En
cierta ocasión, se topó con un conejo que
–ágil- se movió por la primera base
del campo. “Tío Justo” preparó
su rifle, apuntó y... cuando quiso jalar el gatillo,
el animal corrió en dirección de la segunda
base.
El
tirador volvió a la carga. Ya tenía en el
ojo a la presa; ésta, en repetición de la
“jugada” anterior, fue en busca de la antesala.
El
cazador señaló el próximo movimiento:
¡Aquí, en jom, te espero!