiliar de Yucatán; sus concelebrantes fueron los presbíteros José Luis Canto Sosa, Leopoldo Flores Pérez y Manuel May Euán.

 
 

En su mensaje, Palma Capetillo dijo: hace poco se publicó en una revista una entrevista al Papa Francisco, llamada "Dios es amor" y le preguntaron que cómo se había inspirado, por lo que él dijo: si ustedes leen cualquier pasaje de la Biblia, siempre nos dice que Dios es amor; toda escritura nos hace meditar y nos enseña cómo Dios ama a su pueblo y nos llama a participar de la  vida eterna, y nos dice que tenemos que compartir el corazón del ser humano. Para Jesús no existe el odio, le llama rencor o resentimiento, ama a tu prójimo y también a tu enemigo ora por aquellos que te persiguen y harás crecer el amor como el Señor nos lo ofrece. La Madre Teresa de Calcuta decía: "si viviéramos juzgando al prójimo, no tendremos tiempo para amarlos...".

Al concluir la celebración, fue colocada una mesa en la parte baja del altar mayor del templo; a los lados las imágenes de la Virgen Reina de la Paz y del Divino Niño; sentados la conferencista Catalina Rivas Granie, el padre Francisco Toro Rivas (su hijo) y el Padre Renzo Sessolo Chie, director espiritual de Catalina, quien expuso los motivos, destacando: la conozco desde hace 17 años y me ha invitado a caminar por el mundo, dando testimonio y mensaje del Señor, quien le ha permitido vivir experiencias místicas, una muy importante: presenciar los signos de la pasión y crucifixión de Jesús, y otros mensajes que llegaron a manos de San Juan Pablo II, quien tenía mucha simpatía con ella. Conozco casi todos sus libros que ha escrito, más de 30, el más conocido "El libro de la misa". Ella no es escritora, no ha estudiado específicamente teología, dogmática, filosofía, ni otra; este libro es el que le ha llegado al corazón de la gente en casi toda América, Norteamérica y otros países. El Señor le dice: tú no escribirías nada si yo no te lo dicto; ella es humilde sierva, y nos viene a transmitir el mensaje del Señor: debes imitar todas las lenguas de los hombres y decirles: quiero que se devuelva la dignidad a los altares, que el altar de las iglesias retomen el respeto, porque es la casa de Dios, retomen los sacramentos, quiero que vuelva a a brillar la luz, la fe y el mensaje, no tengan miedo, confiemos siempre en la Misericordia de Jesús...".

 
 

Catalina Rivas, en su intervención, serena, con un lenguaje sencillo y pausado, narró las experiencias vividas en su "Libro de la misa"; paso a paso, recorrió las diferentes partes de la misa, contando anécdotas y sucesos que la convirtieron en ser portadora por el mundo del mensaje de Jesús y de la Virgen María. "Viví sucesos en mi familia, que me sacudieron el corazón y el alma, que en verdad lo confieso tengo mucha fe en él. Señor, por que a mí me escogiste, le pregunté un día; porque tú eras la más indicada, le contestó el Señor. Les pido hacer oración todos los días, rezar por todos los enfermos, pobres, porque el mundo necesita de la oración. En estas épocas difíciles, el Señor nos puede salvar, él es amor y vida. Divulguen este mensaje porque él nos ama. Les  agradezco a todos los que trabajaron para poder estar hoy aquí, en este hermoso templo; muchas gracias a todos, volveré cuando ustedes mi inviten,  que Dios los bendiga, finalizó.

Una lluvia de aplausos y porras de agradecimiento para Catalina se dejaron escuchar en las añejas paredes del recinto católico, el cual lució abarrotado por completo. Hubo visitantes de Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y de pueblos circunvecinos.

El coro de voces y cuerdas  del "Instituto Stella Maris de las hijas de Juan Pablo II", de la ciudad de Mérida, Yucatán, tuvo a su cargo los cantos de la celebración eucarística.

 
 
 
 
Texto y fotos: Carlos Fernández Canul